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Dos juicios penales que prescribieron hace 9 años. 15 demandas rezagadas en los escritorios de la Corte de Justicia. Un caso que pasó por ocho jueces. 42 cuerpos legales, almacenados en la bodega del Palacio de Justicia de Guayaquil, guardan el sacrificio por el que pasaron 21 personas. Empezó en 1995, cuando contrajeron el virus del VIH en la clínica de Galo Garcés Barriga, adonde asistían a hemodiálisis.

Para las familias de los afectados, el ajetreo entre hospitales y juzgados comenzó hace 16 años. “Llegaron por alivio y encontraron la muerte”, dice Betty Valdivieso, hija de Luis Valdivieso. Su padre encabezó la lucha en busca de justicia. Y fue ella quien planteó una de las primeras demandas contra Garcés Barriga, por negligencia médica.

En su libro, Carlos Mora -la última víctima- describe el sitio donde se inició la desgracia para él y sus 20 amigos. Era una sala angosta, en la clínica particular de Garcés. Apenas cabían 4 máquinas para hemodiálisis, según su texto.

En 1994, el centro de Garcés firmó un convenio con el Seguro Social para atender a los afiliados. También atendía casos como el de Carlitos, enviado desde el Hospital Francisco de Ycaza.

Pero en 1995 comenzaron las irregularidades. Luis Valdivieso no vivió para dejar su testimonio. Murió en septiembre de 1996. Pero su amigo Roy Loor, que murió en 1999, tuvo tiempo para denunciar. “Pude comprobar que los filtros eran lavados por las enfermeras y un frasco de heparina (anticoagulante) era usado para todos, con la misma jeringuilla”.

En las viejas fojas de los juicios, Garcés Barriga relató que en enero de 1996 recibió una llamada del hospital del IESS. “Me informaron que Antonio T., quien fue dializado en mi centro en 1995, había fallecido con sida”. Entonces llamó uno a uno a sus 21 pacientes para decirles la noticia. Poco después fue detenido.

Laura Villaprado viuda de Haroldo Saltos, otra víctima, fue testigo de su captura e incluso estuvo en la penitenciaría, en donde Garcés estuvo varios meses. “Se hallaba en una celda chica, entre unos 30 presos. Un policía lo sacó a una oficina y cuando entró me tocó el hombro. Sentí asco”.

Con el paso del tiempo el juicio se estancó. En enero de 1999, Garcés fue liberado, porque caducó la prisión preventiva. También se libró de cargos a su hijo, Galo Garcés Lituma, y a otros 4 médicos. En el 2001, la fe de los demandantes se derrumbó con la prescripción del juicio.

Rafael Esteves, abogado de los demandantes, recuerda que el médico desapareció. Un reportaje del Miami Herald reveló que Garcés L. trabajaba en el Jackson Memorial Hospital. “Pedimos su extradición, pero la negó el presidente de la Corte de ese tiempo, Galo Pico Mantilla”.

La muerte de Carlitos Mora, reaviva las voces para pedir la extradición de Garcés. “Queremos justicia”, dice Betty Valdivieso.

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