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Los especialistas dicen que aprender matemática es un ejercicio buenísimo para la mente, pues ayuda a razonar de forma lógica y ordenada, y a prepararnos para la crítica y la abstracción. En resumen, enseña a pensar.

Pese a su importancia, existe una aversión hacia esta materia, y más por parte de los estudiantes que la encuentran aburrida o muy difícil. Con frecuencia se escucha: "la matemática es supercomplicada", "es que no tengo cabeza para las ­fórmulas" y "para qué aprender tanto número".

Esa mala fama de la asignatura ha traído consecuencias: según las últimas estadísticas de las que dispone el Ministerio de Educación, es la materia que más bajas notas reporta en escuelas y colegios. Así se deduce de los resultados de las Pruebas Censales SER Ecuador, realizadas en el 2008.

Los resultados

En aquel año se evaluaron a 453 387 estudiantes de la Costa y a 349 678 de la Sierra de cuatro niveles diferentes, y se encontró que el tercer año de Bachillerato tenía el mayor porcentaje de estudiantes entre regulares e insuficientes: 81,96%; le seguía el décimo año de Educación Básica con 80,43%, luego el cuarto con 68,43%, y el séptimo año registró 55,48%.

Esas bajas notas siguen reportándose. Para muestra, un ejemplo: en los ocho paralelos de décimo año de la sección vespertina del Colegio Luis Napoleón Dillon, las calificaciones son preocupantes: 6,01 puntos sobre 10 en décimo A (próximo a alcanzar los aprendizajes requeridos); 4,75 en el paralelo B (no alcanza los aprendizajes requeridos); 6,45 en el C; 7,10 en el D (alcanza los aprendizajes requeridos); 8,11 en el E; 7,85 en el F; 8,3 en el G; y 8,16 en el H.

La metodología

Estos resultados obedecen a las fallas metodológicas, todo porque "la práctica docente está basada en procedimientos mecánicos y rutinarios que los estudiantes aplican, pero que no siempre entienden", apunta el matemático Juan Pablo Cevallos, director de Ingeniería Informática de la Universidad Central del Ecuador.

El matemático Jorge Arroba, exvicerrector Académico de la Universidad Central, complementa: "Los profesores que imparten la asignatura fallan por la poca preparación que tienen; cuando un maestro no conoce una cierta disciplina, empieza a hacerla complicada para los estudiantes y no da ejemplos aplicativos".

Ese diagnóstico no es extraño en otros lares. Cecilia Christiansen, la Mejor Profesora de Matemáticas de Suecia en 2011, ya lo dijo en algunos medios de comunicación europeos: "El problema es que no se enseña al alumno a pensar. Se le ha enseñado el método de la gallina: resuelve un ejercicio, vuelve a la página del libro, mira la respuesta, si está bien realice otro ejemplo, otro ejercicio... Como una gallina, picando aquí y allá. Pero sin levantar la cabeza".

Cevallos agrega que los estudiantes tienen un grado de responsabilidad "porque no siempre están dispuestos a razonar, se han vuelto muy memoristas y el razonamiento del problema es muy limitado".

Los padres de familia también tienen su parte, sostiene Ángel Montaluisa, coordinador del área de Matemática del Colegio Menor de la Universidad Central.

Es que, admite, las mayores fallas están en las evaluaciones formativas, es decir, en el control que se hace desde la casa de las tareas, deberes, actividades extraaula y cumplimiento de los trabajos.

Hablando del contenido de la materia, Montaluisa cree que la mayor dificultad está en las áreas de geometría, álgebra, probabilidades y trigonometría. Aun así, el promedio que tiene todo el Colegio en matemática (con 1 100 alumnos) es de 7,28 puntos.

El cambio

Tomando nota de aquello, la misión de los docentes del Colegio Menor es crear espacios para hacer de esta asignatura algo lúdico, porque no "somos de aquellos que hacemos ejercicios y más ejercicio", dice Montaluisa.

