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Babahoyo, recinto Crespín. Ángel, el hijo menor de la familia Ortega Villacís, se baña en un charco de agua lodosa. El niño de 4 años a ratos tiene fiebre y el sarpullido cubre parte de su cuerpo.

Samborondón, recinto Guachapelí. El agua ingresó a la casa de William Torres. Por varios días sus nietos tuvieron diarrea.

Salitre, recinto Montemono. Para llegar hasta ahí, las hermanas Beatriz (11 años) y María López (4) atraviesan un camino cubierto por agua. Hace dos meses tienen gripe y tos. Por días los síntomas pasan, pero no desaparecen.

Guayaquil, vía a Daule. Los tres hijos de Sonia García tienen tos y fiebre. La madre cuenta que están en contacto con las inundaciones porque viven al pie de un río.

Si bien estos sitios son distantes tienen algo en común: la fuerte estación invernal. Las inundaciones y desbordamientos de ríos han causado estragos en 12 provincias. La alerta va más allá de los daños físicos, pues hay una proliferación de varias enfermedades.

La mezcla del agua para consumo y aseo con otra de tipo residual y de la lluvia es la principal causa. Gustavo Bretas, asesor de vigilancia sanitaria y control de enfermedades de la Organización Panamericana de Salud, explica que los charcos contaminados son el sitio ideal para el desarrollo de virus, bacterias y parásitos.

A esto se suma la variación de temperaturas, con momentos del día soleados y luego fuertes precipitaciones. Eso aumenta la agresividad de los microorganismos. Y es el origen de tres males que se repiten con frecuencia en estos días: la leptospirosis, la influenza y las patologías diarreicas.

El infectólogo Francisco Andino explica que el virus de la influenza está atacando con más fuerza de lo normal. A más de fiebre, estornudos y secreción nasal se presenta con vómito y diarrea. “Incluso hay varios casos de la influenza de tipo AH1N1”. Los cuadros más crónicos de la gripe estacional pueden transformarse en neumonías o bronquitis si no reciben un tratamiento a tiempo.

De la leptospirosis ya casi no se hablaba. Pero en este invierno ya se detectan varios enfermos en áreas rurales y suburbanas.

La infectóloga Carmen Soria aclara que el origen de este mal es la bacteria leptospira, que se aloja en tracto renal de varios animales. “Por eso, si hay inundaciones y el agua se mezcla con la orina de ratas, perros, vacas, cerdos y otros, se transmite fácilmente”. La leptospirosis puede causar desde fiebre, conjuntivitis y cefalea hasta insuficiencia hepática y meningitis.

Sin duda los niños son los más vulnerables, en especial a las patologías diarreicas. La infectóloga y pediatra Greta Miño aconseja tener control en el agua que se ingiere para evitar infecciones por parásitos y gastrointestinales (como la salmonelosis). “También hay que tener cuidado en lavar y cocer bien los alimentos”.

La Organización Mundial de la Salud reporta que el 88% de los males diarreicos es causado por el suministro de agua no apta para el consumo y por falta de saneamiento e higiene.

Para el infectólogo Washington Alemán, las inundaciones son solo una pequeña muestra de las enfermedades que pueden aparecer cuando el nivel del agua baje. El especialista advierte que hay que prepararse para lo que vendrá después. “Hay que tomar medidas. Cuando bajen las aguas habrá un estado de putrefacción de los elementos orgánicos que empeorará las condiciones sanitarias de los sitios afectados”.

Actualmente, según cifras de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, hay unas 89 000 personas afectadas por las lluvias y cerca de 6 000 evacuados.

Jhonny Real, director de Epidemiología del Instituto Nacional de Higiene, afirma que la clave para evitar las patologías invernales es tener un especial cuidado con el tratamiento del agua que se consume en casa. Aconseja hervirla o agregarle cloro y usar continuamente botas o zapatos para evitar estar en contacto con los charcos contaminados.

Sin embargo, estas medidas se cumplen a medias. Según el Censo del 2010, el 40,3% de la población del país hierve el agua antes de tomarla, el 33,5% la bebe tal como llega al hogar, y apenas el 21,9% cuenta con recursos para comprar agua purificada.

Consejos  para disminuir el impacto de los  males invernales   

Consuma agua segura  para beber y  preparar  los alimentos aplique  métodos  de purificación para eliminar    los  microbios.   
 
Consejos  para disminuir el impacto de los  males invernales   

Consuma agua segura  para beber y  preparar  los alimentos aplique  métodos  de purificación para eliminar    los  microbios.   
 
Cuando almacene      el agua en un reservorio  déjela que repose por un par de horas. Así se quedarán en el fondo  todos  los residuos.  Luego, sin   mezclarla,  cámbiela a otro recipiente.    

Hervirla es una buena  medida.   Cuando alcance una temperatura de 80 a 100 grados centígrados, déjela que siga   hirviendo  por 5 ó  10  minutos más
para purificarla.    

El cloro es otra  opción. Por cada  litro de agua agregue   seis gotitas de cloro para consumo humano. Tome en cuenta  la dosificación de cada tipo de cloro.   
Una técnica  novedosa es   colocar agua en botellas plásticas.  Exponerlas  al sol por unas seis horas,   y sobre una superficie metálica,   esto ayuda a depurarla.      

Utilice agua segura  para lavarse las manos. Si tiene contacto con agua contaminada procure enjuagarse constantemente   con agua limpia  para evitar la acción de los microbios.      

Al momento  de cocinar  limpie  bien   la    mesa,   los platos y  utensilios. Unas  gotitas de vinagre en el agua   ayudan a desinfectar frutas, verduras    y vegetales.    
 

Para evitar   el  contagio por influenza, tápese nariz y boca al   toser o  estornudar.  No se  automedique y   busque ayuda médica.  Repose y tome   líquidos.   
 
Evite dejarlos      alimentos   a temperatura ambiente  por más de dos horas,     pueden descomponerse. Mantenga  la comida caliente y consúmala    inmediatamente después de cocinarla.   

Cuando almacene      el agua en un reservorio  déjela que repose por un par de horas. Así se quedarán en el fondo  todos  los residuos.  Luego, sin   mezclarla,  cámbiela a otro recipiente.    

Hervirla es una buena  medida.   Cuando alcance una temperatura de 80 a 100 grados centígrados, déjela que siga   hirviendo  por 5 ó  10  minutos más para purificarla.     

El cloro es otra  opción. Por cada  litro de agua agregue   seis gotitas de cloro para consumo humano. Tome en cuenta  la dosificación de cada tipo de cloro.   
Una técnica  novedosa es   colocar agua en botellas plásticas.  Exponerlas  al sol por unas seis horas,   y sobre una superficie metálica,   esto ayuda a depurarla.      

Utilice agua segura  para lavarse las manos. Si tiene contacto con agua contaminada procure enjuagarse constantemente   con agua limpia  para evitar la acción de los microbios.      

Al momento  de cocinar  limpie  bien   la    mesa,   los platos y  utensilios. Unas  gotitas de vinagre en el agua   ayudan a desinfectar frutas, verduras    y vegetales.    
 

Para evitar   el  contagio por influenza, tápese nariz y boca al   toser o  estornudar.  No se  automedique y   busque ayuda médica.  Repose y tome   líquidos.   
 

Evite dejarlos      alimentos   a temperatura ambiente  por más de dos horas,     pueden descomponerse. Mantenga  la comida caliente y consúmala    inmediatamente después de cocinarla.   



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