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Con nuevos rostros se encontraron ayer varios usuarios del Hospital Abel Gilbert Pontón, del Suburbio. Luego de los despidos de algunos médicos, por notificación del Ministerio de Relaciones Laborales, los pacientes fueron atendidos por otros especialistas.

Pero la medida no alivió las quejas en el área de Consulta Externa. En Urología, Ninfa de Pita esperó junto a otras 50 personas. La mujer madrugó para llegar a tiempo a la consulta que tenía programada su esposo, Mario Pita, con el urólogo Édgar Suquilanda.

Al entrar encontró un consultorio remodelado y también una nueva doctora. “Cada médico conoce a su paciente. Si con esto de los despidos nos cambian de doctor es como empezar de cero. Mandan nuevos exámenes y así se atrasan las cirugías”, dijo Pita.

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Ministro de Salud no da sustento claro de renuncias obligatorias

Luego del anuncio de compra de renuncias obligatorio, no queda claro el sustento bajo el cual se tomó esta decisión.

El malestar se repitió en Fisiatría. Ahí algunos pacientes tuvieron que separar cita para el próximo mes. Esto tras leer un anuncio de advertencia pegado junto a la sala de terapias: ‘No hay atención para los pacientes de los señores: Hugo Rodríguez, Laura Orellana, Ana Murillo, hasta segunda orden por despido obligatorio’.

La aglomeración de personas ante la falta de médicos también se evidenció en Cardiología. Por esa sala pasan de 80 a 100 usuarios al día, y desde el lunes son atendidos por solo dos doctores.

El jefe del servicio, Camilo Morán, fue despedido. El especialista ingresó al hospital en 1988 y a más de dar consultas hacía ecocardiogramas y pruebas de esfuerzo. Ahora están a cargo del área los dos médicos residentes que entrenó en los últimos años.

“Quieren contratar médicos generales como reemplazo, ¿pero para dar cardiología?, eso no va a ser muy fácil. Sacar médicos de un hospital que necesita especialistas es un crimen de lesa humanidad”, comentó Morán.

Se calcula que unos 100 funcionarios, entre médicos y personal administrativo, fueron sacados del Abel Gilbert. Pero las autoridades no dan cifras oficiales.

Los directivos de la casa de salud no hablan sobre el tema y afirman que la única voz autorizada es la Dirección de Salud del Guayas. Sin embargo, su titular, Rosario Cantos, tampoco responde.

En tanto, los problemas se acentúan para quienes esperan por cirugías. A diario en el Guayaquil se programan entre 16 y 20 operaciones. Pero cinco cirujanos fueron separados, entre ellos, el único cirujano oncólogo del lugar.

Guido Moreno es uno de ellos. El galeno, quien laboró por 27 años en esta casa de salud, calcula que por la ausencia de especialistas se aplazan entre 10 y 12 intervenciones por día. “No han aclarado por qué me despidieron. Ninguno de los parámetros que dice la ministra Doris Soliz se cumple conmigo. No soy ineficiente, no soy incapaz, tampoco soy corrupto”, reclamó Moreno.

Zoila Mejía tenía una orden para extirparle un quiste dermoide del rostro, cerca del ojo izquierdo. Por esa dolencia sufre continuos mareos. Según la orden, firmada por el cirujano Luis Cedeño Velásquez, la mujer debió entrar a quirófano a la 10:00 de ayer.

A esa hora una enfermera le comunicó que Cedeño, quien la atendió por tres meses, había sido despedido. “Me mandó a hablar con el doctor Víctor Soria y me da cita para la otra semana. Ahora no sé cuándo me van a operar”, contó Mejía, mientras salía del hospital.

Los médicos separados piden que se aclare su situación. Wilson Drouet, jefe de Cuidados Intensivos del hospital, cumplió 38 años de servicio y el viernes recibió la notificación de renuncia.

Dice que en su trayectoria ha sentido la presión política de varios gobiernos, “pero ninguno tan drástico como el de ahora”.

Drouet denunció que los USD 14 millones destinados para la emergencia hospitalaria apenas estuvieron dos días en Guayaquil y luego fueron enviados a Quito.

Además, contó que en una reunión de consejo técnico se negó a firmar un documento para comprar medicinas directamente a Cuba. Esos son algunos motivos por los que cree lo despidieron. “He sido fundador del hospital... he atendido a la madre y a la hermana del señor Presidente, que son unas damas. Pero cosas como las que ha hecho el hijo (Rafael Correa) hay que darle látigo”.

