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Una receta para combatir el cáncer varía entre los USD 700 y 800. Para acceder a una cirugía cardíaca se requieren cerca de USD 50 000 como base. Y el tratamiento de diálisis peritoneal para problemas renales agudos bordea los USD 1 000 al mes.

Estas son algunas de las cifras que maneja el departamento de Trabajo Social del hospital Francisco de Ycaza, en Guayaquil.

Este pediátrico atiende a 2 757 pacientes dentro del Programa de Protección Social (PPS). Ruth Granja, coordinadora del PPS en el hospital, explica que son pequeños cuyos diagnósticos se encasillan en la lista de 149 enfermedades catastróficas y que, por escasos recursos, no pueden acceder por cuenta propia a los tratamientos, pues son muy costosos.

La Constitución, en su artículo 50, señala que “el Estado garantizará a toda persona que sufra de enfermedades catastróficas o de alta complejidad el derecho a la atención especializada y gratuita en todos los niveles, de manera oportuna y preferente”.

Según datos del Ministerio de Salud, se estima que en el país cerca de 150 000 personas padecen este tipo de enfermedades.

Cáncer, tumores cerebrales, quemaduras graves, insuficiencia renal crónica y cardiopatías agudas son los males más frecuentes, que también aparecen en niños. En cada piso del Francisco de Ycaza se encuentra la historia de un pequeño que lucha junto a su madre para seguir viviendo


Insuficiencia renal
Mateo recibe diálisis con apenas 7 meses de edad

La cama 1 del área de diálisis del hospital acoge desde mayo a Mateo. Apenas tiene 7 meses y a causa de la insuficiencia renal recibe diálisis peritoneal.
La sonda que sale de su pequeño vientre evidencia el riguroso tratamiento que recibe  todas las noches, por 12 horas.  “Tenía cólicos y no comía. Estuvo mal. Los médicos después me dijeron que sus riñones no funcionan”, cuenta Rosario Valencia, su madre.

En la sala se oye el murmullo de otros pequeños pacientes. Yerely, de 7 años; José Francisco, de 8; y Mirella, de 14, pasan por el mismo método. Se estima que 20 de cada 100 000 recién nacidos y 5 de cada 100 000 niños de entre 1 y 15 años padecen insuficiencia renal aguda y crónica.

Tumores, obstrucciones de las válvulas que conducen a los riñones o el consumo de fármacos durante el embarazo son algunas de las causas.  Mónica Saona, encargada del departamento de diálisis, explica que este procedimiento es solo un   paliativo, pues  la meta final para ellos es el trasplante.

Para  el  procedimiento se introduce un catéter en el abdomen. Este se conecta con la cavidad peritoneal, por donde se introduce el líquido de diálisis.
De esta forma, el exceso de líquido y las toxinas pasan de la sangre al fluido de diálisis, que ingresa a los riñones con la ayuda de una máquina especial,  una especie de riñón artificial.

La terapia la repiten a diario 64 niños, en este hospital.  Saona explica que los líquidos pueden   costar hasta  USD  1 000 al mes y la   máquina bordea los      USD 7 000.    Los pacientes del PPS   acceden a un   convenio  entre  la  empresa  que  las provee   y los padres. De esta forma pueden llevarlas a sus  para  facilitar el tratamiento.

Génesis, de 12 años, no solo pasa por diálisis, también asistió a hemodiálisis.  Antes de ser parte del PPS su madre, Zoila Vergara, gastó cerca de USD 3 000 en 20 días. “Es un tratamiento duro, pero  se dializan para poder vivir”.

En la cama de Mateo hay un oso de peluche y una pelotita.  Se los regalaron hace poco.  Cerca, en una  mesita, reposa la máquina de diálisis y sus medicinas.


Cardiopatía
El corazón de  Joselyn tiene un latido diferente

Cuando se pone la mano en el pecho siente un latido distinto. Hasta hace unos días, Joselyn Piedra, de 12 años, sentía que su   corazón iba muy lento. Sentía mareos, se desmayaba, se cansaba   y casi no comía.

