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Historias como la de un bebé que estaba atravesado en el vientre de su madre y nació bien con la ayuda de una partera o un hombre que resistió una bala en su cabeza hasta llegar al hospital, a tres horas de camino son comunes entre los habitantes de Puerto El Carmen.

En esta localidad de frontera, la última antes de cruzar el río Putumayo y pisar Colombia, hay un subcentro de salud para aliviar las dolencias de casi 11 000 personas, que viven en el cantón Putumayo. La colombiana Yolanda Petevi, auxiliar de enfermería, que hace 33 años se instaló en la orilla ecuatoriana del Putumayo y aprendió a curar con las monjas Carmelitas, es quien reza por los pacientes. “Los médicos se preocupan porque vienen de la ciudad y allí no ven cosas así. Yo les digo tranquilos doctores que aquí todavía hay Dios”.

El equipo médico del subcentro, aparte de Yolanda, está formado por un médico general, una laboratorista, una obstetriz y un odontólogo. Todos contratados por el Ministerio de Salud. Esta plantilla se refuerza cada año con dos o tres médicos que acaban de graduarse y llegan, mayormente de la Sierra, para hacer su año de medicatura rural. Esos son los médicos de ciudad de los que habla Yolanda. “Llegan en el aire, pero aquí les toca aterrizar”.

Este año hay dos médicos y un enfermero noveles, pero por el régimen laboral en las provincias orientales, de 22 días laborables y 8 libres, muy pocas veces trabajan juntos. A esto hay que sumar las vacaciones anuales de 30 días. Precisamente los últimos días de septiembre, cuando este periódico visitó Puerto El Carmen, los médicos rurales estaban de vacaciones y para cubrir su ausencia se convocó al médico que hace su año rural en el batallón de selva 55, emplazado en el Putumayo.

Jhonny Delgado, ibarreño de 26 años, no pudo resistirse al pedido de doblar su jornada laboral. “Cuando no hay médico en el subcentro yo salgo. Esta es la organización que tenemos, cuando vine a trabajar y ya quedamos así”.

Mientras hace la suplencia, este joven duerme en una de las habitaciones de la casa que está en el predio del subcentro de salud y que fue construida por la ONG Médicos Sin Fronteras a inicios del 2000. Es una casa amplia y ventilada, levantada sobre pilares para resguardarse de las inundaciones. Pero antes de la llegada de la ONG, los sanitarios se acomodaban en el mismo subcentro.

Delgado trabaja con un sueldo USD 870, restando los descuentos de la Seguridad Social. En el día atiende en el batallón, donde viven 300 militares, y por las noches asume las emergencias de la población civil de Puerto El Carmen. “Si es un exceso de trabajo, pero así está hecho el convenio. Yo lo que más quisiera es que nos den el bono fronterizo, nos dijeron que iba a ser del 1 al 20% del sueldo, según el riesgo o la distancia”, dice y añade que para ir a su casa, en Ibarra, viaja 14 horas.

Durante las guardias de septiembre pasado recuerda que atendió a una joven que se había tomado plaguicida. Como no encontró los recursos para salvarle la vida en el subcentro, recurrió al batallón. “No es fácil entrar, pero como me conocen decidí llevar a la paciente para hacerle un lavado gástrico y darle medicación. Allí tenemos un buen policlínico, equipado por los militares y hay más cosas”, cuenta.

Aparte de las emergencias, los médicos rurales atienden las enfermedades tropicales, que aunque las estudian en la carrera no tienen oportunidad de verlas en los hospitales de la Sierra, en donde hacen el internado. El médico del batallón reconoce sus limitaciones: “No estamos preparados para este tipo de población, aquí vemos malaria, mordedura de serpiente, de mosquito por eso cuando llegué me puse a revisar sobre enfermedades tropicales”.

