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Incisiones mínimas, recuperación rápida y menor tiempo en el quirófano. Estas son algunas de las ventajas de las cirugías laparoscópicas sobre las tradicionales. En el país, donde se contabilizan 300 cirujanos dedicados a estas intervenciones, según la Sociedad Ecuatoriana de Cirugía Laparoscópica, se utiliza esta técnica para extirpar vesículas y apéndices, corregir hernias y en las cirugías bariátricas.

La laparoscopia, además de entrañar los riesgos de cualquier cirugía, tiene complicaciones inherentes a la exploración que se hace con una diminuta cámara y microaccesorios que son manejados desde fuera por los cirujanos. Entre los problemas se cuentan la perforación de intestinos o de los grandes vasos (aorta, vena cava e ilíacas) y las lesiones en las estructuras propias de la cavidad abdominal como el hígado.

En el inicio de la cirugía hay riesgo tanto si el cirujano introduce primero la aguja de Veress (que da paso al gas, generalmente dióxido de carbono, que hincha el abdomen) o si se introduce directamente el trocar (tubo que permite meter el laparoscopio y los otros artefactos necesarios para maniobrar dentro de la cavidad).

Los cirujanos que se dedican a la laparoscopia han aprendido técnicas y tienen herramientas para reducir el riesgo en el abordaje. “A veces es más seguro hacer la punción por el lado izquierdo del tórax, donde no está el hígado, o utilizar trocares con puntas automáticas que se detienen después de perforar la aponeurosis (una variedad de tendón que une los músculos) y el peritoneo (membrana que envuelve la mayor parte de los órganos del abdomen) y no dañan los órganos”. Esto lo explica Mercedes Almagro, cirujana con experiencia de 11 años en operaciones laparoscópicas y experta en corregir hernias con esta técnica quirúrgica.

“Con la aguja de Veress solo hay peligro si el paciente tiene adherencias causadas por cirugías previas y sus órganos se encuentran pegados a la pared abdominal. En todo caso hay parámetros para prever esto antes de la cirugía”.

Fernando Flores, presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Cirugía Laparoscópica, señala que las complicaciones “son circunstancias infrecuentes” y aporta la evidencia científica de que se produce una por cada mil procedimientos de este tipo.

Los cirujanos consultados coinciden en que en cada intervención laparoscópica participan entre dos y tres cirujanos, más el anestesiólogo, el instrumentista y el circulante, que es la persona que se mueve entre el área esterilizada y el lugar de aprovisionamiento de insumos médicos.

Cada cirujano tiene una función durante la operación. En la manga gástrica, por ejemplo, uno de los especialistas manipula el laparoscopio, otro mantiene el hígado separado del área de intervención y el más experimentado secciona el estómago.

Más allá del abordaje, el paciente puede presentar un sangrado durante la cirugía por acciones como levantar uno de los órganos. Por eso se hacen los exámenes previos que determinan la idoneidad de un paciente para la cirugía laparoscópica.

Los cirujanos, sin embargo, están preparados para resolver los eventos imprevistos. “Todas las complicaciones se pueden resolver por vía laparoscópica, solo la perforación de los vasos mayores requiere la presencia de un cirujano vascular que hace nuevas incisiones para hallar la lesión y repararla”, dice el cirujano Flores.

Favio Carrera, cirujano vascular del Hospital Enrique Garcés, explica que el trauma de un gran vaso sanguíneo como la aorta tiene una mortalidad entre el 30 y 80%. “El cirujano general está entrenado para resolver el problema hasta que llegue el vascular. Nosotros identificamos el sitio de la lesión para hacer un ‘clampaje’, es decir, colocar los clamps que evitan el sangrado y luego suturamos la lesión”, explica. El problema es que muchas veces la anatomía de las personas hace que sea difícil llegar a los sitios de sangrado. “La vena cava y la aorta son de más difícil acceso”, asegura Carrera. “Y en cada latido pasa un vaso de sangre por esas venas mayores, por eso, si se perforan, se produce un sangrado mortal”.

Las complicaciones

El abordaje y la manipulación pueden perforar intestinos y otras estructuras de la cavidad abdominal como hígado y nervios. Pero estas se resuelven mediante la laparoscopia.    

La perforación de grandes bazos es infrecuente, pero sí ocurre es vital la presencia de un cirujano vascular que localice la lesión y la repare.   

Hay otras complicaciones postoperatorias como la infección de la cavidad peritoneal, que tiene una mortalidad del 5 al 10%. También está la peritonitis, que también ocurre en las cirugías abiertas.

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