Todo  cambió tras una cirugía, en la que le  colocaron   un   marcapasos.  La anomalía que sufrió por años desapareció casi de inmediato. “No    podía correr  ni agitarse, no podía tener una vida como los demás niños”, cuenta Célida Mora, su mamá.

Ellas viven en  Cuenca, pero se trasladaron a Guayaquil por la operación de Joselyn. Según los diagnósticos, la niña padecía una bradicardia aguda, es decir, una baja frecuencia cardíaca. Cuando esto sucede es posible que el cuerpo y el cerebro no reciban el oxígeno. De ahí los síntomas.  

El marcapasos normaliza los   latidos. El aparato genera  los  estímulos eléctricos para      contraer  el músculo cardíaco.    
Esta patología es frecuente en niños, pero también hay otros males como    la   comunicación  interventricular  (CIV), un defecto congénito. Cerca de     tres de cada 1 000 nacidos sufren esta patología caracterizada por una abertura  en el tabique que separa los dos ventrículos del corazón.

También está la comunicación  interauricular (CIA), más conocida como soplo. Esta se caracteriza por la presencia de un orificio en el tabique que   genera un agrandamiento de la aurícula derecha.

A estas enfermedades se suman otras como  la obstrucción aórtica y anomalías vasculares. El cardiólogo Carlos Veloz  explica que a diario atiende a unos 20 niños con problemas del corazón en su consultorio en el Francisco de Ycaza. Estima que al año,  alrededor de 600 pequeños  nacen con fallas cardíacas. Muchos de ellos mueren por falta de una cirugía a tiempo, pues una operación cardíaca varía entre USD 50 000 y 100 000.

Joselyn fue parte de los niños   operados,  a través del PPS. La niña    siente que desde ahora su vida será distinta. En estos días  disfruta de sus vacaciones en Cuenca pero ansía volver a clases. “Quiero ser doctora o veterinaria”, dice.


Cáncer
Zulery vive entre juegos y un fuerte tratamiento

La almohada se convirtió en su pupitre. Sobre ella, la pequeña Zulery colocó una hoja en blanco para delinear números.  Tiene cinco  años  pero no puede asistir a la escuela.

Hace ocho  meses Zulery asiste a quimioterapias en el Francisco de Ycaza. El tratamiento la debilita, por eso debe permanecer varios días internada en el área de Oncología, en el quinto piso.

Su madre, Mirella Toaza, la acompaña. “Hace un año la vi corriendo y la piernita se le debilitó. Se caía. Pasamos por varias  consultas hasta que nos dijeron que es  cáncer”, dice mientras extiende la sábana blanca que cubre a su niña.

Ella padece osteosarcoma o cáncer a los huesos. Antes de comenzar las quimioterapias le amputaron la pierna derecha para evitar que las células cancerígenas se extendieran por su cuerpo. Pero fue  tarde. En las últimas semanas le detectaron metástasis en los pulmones y será operada nuevamente.

Las leucemias (cáncer de los glóbulos blancos), el linfoma, los tumores cerebrales y el osteosarcoma son las afecciones más comunes en los niños, según detalla la doctora Doris Calle, encargada del área. Al año, en el pediátrico se realizan unas 1 700 interconsultas por sospechas de cáncer.  

Según estadísticas mundiales,  al año  se diagnostican 15 casos de cáncer infantil por cada  100 000 niños menores de 15 años. Y la Organización Mundial de la Salud  (OMS) estima que cada año son diagnosticados  160 000 casos de leucemia en niños.

 Por cuatro días, Zulery debe ser internada para las quimioterapias. Mirella dice   que para cada tratamiento necesita unas ampollas especiales  que llegan a costar USD 750. “No tenemos cómo pagar, pero como somos parte del PPS tengo ese   alivio. Exámenes como tomografías  y ecos los hacen en Solca o en otro hospital”.   

Zulery  es  la penúltima de cuatro   hermanas. Pero pasa más con sus amigos en el hospital. En la angosta sala, donde hay  10 camas, resuena su  alegre voz.   “Ocho, nueve, diez...”, cuenta.  “Ella no se echa para atrás, sigue adelante. Eso también me da fuerzas para soportar”, dice su mamá.


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