Andrés Agama, quiteño de 22 años, es el enfermero que acompaña a los médicos rurales en Puerto El Carmen. En septiembre completó sus cuatro meses de trabajo y todavía no se acostumbra. “Trabajo las 24 horas del día y los 7 días de la semana. Por el hecho de vivir a lado del subcentro tengo que estar siempre a disponibilidad”, cuenta con la pesadumbre de no querer continuar más y hace un último comentario: “Quito está a más de 12 horas”.

Su salario es de USD 780, menos el aporte a la Seguridad Social y los USD 60 ó 70 que destina a su alimentación. “No nos dan la comida y es difícil cocinar porque no tenemos tiempo. Toca comer en un restaurante del pueblo y pagar por las tres comidas diarias”.

El apoyo de la Alcaldía

El alcalde del cantón, Segundo Londoño, habla de la necesidad de un hospital en Puerto El Carmen y cuenta que hace un par de años hizo el pedido al presidente Correa, pero Miriam Armas, directora provincial de salud, dijo que no había tal necesidad. “Yo dije en una reunión que estamos en zona de frontera, que atendemos a hermanos colombianos y a nuestra gente, que si tenemos un herido nos toca viajar tres horas a Lago Agrio. A nosotros se nos han muerto muchos enfermos...”.

El subcentro de Puerto El Carmen, como cualquier otra unidad de primer nivel, no tiene la capacidad de atender casos complicados ni quirúrgicos. A lo sumo atienden partos normales. Por eso se hacen las transferencias al hospital Marco Vinicio Iza, en Lago Agrio, que está a tres horas.

Las personas tienen que movilizar a sus pacientes por su cuenta, pues el subcentro no cuenta con una ambulancia operativa. Hay una donada por el Instituto para el Ecodesarrollo Regional Amazónico (Ecorae), pero desde su llegada, a inicios de año, no se ha movido. No tiene matrícula y tampoco un chofer asignado.

Ante la negativa de tener un hospital en el cantón Putumayo, el alcalde entregó USD 114 000 de su presupuesto de USD 5 millones para ampliar la zona de emergencia del subcentro. La obra se entregó en diciembre pasado y todavía espera que alguna entidad del Estado la equipe.

El Municipio dispone de un pequeño dispensario, que tiene un médico general y servicio de odontología. Pero no se puede ofertar los servicios gratis, las tarifas por la atención médica están entre los USD 3 y 5, y aparte se debe comprar la medicina.

Por eso, la gente prefiere la unidad del Ministerio de Salud. Pero no todos llegan. Hay registro de casi 4 000 de los 11 000 habitantes del cantón. La auxiliar de enfermería, Yolanda Petevi, así como reza por la salud de la gente, también organiza campañas de salud y junto con los médicos rurales visita las comunidades. En uno de los consultorios del subcentro guarda los dibujos que ha hecho de cada comunidad. Sobre cartulinas blancas se ven trazos pueriles en los que aparecen hileras de casas de color café, asentadas en los márgenes del Putumayo y otras en la selva.

El programa de medicatura rural ha sido revisado solo una vez en 40 años

1970
Se aprobó el plan de salud rural, toda vez que el 70% de la población vivía en el área rural. Se aprobó la obligatoriedad del trabajo rural de los médicos. Había 72 subcentros de salud.  

1976
Se incorporaron otros profesionales de la salud al programa. En ese entonces había 460 unidades del Ministerio de Salud y 64 parroquias cubiertas por el plan de salud rural.  

1980
El Ministerio de Salud y Unicef hicieron la evaluación de la primera década de salud rural. Hasta ese entonces había 561 subcentros de salud y un médico para 4 683 habitantes.   

1981
La evaluación se extendió un año y señaló que los médicos no estaban capacitados, los recursos materiales son insuficientes y solo había una cobertura del 30% de medicinas.     

2012
Ahora hay 156 centros de salud, 1 280 subcentros y 457 puestos de salud. La apuesta de Salud es formar a 2 800 médicos familiares para
fortalecer el área de atención primaria.

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