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El Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), Solca y el Hospital de las Fuerzas Armadas se empeñaron en modernizar sus áreas de tratamiento oncológico y acordaron comprar aceleradores lineales, equipos que envían dosis precisas de radiación al tumor, sin afectar los tejidos sanos.

El IESS tomó la delantera e hizo una licitación en septiembre del 2009, mientras que el Hospital de las FF.AA. inició la compra en octubre del 2010 y Solca en junio del 2011. Pero el proyecto en el Seguro, a pesar de haber iniciado antes, todavía no es una realidad, mientras que el Hospital de las FF.AA. y Solca estrenaron sus aceleradores en julio pasado.

El proceso en el IESS

La compra en el IESS empezó el 18 de septiembre del 2009, con la licitación para adquirir tres aceleradores para los hospitales de Quito, Guayaquil y Cuenca, a un costo de USD 10,6 millones. Con ello, el Seguro Social buscaba sustituir los equipos de radioterapia de cobalto, cuya vida útil terminaba en el 2010.

El recambio en el IESS también era necesario porque los equipos de cobalto son cada vez menos atractivos para la terapia del cáncer. Estos irradian el tumor desde varios ángulos y es difícil aislar los tejidos y órganos sanos. Los aceleradores lineales, en cambio, concentran la radiación en un solo punto y alcanzan tumores profundos con mayor precisión.

Los aceleradores lineales debían entregarse en septiembre del 2010, para evitar que los pacientes del IESS se quedaran sin este servicio. Pero hasta la fecha no han sido instalados.

Esto provocó que los pacientes fueran enviados a centros privados, lo cual genera un gasto al IESS que en el 2011 fue de USD 24,9 millones; esto es, más del doble de lo que costaba la compra y puesta en operación de equipos.

El proceso fue objeto de un examen de la Contraloría. Este organismo determinó que el IESS cometió graves errores en la adquisición de estos equipos. Uno fue comprar estos aparatos sin contar primero con el espacio físico para ubicarlos. Ello fue una “irresponsabilidad”, dice el informe del organismo de control.

Ramiro González, titular del Consejo Directivo del IESS, dijo en mayo pasado que retrasos en los permisos demoraron la construcción de los búnkeres. Por ejemplo, señaló que esperaron hasta 11 meses por el aval de la entonces Scian, actual Subsecretaría de Control y Aplicaciones Nucleares (Scan).

Sin embargo, en junio del 2008, es decir, un año y tres meses antes de la licitación para la compra de los equipos, Fernando Checa, el ex jefe de Oncología del Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM) y otros médicos, ya advirtieron que se “quiere adjudicar los equipos sin tener preparada el área física”, lo que debe tomar un tiempo estimado de un año.

Eduardo Rubio, director de Auxiliares de Diagnóstico y Tratamiento del HCAM, explicó que los tres búnkeres están terminados y este mes empezó la instalación del primer acelerador en Guayaquil. Una vez calibrado este equipo, los técnicos instalarán el segundo acelerador, que hoy está en las bodegas de Almesa, en Quito, y el tercero en Cuenca.

La calibración es un proceso complejo, por lo que se prevé que los aceleradores estén operativos al 100% recién entre diciembre próximo y enero del 2013.

“Construir los búnkeres tiene su complicación por el tema de lograr los permisos”, insistió Rubio. Pese a las demoras, cree que la unidad de Radioterapia del IESS será una de las más modernas del país y permitirá brindar servicios, incluso, a la red pública. “Los convenios firmados con el Ministerio de Salud plantean la posibilidad de que brindemos atención a la parte norte del país”.

Sobre el avance en otras casas de salud, Rubio señaló que los equipos que el IESS está instalando son de mayor complejidad. Un acelerador de más baja energía está ya instalado en el HCAM y podría operar entre octubre y noviembre próximos, indicó.

El acelerador de las FF.AA.

El Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas inició la compra de un acelerador lineal el 22 de octubre del 2010, con un techo presupuestario de USD 1 millón. Para noviembre de ese año se hizo una negociación con la empresa Genelekta, que vendió el equipo por USD 1 041 600 (incluido IVA).

