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Su nombre fue anunciado por el altoparlante. Cristian Jaramillo se levantó de uno de los asientos de la primera fila. Llegó al patíbulo y dijo: "Hace seis años una noticia invadió de tristeza a mi familia. Pensé que no volvería a jugar con mis amigos y a mi mente llegaron imágenes que creí que no las viviría…". Tomó un respiro, que también se escuchó por los altavoces y continuó su discurso.

Lució su uniforme intacto, pero no era el de él. Hace 20 días se cayó mientras jugaba fútbol, y por la leucemia linfoblástica que padece, el golpe que se dio le afectó más que a un niño sin problemas de salud. Lo llevaron de emergencia a una clínica cercana a su colegio. Ahí le cortaron las mangas de la camisa y el saco de su uniforme para inmovilizarle el brazo.

Cristian fue el encargado de dar el discurso de finalización del año lectivo de los 120 niños y adolescentes que, en Quito estudian a través del Programa Nacional Aulas Hospitalarias, emprendido desde el 2006 por el Ministerio de Educación a través de la fundación Juan José Martínez.

El programa se inició a las 09:00 del último viernes, en el auditorio del Ministerio de Educación, norte de Quito. Para llegar a tiempo, Cristian y su madre salieron a las 06:00 desde su casa, en la urbanización Martha Bucaram, en el sur.

El joven de 17 años compartió con el auditorio su historia. Desde una butaca, su madre Laura Castillo lo miraba con atención y no paraba de buscar un ángulo perfecto para tomarle la mejor fotografía.

El día anterior, el estudiante que recibió la medalla al mérito se probaba el uniforme de su hermano José Luis de 19 años. Se miraba en el espejo de un armario de madera. En ese cuadro también hubo cabida para los 12 diplomas que exaltan su rendimiento escolar y que cuelgan de la pared de su dormitorio. "Tengo más, es solo que ya no hay dónde ponerlos", dijo con una sonrisa.

Su mamá, Laura, se sentó al pie de la cama, lo contempló y recordó que una madrugada de junio del 2013, Cristian despertó con fiebre En la mañana fueron a un centro de salud y le indicaron que era una infección; en la noche, Laura soñó que su hijo tenía cáncer y al otro día lo llevó a la Cruz Roja para que le realizaran un examen. "Fue viernes. Me dijeron que el lunes vaya por los resultados".

Al inicio de la siguiente semana la mujer recibió los exámenes y su presentimiento se hizo realidad. Cristian fue diagnosticado con leucemia linfoblástica aguda. "Lloré y me encerré en unas cabinas telefónicas para que mi hijo no me vea. Él me enfrentó, dijo: "Quiero que me digas la verdad. ¿Qué tengo? ¿Por qué lloras tanto?".

Su mamá lo abrazó. Tienes que ser valiente y ambos lucharemos por tu vida, le dijo. Ese mismo día Cristian fue internado en Solca y recibió la primera quimioterapia.

Gabriela Mendoza, de 17 años vivió una historia similar. Cinco días antes de cumplir 15 años, sintió un fuerte dolor en la pierna. Los médicos le detectaron sarcoma (cáncer al músculo).

Desde ese día y durante dos semanas, una habitación del hospital de Solca fue su casa. Sus compañeras del Colegio Espejo, institución en la que Gabriela culminó el último viernes su educación secundaria la visitaron. "Con los labios inútiles y el corazón destrozado pronuncié por primera vez y en voz baja me detectaron cáncer ".

Edith Sigcha, la mejor amiga de Gabriela estuvo presente en la graduación. Ella recordó que su amiga nunca dejó de estudiar y luchar por su vida. "Algunos días venía decaída, se le empezó a caer el cabello, pero siempre mostraba una sonrisa y siempre, antes de hospitalizarse entregaba los deberes y rendía los exámenes adelantados.

Ahora, las dos amigas están próximas a iniciar su carrera como ingenieras mecánicas. Cristian quiere estudiar Gastronomía. Tiene una fascinación por los aviones, aunque descarta la posibilidad de ser piloto. María José Carrillo, abanderada de la Unidad Educativa Rumiñahui, también es una sobreviviente al cáncer. Ella tiene leucemia y ahora permanece en una silla de ruedas por una parálisis que le dio.

Los tres adolescentes recuerdan sus historias sin quebrarse. Ellos están a la espera del alta medica. Sonríen y concuerdan que no pueden dejarse vencer después de haber vivido tanto y a la vez nada...

El proyecto
Los alumnos atendidos en el periodo escolar 2012-2013, en los hospitales de Solca y Baca Ortiz de Quito, Vicente Corral Moscoso de Cuenca y Solca de Guayaquil son 1 078. Esto es: 533 mujeres y 545 varones.

El cáncer con mayor pacientes es la leucemia. El programa Aulas Hospitalarias da asistencia a 406 niños y adolescentes que luchan contra esta enfermedad.

70 niños se graduaron de la etapa inicial educativa.

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