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Para que los ojos funcionen sin molestias necesitan estar lubricados o bañados con lágrimas. Esto se consigue a través del parpadeo, pues durante este acto involuntario la córnea se impregna de una capa de lágrimas.

Si los ojos no producen suficientes lágrimas, la superficie de esta zona se irrita y este problema se conoce como ‘ojo seco’, señala Delia Landázuri, oftalmóloga del hospital Metropolitano.

“Las lágrimas lubricantes fluyen desde unas glándulas situadas en el párpado superior y se dispersan sobre la superficie del ojo, y desde este se drenan por canales que desembocan en la nariz”, señala Galo Guerra, oftalmólogo del Instituto Oftalmológico Gustavo Moreno.

El síndrome del ojo seco es un daño de la película lagrimal, que se puede presentar por deficiencia de lágrimas o por su excesiva vaporación. Es una enfermedad multifactorial que tiene que ver con la edad. Por lo general se presenta pasado los 40 años y las mujeres son más propensas a padecerlo, además de personas que sufran de enfermedades autoinmunes (lupus, artritis, hipotiroidismo, etc.).

Tener rosácea, acné, caspa o el ingerir medicamentos para la hipertensión, antidepresivos, para la próstata, anticonceptivos orales u hormonas de reposición hormonal también predisponen a la persona a sufrirlo.

“En Quito, más del 80% de las personas sufre de algún grado de ojo seco, esto debido a la sequedad del clima, la altura, el sol, ya que en esta zona los rayos caen perpendicularmente y hay contaminación”, manifiesta Guerra.

Las señales más comunes que alertan sobre su padecimiento son el lagrimeo constante, ardor, comezón, ojo rojo, sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo como una basura o especie de arena.

Además puede incluir parpadeo frecuente, sensibilidad a la luz (fotofobia) e incluso visión borrosa.

El ojo seco comúnmente se presenta en ambos ojos. “Muchas veces la sintomatología que describe el paciente es suficiente para determinar que este padece de ojo seco”, indica Landázuri.

En aquellos casos difíciles de determinar se recurre a la aplicación de un colorante en el ojo llamado fluoresceína, para verificar si el ojo está drenando lágrimas y si estas se quedan en la córnea y la lastiman.

Se realizan dos pruebas: el test de Shirmer que mide la cantidad de la lágrima y otro colorante (rosa de Bengala), que determina la calidad de la lágrima. En ambos casos se usan tiras pequeñas que se colocan en el interior del ojo. En el test de Shirmer se utiliza una regla que mide la cantidad. En las otras pruebas las tiras están impregnadas de un colorante que, al ser mojado y entrar en contacto con el ojo, lo tiñen de rojo si está muy seco, explica el oftalmólogo Guerra.

Las pruebas pueden arrojar que el individuo tenga una buena cantidad de lágrimas pero de mala calidad y viceversa: tener poca cantidad pero de buena calidad.

Dependiendo de los valores se determina el grado de severidad. Puede ser leve, moderado o severo.

Es importante acudir al oftalmólogo para que determine el problema y diagnostique el grado.

“Esta dolencia no tiene cura sino que debe ser tratada. De allí que la aplicación del tratamiento debe ser de por vida”, manifiesta Javier Vera, oftalmólogo de Sistemas Médicos de la Universidad San Francisco, valle de Los Chillos.

El tratamiento depende del grado. Si es leve, basta con la aplicación de lubricantes o lágrimas artificiales. En cuanto a la cantidad, debe aplicarse una gota en cada ojo 3 a 4 veces al día. En este órgano solo puede ingresar una sola gota, si se ponen dos o tres, estas se desperdician.

El grado moderado, además del uso del lubricante requiere de un antiinflamatorio. El ojo seco tiene un componente inflamatorio que se presenta en la glándula lacrimal o en las accesorias.

En el grado severo se presentan ulceraciones y perforaciones oculares. Se debe recurrir a un proceso quirúrgico para tapar el lagrimal. Otra opción es suturar el punto lagrimal e incluso cerrar un poco el párpado del ojo. Esto se realiza con el fin de que las pocas lágrimas que hay en el ojo se queden allí y evitar su pérdida, señala Vera.

Es importante saber que, a partir de los 40 años, empieza a disminuir la producción lacrimal, pero no existe una edad definida en que puede presentarse el ojo seco.

El factor hereditario también puede incidir; si padre y madre sufren de este trastorno, existe una alta probabilidad que uno de sus hijos padezca de ojo seco.

En los niños esta dolencia no es frecuente y los síntomas que a veces parecen indicar que se trata de ojo seco suelen asociarse a problemas de deficiencias visuales, manifiesta el oftalmólogo pediatra Lizardo Moncayo.

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Los medicamentos  para el acné producen un desecamiento de las mucosas e incluso ojo seco. No debe dejar de tomarlos sino solo aplicarse el tratamiento en los ojos para contrarrestar las molestias oculares.

Por lo general  los síntomas de ojo seco suelen disminuir y presentar una mejoría cuando la persona se traslada a un lugar más húmedo (Costa).

El tratamiento del  ojo seco se aplica únicamente en esta zona y no requiere de la ingesta de ningún medicamento.

No se debe  aplicar cualquier colirio, este lo resecará más. Debe utilizar lágrimas artificiales, prescritas por un oftalmólogo.


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