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El aborto inseguro implica riesgos físicos y hasta mortales para la mujer, como la perforación del útero, infecciones o hemorragias. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al aborto inseguro como un procedimiento para terminar un embarazo que es efectuado por personas que carecen de las habilidades necesarias o en condiciones carentes de los estándares médicos mínimos.

Wilfrido León, ginecólogo de la Maternidad Isidro Ayora, dice que solamente en enero se atendió en esta casa de salud a 144mujeres que habían empezado a abortar. “Vienen y dicen ‘estoy sangrando y creo que estoy embarazada’, o ‘estoy sangrando y no sé qué me pasa’. Las mujeres no pueden decir la verdad porque el aborto es ilegal”, dice.

Las estimaciones sugieren que el 95% de los abortos inducidos en América Latina es inseguro. Ocurren 3,9 millones cada año según el Instituto Guttmacher, entidad de EE.UU. que realiza investigaciones sobre salud sexual y reproductiva en el mundo.

De los últimos datos que se tiene en Ecuador, en el 2010, hubo 42 541 atenciones hospitalarias por aborto; 7 257 fueron casos de menores de edad, 415 de las cuales tenían entre 10 y 14 años.

Los médicos de las unidades públicas usualmente aplican fármacos para completar el aborto y/o utilizan la técnica de la aspiración manual endouterina, que es menos invasiva que el legrado. Lo mismo que se hace cuando el embarazo no es compatible con la vida o cuando hay un embarazo diferido (cuando el bebé muere en el vientre materno).

En cuanto al riesgo psicológico de las mujeres que interrumpen su embarazo, varios estudios han demostrado que el aborto no causa problemas de salud mental.

Teresa Borja, coordinadora de psicología en la Universidad San Francisco de Quito, explica que el trauma tras el aborto dependerá de las creencias y valores de las mujeres. “No existe un síndrome posaborto, porque no hay una forma de reaccionar única. Pero es importante que la mujer decida poniendo en un lado sus creencias y en otro las necesidades del bebé, sus necesidades y su situación a futuro para tomar una decisión con mayor conciencia y no de forma impulsiva o por miedo a la reacción de su entorno”.

Una investigación de la Academia de Universidades Reales Médicas (2011, en Londres), dice que una mujer con problemas de salud mental antes del aborto tiene más posibilidades de agravarlos después del aborto.


MEDICALIZADO
La pastilla no es garantía de que todo  saldrá bien  
Un  fármaco aprobado  en 1988 y comercializado  en 80 países con diversos nombres es el más buscado en las droguerías cuando una mujer pretende abortar . Este fármaco nació para la prevención de úlceras gástricas y duodenales producidas por el uso prolongado de analgésicos, pero ahora tiene un uso obstétrico (aprobado por la OMS) por las contracciones uterinas que provoca y porque prepara al cuello uterino para el parto.  

En Ecuador, el acceso a ese fármaco no es de libre disponibilidad. Se necesita  una receta para comprar   estas tabletas  (su consumo exige vigilancia médica) y la dificultad de obtener una favorece la especulación.

Debido a que el régimen legal del país prohíbe el aborto y castiga también al médico que lo practique, las pastillas se llegan a vender hasta en USD 80 en el mercado negro, cuando su costo individual no sobrepasa de un dólar, y no siempre un médico hace la vigilancia.

Cuando una mujer  busca abortar mediante pastillas,  existe el riesgo de que le vendan  comprimidos de otra sustancia  que ocasionen problemas de salud a las quienes  lo ingieran o  se lo introduzcan en la vagina, pues se puede  producir una hemorragia.   Además,  estas pastillas no son útiles cuando el embarazo es ectópico (fuera del útero).  

AUTOINFLIGIDO
El error de provocar la hemorragia en sí misma
Algunas  mujeres  hacen de todo para provocarse una hemorragia y así obligar a un médico a que las atienda sin reconocer que buscan abortar. Sin conocer su anatomía se introducen objetos cortopunzantes y hasta se hacen lavados con cloro. Pero lo único que están haciendo es poner en peligro su vida.

Wilfrido León, ginecólogo, asegura que sus colegas han sacado hasta clavos de las vaginas de  pacientes irreflexivos que provocan la hemorragia. La complicación más usual de las mujeres que intentan abortar por su propia cuenta es la perforación del útero y las lesiones que  pueden alcanzar los intestinos.

El sangrado puede generar una anemia de forma galopante y la persona puede perder la vida si no recibe asistencia médica inmediata. Un indicativo es que se empapen más de tres toallas sanitarias en menos de una hora. La persona  empalidece rápidamente y puede desmayarse.

Si ocurre una  perforación de los intestinos, se puede contaminar la cavidad abdominal y producirse una peritonitis con consecuencias mortales.
Cualquier dolor abdominal, acompañado de fiebre, escalofrío, náusea y dificultad respiratoria son señales de peligro  y también se debe acudir al especialista de forma inmediata.

MAL ASISTIDO
Los farsantes  no cuidan la higiene de la paciente
La perforación del útero y la hemorragia también se pueden producir durante un aborto asistido por una persona  que se hace pasar por un especialista, aprovechándose de la desesperación de la paciente. La mayoría de estos sujetos utiliza implementos caducos y de metal que son más baratos, pero que pueden dañar algún órgano interno de la mujer.

Además están las infecciones y su complicación mayor, la sepsis, que se pueden originar por la precariedad de los sitios donde se realizan los abortos clandestinos, que no tienen condiciones de esterilidad.

El tratamiento habitual para las mujeres que llegan a los hospitales con estos cuadros se hace con antibióticos. Kleber Abad, líder del servicio de ginecología del Hospital Eugenio Espejo, explica que hay casos en los que se tienen que practicar una histerectomía para retirar el útero dañado o las trompas de falopio.

La infección se puede presentar uno o dos días después del procedimiento y hay que sospechar cuando hay dolor y secreción purulenta y de olor fétido. El consejo:  acudir a una unidad especializada y contar la verdad a  los especialistas.


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