El personal del hospital 

Unos 400 funcionarios,  entre médicos, enfermeras y personal administrativo, serán  separados hasta fin de año del Hospital   Guayaquil. Esto   según miembros de la Asociación de Médicos  del Abel Gilbert Pontón.

70 médicos especialistas    es la cifra aproximada   de galenos en la nómina del hospital.  
Gran parte de los   despedidos   se desempeñaba como          titular  en   gastroenterología,   cardiología, urología, ginecología, anestesiología,    traumatología  y cirugía.     

En su visita del 4 de octubre,   el presidente Rafael Correa anunció  la contratación de más personal para cubrir la demanda de esta casa de salud,  por donde pasan unos 1 800 usuarios  a diario.

En  octubre pasado se  anunció que el hospital contaba con unos   135 empleados de salud, entre médicos especialistas, residentes y enfermeras. También se anunció la salida de varios funcionarios tras  ser evaluados, pero no se explicó  su salida.

En el E. Espejo  se despidió a  jefes de área

Los despidos en el Hospital Eugenio Espejo, en Quito, incluyeron jefes de las áreas de Cirugía, Oftalmología, Medicina Interna e Imagenología. Esto ha afectado el funcionamiento de esta casa de salud y la atención a pacientes.

La Asociación de Médicos de la entidad resolvió restringir los ingresos hospitalarios de Consulta Externa hasta que existan las condiciones ideales para brindar la atención.

Las personas que pasen por Consulta Externa y que requieran una intervención hospitalaria no podrán ser internadas hasta que se reorganicen los servicios. Víctor Álvarez, presidente de la Asociación, explicó que la medida también se tomó por la falta de insumos y medicamentos en el Hospital. Estos no se han podido comprar debido al despido de varias personas del área financiera que no tuvieron tiempo de entregar sus claves de gestión.

Para cubrir las plazas, la Dirección del Hospital planea publicar avisos clasificados para reclutar personal inmediatamente. Convocarán a médicos internistas, cirujanos generales y radiólogos. No es la primera vez que una entidad de salud recurre a la publicidad para captar profesionales.

Lenin Galván, hace menos de mes, vio el aviso del Ministerio de Salud en un periódico y ayer empezó a trabajar en esta casa de salud. Es tecnólogo médico y estará encargado de la resonancia magnética por las mañanas, aunque lo ideal sería que trabajara por las noches para que la máquina dé más cobertura.

El área de Imagen es una de las que se está reorganizando. José Oña, que dedicaba dos horas de la tarde a hacer ecografías y cuatro para hacer informes, es el nuevo coordinador del área. Ayer completaba su primer día de funciones y ya tuvo que lidiar con un grupo de trabajadores que exigían la vuelta del ex líder del servicio, Arturo Rojas.

Oña hizo la entrevista al tecnólogo que llegó por el aviso del periódico y aunque sabe que necesita personal para que opere la resonancia las noches y los fines de semana (para reducir el tiempo de espera de los usuarios, que actualmente es de tres meses), le preguntó en qué horario quiere trabajar y desde cuándo debe empezar sus labores.

‘Un día antes del despido firmé el contrato de 8 horas’


No podía creer que me estaban despidiendo, sobre todo, porque un día antes había firmado el contrato para trabajar ocho horas, y una semana antes estuve en Guayaquil, defendiendo la campaña de vacunación de sarampión de la denuncia de un médico, que hablaba de los problemas de una revacunación. Si fuera una persona sin solvencia científica no hubiera sido escogida para defender al Ministerio de Salud.

Soy inmunóloga y alergóloga, me especialicé en Sao Paulo, Brasil. Estudié durante tres años, con el apoyo del Instituto Ecuatoriano de Crédito Estudiantil y Becas. También me gané una beca para ir a España a hacer un curso de alta especialidad en reumatología. Lo mío siempre fue ganar concursos y becas.

He trabajado veinte años en el Hospital Baca Ortiz y soy una de las cinco o seis inmunólogas que existen en el país, incluso tenía el proyecto de armar el posgrado de esta especialidad en la Universidad Central. Espero que todavía lo pueda hacer.

En el hospital atendía a entre doce y quince niños diarios, entre la consulta externa y los pacientes internados. Las alergias eran lo que más me ocupaban: asmas, rinopatías, sinusopatías, conjuntivitis, dermatitis atópica, eran las más frecuentes. Pero también tenía pacientes de inmunología: casos de artritis, lupus, esclerodermias y vasculitis.

