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Estamos esperando que lleguen las notificaciones, dice un médico especialista en las afueras del área de Nefrología del Hospital Carlos Andrade Marín. En el ingreso principal, en el pasillo, un camillero comenta que sus tres hijos quedarían desamparados si es despedido. Al avanzar al ala sur de la casa de salud, María y Sofía (nombres protegidos) expresan su preocupación. “Parece que somos los próximos”, cuentan, pero piden con temor que no se les mencione en la noticia.

Ellas temen una sanción administrativa. “Tal vez por la publicación nos despiden”. En el tercer piso otros empleados prefieren ignorar la situación. “Aquí no pasa nada, no se ha escuchado nada”. Liliana (nombre protegido), del laboratorio médico, cuenta que comenzó a trabajar las ocho horas igual que otros empleados. “Se debe cumplir, aún más con la preocupación de que nos echen”. En esta institución el ambiente es tenso.

En una estación de enfermería recuerdan una evaluación. “No recuerdo el mes, ya fue hace algún tiempo”, cuenta la enfermera mientras sale de la estación y empieza a caminar rápidamente. “No quiero tener problemas”, dice y justifica su salida despavorida. En la Dirección Técnica de la casa de salud explican que no saben nada y en la Coordinación de Relaciones Públicas un funcionario que prefirió no dar su nombre explicó que todos son rumores. Afirmó: “Aquí no habrá despidos”.

Los funcionarios prefieren no hablar. En la salida de la calle Ayacucho, un guardia de uniforme color caqui dice que vio en la ‘tele’ lo que sucedió con los trabajadores. Pero “se le pide a Dios que no llegue acá”.

Una situación similar se vive en el norte de Quito, en el dispensario de Cotocollao del IESS. Una mujer que barría, con uniforme, celeste movía la cabeza de izquierda a derecha. “No se sabe nada y no vale dar motivos”. En el segundo piso, un médico especialista procura tapar el nombre cosido sobre el bolsillo de su mandil mientras señala que las evaluaciones que les hicieron no les califica como buenos o malos profesionales, “no es un criterio suficiente”.

Además, enfatiza, “todos tememos que nos notifiquen”. Otro médico añade que perder un empleo afecta a cualquier persona. “Tenemos compañeros que fueron removidos en meses pasados y su situación es triste”. En la Dirección, la secretaria informa que están renovando contratos. En el pasillo, un médico cuenta que no hay despidos pero se trabaja en un ambiente de “incertidumbre”.

12  046  trabajadores

El total del  personal de planta y contrato en  cargo vacante a escala nacional  del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social  es de 12  046  trabajadores.

De esta cantidad, 8 589 empleados y funcionarios pertenecen al Código de Trabajo y
3 457 a la Ley Orgánica de Servicio Público (Losep).

En el HCAM  se  atiende a un promedio de 600 pacientes por día. Durante el año 2010 se atendió a 1 034 pacientes en el Hospital Carlos Andrade Marín.

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