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El vecino Armando ya lo conoce. Una vez cada quincena, el señor XXX entra al local de películas que el vecino administra en la avenida De los Shyris. Otras personas también están en la tienda, una señora con sus niños, una pareja de la mano con trajes de banco, dos amigas con uniforme de colegio. Todos ellos buscan un filme para pasar el rato. El señor XXX busca otra cosa, un estímulo de esos que siempre terminan en vergüenza.

El señor XXX empieza como siempre su rito, hurgando en la sección de estrenos. Esta vez toma ‘Argo’, ‘Lincoln’ y ‘Django’. Pregunta cómo está la calidad. 100 por ciento, como siempre, responde el vecino Armando. El señor XXX asiente. Luego recorre las perchas del fondo y va tomando otros DVD. Se tarda un montón, porque en realidad está esperando que esa señora compre de una vez y se lleve a los niños.

Después de una hora de ‘búsqueda’, ya con unas 10 películas en las manos, las yemas sucias de polvo y el local casi vacío, el señor XXX se acerca al vendedor y, en voz bajita, le pregunta lo que el vecino Armado estaba esperando: “Veci, ¿no tiene de adultos?”.

¡Claro que tiene! El vecino Armando no la exhibe abiertamente en las perchas, pero la pornografía constituye el 20% de su mercadería. Está en la bodeguita, a la mano. El señor XXX da un vistazo a las portadas, elige tres y pide la cuenta. De repente, tiene prisa y no se anima a aprovechar la promoción: si paga 15, lleva dos gratis.

La pornografía tiene mala reputación pero siempre está presente en las tiendas de DVD. En 10 locales visitados por EL COMERCIO, sus administradores o empleados reconocieron que ese género ocupa entre el 18 y el 25% de las ventas. Nada mal para un género que no se exhibe en los estantes.

El perfil del comprador habitual de porno, según el vecino Armando y sus colegas, es este: varón mayor de edad, entra sin compañía a la tienda, no compra solamente filmes de adultos sino que se lleva otros géneros, no mira a los ojos al pagar, se enfada si no le venden con fundas oscuras y prefiere que lo atienda un vendedor hombre.

Cada local tiene su estrategia. El vecino Armando las tiene “escondiditas”. En Cinemax de El Bosque están en un rincón determinado, pero las filas de películas están encabezadas por cajas sin portada. En esta cadena, ante la demanda, incluso se han ofertado colecciones de Playboy, Digital Playground, Pirate y hasta de cintas con temática gay de corte porno, en cajas de hasta 10 discos. En los locales de manga de El Espiral, las cintas hentai (porno japonés en dibujos animados) están en catálogo.

La demanda, no obstante, está estancada. El vecino Armando incluso afirma que desde octubre se ha sentido un leve declive por el aumento de la oferta de porno en la Internet. Según el último reporte de OnLine MBA, el 12% de páginas web del mundo y el 35% de las descargas fueron triple equis.

El triunfo de las tablets con Wi-Fi gratis en todo lado genera que personas con el perfil del señor XXX puedan ver y descargar contenido de adultos cuando lo deseen, sin pasar la vergüenza de que un vendedor sea su intermediario.

La calidad es un factor relativo en este caso. Solo los filmes en blue-ray de los grandes estudios garantizan una imagen nítida. El usuario habitual de este género consume copias en DVD que no siempre son 100 por ciento ni tienen el menú completo. Los sitios web, en cambio, tienen su versión gratis de muestra. Para los usuarios que apenas buscan 10 minutos de soledad, es suficiente la versión pixeleada. ¿Dijimos 10? Según OnLine MBA, el promedio de visita en estos sitios es de 6 minutos.

Otro competidor que empieza a afectar a las tiendas es la televisión por cable. Por ejemplo, en el último tríptico de TV Cable se promociona el ‘Hot Pack Go’, que incluye los canales Venus, Penthouse, Sextrem, Private, Playboy y Playboy HD. De regalo, se oferta el acceso a Hotgo por Internet.

El vecino Armando no puede responder si la Internet o la televisión prepago arrasarán con los DVD de la misma forma en que el VHS prácticamente aniquiló a los cines porno de Quito y los redujo al Hollywood y al América. Difícil saberlo mientras tenga 135 señores XXX como clientes al mes. Otro acaba de entrar. Toma ‘Lincoln’. Empieza a revolotear por las perchas. Está esperando que el vecino Armando quede solo.

Punto de vista

Gladys Llanos de Ordóñez
Directora de la Sociedad Ecuatoriana de Sexología

La pornografía es adictiva

La pornografía está en aumento por la industrialización del sexo. El tema es delicado ya que en el internet no hay control y estamos expuestos a que los niños entren a esas páginas. Me alarma la exposición a la que están sujetos los niños. El cerebro de los jóvenes está siendo invadido con canciones o mensajes subliminales que de alguna manera les incita a ver esto. Los padres deben vigilar a sus hijos cuando miren la televisión o estén en internet, incluso hasta la adultez. La pornografía es adictiva. Cuando la persona ve pornografía, se hace dependiente de las imágenes y las desvirtúa porque se genera una impronta en el cerebro y quiere seguir viendo. Se la puede afrontar con terapias ocupacionales, como por ejemplo logrando que la persona se dedique a la música, arte, pintura, entre otras destrezas. De alguna manera la pornografía sí lleva a las personas a clasificar a los demás, porque los hombres llegan a ver a la mujer como un juguete sexual que existe solamente para su propia satisfacción.

Porno en la red

Según OnLine MBA,  el 25% de búsquedas en motores como Google son sobre temas relacionados con el porno. Por eso los padres deben vigilar a sus hijos.

Según Alexa,  portal que analiza la web, los sitios porno xvideos.com y RedTube están entre los 30 más vistos en el país.

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