No tengo ni un tachón en mi expediente, ni un llamado de atención. Recuerdo que les pregunté a los dos jóvenes del Ministerio de Relaciones Laborales el porqué de mi despido y me dijeron que eran políticas de Estado. Yo les respondí que mi política era servir a los pacientes.

Entraron a mi consultorio y no me dejaron sacar nada. Yo les mostré el papel que había firmado un día antes, con el Ministerio de Salud, y ellos me aclararon que la orden venía del Ministerio de Relaciones Laborales. Me sorprendió muchísimo porque hasta ese momento mi patrono había sido el Ministerio de Salud Pública (MSP).

Volví el lunes al hospital, para sacar mis libros y tuve que explicar a dos madres de familia que me buscaban que ya no podría seguir con el tratamiento de las alergias de sus hijos.

No me interesa la indemnización que anuncia el Gobierno, esto no es una cosa de dinero, sino de dignidad. Quisiera que me expliquen por qué me han echado. Nunca tuve problemas en el hospital, el único inconveniente que recuerdo es que cuando llegó la nueva directora médica hice un informe técnico para pedir cosas para mi servicio. Ella me respondió de manera informal, haciendo apuntes al margen de mi documento que yo no entendía y recuerdo que fui a su despacho a pedirle respeto.

Datos 

Norma Moncayo

Su experiencia.  Es inmunóloga y alergóloga. Tiene una carrera de 23 años. Siempre ha trabajado en el Hospital Baca Ortiz y a nivel privado en la Clínica Pichincha.


‘Tengo 5 hijos que estudian y una deuda con el banco’ 

Redacción Esmeraldas

El lunes llegué, como de costumbre, poco antes de las 08:00 a mi trabajo en la Dirección de Salud de Esmeraldas.
Minutos después, el director César Díaz, y la jefa de Talento Humano; Laura Intriago, me entregaron una carta.

En el documento se decía que renunciaba a mi puesto, luego de haber trabajado como guardia de seguridad 23 años.

Los miré extrañado y ellos solo atinaron a decirme que estaba fuera de la institución. Despedido.
No soporté la noticia. La presión se me subió. Desde hace cuatro años padezco una enfermedad del corazón. Unos amigos que estaban cerca dicen que caí al piso de la Dirección desmayado.

Me llevaron a la clínica del IESS, que está a una cuadra, y me atendieron en Emergencia.

En la clínica estuve vomitando sangre. Pensé que mi cuadro clínico se iba a complicar, pero la acción de los médicos me salvó la vida. Recostado sobre la camilla medité sobre el por qué pudo haberse tomado la decisión de separarme de la entidad.

No hallé una causa lógica. He desempeñado bien mi trabajo y siempre he sido muy respetuoso con los pacientes. Ellos pueden dar fe de aquello. Pensé entonces que los despidos tenían un tinte de persecución.

Por eso en un principio me negué a firmar esa carta y fui al siguiente día a trabajar normalmente. Entonces, la Policía llegó. Nos decían que firmemos o que no nos iban a pagar nada luego. Eso ni en la dictadura se vio.

La decisión de sacarnos de los puestos nos ha tomado por sorpresa. La verdad nos sentimos desprotegidos del Estado; sin saber qué hacer.
Yo tengo cinco hijos que todavía estudian y dependen de lo que yo tengo. Con los USD 650 que ganaba cubría los gastos de alimentación y los servicios básicos.

Aunque lo que más me preocupa es la deuda que tengo con una entidad bancaria, de USD 10 000. Son esos préstamos que uno hace para mejor su casita y cubrir necesidades como uniformes para los niños, etc.

Ahora no sé qué hacer. A mi edad (53) es más difícil conseguir un trabajo.

El Gobierno nos bota de los puestos y nos deja sin opción de trabajar. Si se iba a tomar una medida de estas, al menos se debió preparar a las personas.

La esperanza que tengo es que en el colegio, durante el bachillerato, aprendí mecánica automotriz. Por eso con lo que me den por la compra de la renuncia obligada, que no sé cuánto será, voy a empezar desde cero con un taller de mecánica en mi casa.

No pensé que a puertas de un fin de año y con tanto tiempo de trabajo en la institución, el Gobierno me iba a dar este tremendo "regalo de Navidad".

Datos 

Víctor Chichande

Su experiencia.  Trabajó durante 23 años en la Dirección Provincial de Salud de Esmeraldas  como guardia de seguridad. Se graduó de mecánico automotriz en el colegio.

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