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Nicolás Zambrano recuerda que su esposa Isabel Rosado se tomó media botella de licor para menguar el dolor. Zambrano, de 65 años, recuerda que ella parecía pelota de caucho porque caminaba sin parar, en su casa de Bahía de Caráquez. “Estaba bien borracha. Se subía en un banco y brincaba para desembarazarse”.

El manabita habla sobre el parto de su primera hija Ludy. Este agricultor, de cabello rizado y entrecano, recuerda que cabalgó por las calles de Canoa, localidad de Bahía de Caráquez, para llevar a dos parteros que asistan a Isabel. “Mientras la ayudaban, observé con detenimiento lo que hacían. Ahí vi que le suministraban inyecciones y aprendí”.

Después de ese día, hace 40 años, Zambrano se convirtió en el partero personal de su esposa. Ambos tienen 13 hijos. Él y algunos integrantes de su familia viven ahora en la ‘Y’ de Tipishca, una localidad del cantón Putumayo en Sucumbíos.

Cada vez que su esposa daba a luz, Nicolás era el único que asistía el parto. “Nunca permití que otra persona recibiera a mis hijos más que mi esposo”, asegura Isabel Rosado, de 63 años.

Ella también es partera y junto a su esposo ha recibido a más de 40 nietos. Los Zambrano, como los conocen en la localidad, tienen la habilidad de mover el feto y ubicarlo en la posición correcta dentro del vientre materno. También reconocen si el hijo será varón o mujer, e incluso se fijan en la luna para saber si la paciente está lista para dar a luz.

Esta práctica, en la que familiares se ayudan entre sí durante el parto, sigue siendo frecuente en localidades fronterizas como esta, pertenecientes al Putumayo. Familias de Sansahuari, la ‘Y’ de Tipishca, Virgen del Cisne y Virgen del Guayco recurren donde sus abuelas y madres para que ayuden a las mujeres con cuidados prenatales y el parto casero.

Desde hace cuatro años que la Dirección Provincial de Salud en Sucumbíos ejecuta un proyecto para acreditar y capacitar a las parteras familiares y comunitarias. La iniciativa surgió porque los servicios médicos no cubrían a las comunidades más alejadas. Hasta el momento hay más de 40 parteras acreditadas.

“La acreditación permite a la partera dar una referencia o contrarreferencia a las casas de salud más cercanas”, explica Elizabeth Moreno, responsable provincial de salud intercultural. Moreno manifiesta que la Dirección también capacita en aspectos como la asepsia durante la atención.

Madres ayudan a sus hijas

María Vera se prepara para visitar a su hija Margarita Carbajal. La señora de 74 años se viste con una camiseta amarilla y una falda celeste. Se monta a la moto que conduce un trabajador que vive en su finca, y se dirige a la casa de la mayor de sus cuatro hijos.

Margarita, quien vive en Virgen del Cisne -Putumayo- tiene seis meses de embarazo de su octavo hijo; su madre es la encargada de los controles prenatales.

Cuando llega su mamá, ella se acomoda en su cama y se descubre el vientre. Vera se lava las manos para dar masajes al abultado estómago que lleva a su decimotercer nieto. Sus dedos tantean la barriga de su hija para sentir si el bebé está en la posición correcta.

Vera tenía 15 años cuando ayudó a recibir al hijo de su cuñada Rosario Peñaranda. Una partera le explicó sobre los remedios caseros que debía dar a la futura mamá. “Me dijo que le dé agüita de ruda y un huevito con comino para que tenga fuerzas”. Desde entonces, esta cuencana ha ayudado en su labor de parto a familiares y también a extrañas. También recibió a nietos y bisnietos.

Moreno explica que la medicina moderna no ha desplazado a las parteras familiares. Esta atención ancestral constituye una tradición en comunidades alejadas, ya sean mestizas o de nacionalidades indígenas.

Parteras y etnias

En algunas comunidades indígenas, la  ‘partería’ se produce por la falta de acceso a servicios médicos modernos. No responde únicamente a la tradición.
 
Las abuelas de la  nacionalidad Cofán atienden solamente a sus hijas. Nunca se hacen cargo de embarazados ajenos  aunque sean de su propia comunidad.

En la etnia Kichwa consideran a las parteras como las
líderes de la comunidad.

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