Todo es cuestión, dicen los matemáticos de la Universidad Central, de memorizar lo justo y de razonar y deducir al máximo; o sea, ver el cómo y el porqué de las cosas.

A la falta de un laboratorio de matemática (el cual puede costar entre USD 10 000 y 20 000) los maestros del Menor se dan modos con sus propios materiales: cajas de fracciones, serie de rompecabezas, maquetas, cuerpos geométricos… Y con todo ello tratan de impartir una matemática divertida.

De aquello da cuenta Jordy Álvarez, de sexto Físico-Matemáticas del Colegio Menor. Él afirma que la asignatura no es aburrida. "No lo es porque siempre el profesor muestra algo interesante, nos enseña a razonar, esa es la parte que me fascina. Si no aprendemos matemática cómo vamos a resolver nuestros problemas diarios".

No solo para los alumnos del Colegio Menor la matemática es divertida, también lo es para Aylén Cárdenas, de quinto de básica de la Escuela Lucila Santos: "De todas las materias, 'mate' es la que más me gusta porque es como un juego y superentretenida. Cuando estaba más pequeñita mis padres me enseñaron a amarla, luego tuve como profesora Alexandra Fuertes, ella nos enseña jugando".

Eduardo Muñoz, de quinto de básica de la Unidad Educativa Cardenal Spellman, es otro a quien le encanta la matemática: "Me gusta mucho porque sirve para la vida, me enseña a sumar rápido y con eso ayudo a mis padres cuando vamos al mercado".

Las ventajas Dominar esta asignatura es crucial en la vida, concuerdan los matemáticos Cevallos y Arroba.

"Quien quiere a la matemática es una persona aventajada porque puede tomar decisiones que le permitan tener un mejor nivel de vida, porque para tomar buenas decisiones se requiere tener información, que es parte de la matemática y, a través de indicadores y números, saber qué es lo mejor que le conviene", acota Cevallos.

Si el alumno es de aquellos que miran con desdén a esta asignatura, Arroba predice que "será un simple profesional, verificador de tablas, aplastador de teclas y no tendrá la capacidad de racionalizar las cosas".

La creatividad del maestro es básica

En un aula de 8 por 7 metros del Colegio Menor de la Universidad Central se mostró, el miércoles pasado, una serie de curiosidades matemáticas.

Desde las 08:30 hasta las 13:00, se pudo observar desde concursos matemáticos, pasando por historias, juegos geométricos, chistes, laberintos, bingos, crucigramas y lógica matemática para todos los niveles y por orden de dificultad, desde el básico hasta bachillerato.

Los expositores fueron 14 grupos integrados por estudiantes de tercero de bachillerato de la especialización Físico-Matemáticas. El objetivo: que esta asignatura sea vista sin temor y aburrimiento.

"Hacer divertida a la matemática no es solo para el aula abierta, que se realiza cada año, es para el día a día", explica Enrique Montoya, profesor de tercero de Bachillerato del Colegio Menor.

Insiste en "que la asignatura termine aburrida o divertida depende del profesor, y puede ser enganchadora durante todo el año lectivo".

¿Cómo? La respuesta a su pregunta la ofrece el propio Montoya: "Motivando y transmitiendo conocimientos no tan abstractos sino aplicándolos a la realidad; la mayoría piensa que la matemática solo es útil para pasar o perder el año".

Dicho esto ofrece algunas reglas básicas para que la matemática sea divertida. Una es que el alumno no debe tener miedo al profesor, y cuando el maestro entre al aula todos deben estar contentos.

Segundo, dictar menos, enfocar menos ejercicios rutinarios y aburridos. Tercero, tratar a los alumnos como amigos, eso es lo más importante. El cuarto punto, la materia hay que llevarla a la cotidianidad y no regirse solo por libros, textos y reglas. Y quinto, enseñar con estrictez y profundidad.

Montoya cree que "la matemática no necesita de grandes laboratorios, solo de la creatividad e ingenio del maestro, y que los padres de familia se involucren en la enseñanza de sus chicos".

Haga click aquí para ver la infografía.

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