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Mario Ríos lleva dos meses en el área de Neumología del Hospital Eugenio Espejo y aún debe permanecer dos meses más. Tiene tuberculosis multidrogorresistente (médicamente identificada con las siglas TB-MDR) y a diario recibe 33 tabletas y un inyectable para adormecer al bacilo que produce esta patología. Siete enfermos más comparten su habitación en el sexto piso del hospital, en donde abundan los mensajes que recuerdan el uso obligatorio de la mascarilla. La advertencia no es para menos si se toma en cuenta que una persona con tuberculosis despide millones de bacilos cuando tose y bastan tres para trasmitir la enfermedad.

La alta transmisibilidad de la tuberculosis hace que su erradicación en el país resulte difícil. El neumólogo Carlos Rosero dice que el principal problema es que los pacientes tratan la enfermedad como cualquier episodio de tos o gripe y no cortan la cadena epidemiológica. La literatura médica señala que una persona con la enfermedad activa puede infectar a unas 10 personas más en un año y en ese período, una de ellas desarrollará la enfermedad.

Una tos fuerte con flema y la pérdida de peso llevaron a Mario al hospital de Taisha, un pequeño cantón en el interior de la selva en Morona Santiago. “Yo estaba ya en lo último y los doctores de Taisha no pudieron curarme y me mandaron a Quito”, dice este hombre de 50 años de cabello negro lacio y piel canela curtida por el sol. Hasta esta ocasión, nunca antes había salido de su comunidad y ha trabajado toda su vida cortando madera.

El Ministerio de Salud contabilizó 5 350 casos de tuberculosis hasta el 2011 y detectó que 400 pacientes desarrollaron resistencia a los medicamentos, al igual que Mario.

La patología se agrava, principalmente, porque los pacientes abandonan el tratamiento o porque el bacilo de la tuberculosis es resistente, explica Rosero.

Los pacientes con tuberculosis sensibles a los fármacos necesitan entre 6 y 8 meses para sanar, pero los que generan multidrogorresistencia tienen que estar aislados y bajo medicación, entre 12 y 18 meses, hasta que el cultivo del bacilo salga negativo. Pero cuando hay resistencia a medicamentos como la rifampicina e isoniazida, el tratamiento se puede extender hasta 24 meses.

Un 95% de las personas con TB-MDR que se someten al tratamiento se curan asegura Rosero. Aparte del Hospital Eugenio Espejo hay unidades para tratar a los pacientes en los hospitales Enrique Garcés, Pablo Arturo Suárez, en Quito; en el Alfredo Valenzuela, en Guayaquil; y en el Vicente Corral Moscoso, de Cuenca.

En el país, hay más pacientes en Guayas, la Costa es una de las zonas endémicas de la tuberculosis. Y la mayor parte de enfermos está entre los 25 y 30 años.

Para quienes padecen la enfermedad hay un bono mensual de USD 240 del Ministerio de Salud, que lleva adelante un proyecto de control de la tuberculosis en el Ecuador. Hasta el 2011 hubo 315 beneficiarios, en enero se sumaron 53, entre ellos el paciente de Taisha y sus compañeros de Neumología del Eugenio Espejo.

368 personas reciben  bono

La Cartera de Salud incrementó en 2011 el presupuesto para luchar contra la tuberculosis en un 300%, pasando de USD 2,4 millones a USD 6 millones. Eso ha permitido implementar el bono económico para pacientes con tuberculosis multidrogorresistentes y bajar la tasa de abandono del tratamiento del 26 al 12%.

Hasta enero pasado se registraron 368 beneficiarios del bono y hay un incremento mensual de entre 30 y 40 personas. Ellos reciben el incentivo mientras estén en tratamiento, además de una canasta básica de alimentos para garantizar su permanencia en el programa.

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