El arribo del acelerador al Hospital Militar, que estaba planificado para junio del 2011, también tuvo retrasos. Doris Tello, jefa del equipo médico de esta casa de salud, explica que el tsunami de Japón, que desató la crisis nuclear en Fukushima, cambió las normas del tratamiento de equipos que emiten radiación y esto les afectó. “Nosotros teníamos un equipo de cobalto y la ex Comisión Ecuatoriana de Energía Atómica dispuso que enviáramos la fuente de energía del equipo de vuelta al origen. La empresa que nos vendió el acelerador se ocupó de todo y tuvo que hacer varias gestiones para enviar la fuente de energía hasta Canadá; esto se hizo en agosto del 2011”, explica.

Pero con todos estos inconvenientes, en septiembre del 2011 arrancaron los trabajos para adecuar el búnker que el hospital ya tenía; básicamente se aumentó el grosor de las paredes y se reforzaron los pisos y cimientos, siguiendo las normas de la ex Scian.

Para finales de año estuvieron listos para recibir el acelerador lineal y la instalación terminó en febrero de este año. Luego se necesitaron cuatro meses más para la calibración del equipo y las pruebas necesarias antes de recibir a los pacientes.

El 1 de julio pasado empezaron a atender a los afiliados al Instituto de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas y actualmente una decena de personas recibe radioterapia en el Hospital Militar. “Aspiramos a atender a 40 pacientes diarios más adelante y a apoyar a las unidades del Ministerio de Salud”, dice Edwin Cevallos, oncólogo de la unidad .

Radioterapia privada

Actualmente los hospitales privados de Solca y del Metropolitano socorren a los pacientes de las unidades públicas que requieren radioterapia, tanto los que deriva el IESS como los que pertenecen al Programa de Protección Social del Ministerio de Salud.

Del promedio de 150 pacientes que Solca recibe a diario, un 50% viene de la red pública. Y de los 25 que llegan al Metropolitano, la mitad también llegan por los convenios que existen con las unidades públicas de salud.

Solca tiene tres aceleradores lineales y el Hospital Metropolitano uno para atender la demanda. El área de Radioterapia del Hospital Oncológico Solón Espinosa Ayala es la más completa del país. El último acelerador está operando desde el 18 de julio y se invirtió en su compra USD 1 332 128, dinero que fue donado por el Banco Pichincha.

El proceso de adquisición arrancó en junio del 2011, con lo cual tomó un año y un mes concluir con la compra y la puesta en funcionamiento de este equipo.

A diferencia del IESS, el búnker para el tercer acelerador de Solca ya estaba construido, con lo que fue necesario hacer la instalación de la red eléctrica de alta tensión y el reforzamiento de las paredes con plomo (para evitar que la radiación se filtre). Las obras arrancaron en julio del 2011 y el equipo llegó el 3 de abril de este año. Tras la instalación se capacitó al personal y se empezó a atender.

El equipo todavía no se instala en Guayaquil

El 9 de mayo pasado,  el titular del Consejo Directivo del IESS, Ramiro González, recorrió el flamante búnker del Hospital Teodoro Maldonado Carbo, del Seguro Social, en Guayaquil.

En un efusivo discurso -desde el interior de una de las salas- afirmó que en cinco meses estaría funcionando el acelerador lineal, para el tratamiento de radioterapia contra el cáncer.

Incluso mencionó que estaría operando en un tiempo récord, en comparación con la instalación del acelerador que había realizado Solca. Han pasado más de tres  meses de eso y las máquinas siguen en cajas y el búnker luce semivacío, sin mobiliario ni computadoras.

El  personal de la empresa Jon & Die Medical  desembarcó el pasado 14 de junio los equipos  en el hospital (el acelerador  digital dual marca Elekta, un planificador de radioterapia, un sistema de dosimetría y un kit  de accesorios de radioterapia).

Pero hasta el  miércoles    pasado, los técnicos contratados para la instalación permanecían sentados en los bordillos de las jardineras que rodean la estructura de cemento. El director del Teodoro Maldonado, Francisco Ceballos, dijo que  Jon & Die Medical tiene hasta octubre para cumplir su contrato. “No tengo una fecha exacta, esto no es cuestión de prender un radio… Si no cumple la fecha del contrato,  la empresa deberá comenzar a pagar multa por mora”.

Ceballos, quien fue notificado como nuevo administrador del contrato del acelerador lineal, dijo que solicitó a la firma proveedora un cronograma sobre el proceso de instalación. “Esperemos   que en esta semana (la semana pasada) me entreguen esa información”.
Redacción Guayaquil.

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