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El edificio de ochos pisos del hospital del Seguro Social de Imbabura resalta entre las casas bajas de Ibarra, de techos de teja y jardines. En la edificación, de paredes amarillas y vidrios oscuros, construida hace 25 años, funcionan solo cuatro pisos. El resto permanece bloqueado.

Un gran letrero dice: “Gracias Ecuador por confiar en el IESS”. La publicidad está sobre las cuatro últimas plantas que no operan. “Vamos a rehabilitar desde el quinto al octavo piso para mejorar nuestra capacidad”, dice Édison Cadena, director del hospital.

Sin embargo, los pacientes se sienten incómodos. Nelson Rea, por ejemplo, esperó cuatro meses para una operación quirúrgica de su rodilla derecha. Este ibarreño, de 60 años, tenía una cirugía prevista para el 15 de junio. Pero la jubilación del médico tratante obligó a aplazarla. Rea, de pelo blanco y cejas abultadas, no se desanimó por el diagnóstico de otro galeno. La recomendación: esperar un año más para la intervención.

Pero el dolor de rodilla de este empleado particular aumentó a los pocos días. Por ello hizo una tercera consulta en el mismo hospital. El galeno determinó que los huesos de la rodilla rozaban por el desgaste del cartílago y confirmó la necesidad de practicar una cirugía. Entonces, Rea ingresó en la lista de espera para la implantación de una prótesis.

Vicente Muñoz, director del IESS, de Imbabura, reconoce que la demora en las cirugías, de dos o tres meses del hospital en tres áreas, no es un buen indicador. El mayor número de pacientes proviene de cirugía general, urología y traumatología.

El espacio preferido de Muñoz es la sala de reuniones, donde siempre recibe visitas. La sala tiene una mesa rectangular rodeada de sillas. Una pared de aluminio la divide de su despacho.

El centro de salud de segundo nivel sirve a 47 200 afiliados activos, 10 000 jubilados y 33 029 miembros del Seguro Campesino de Imbabura. Sin embargo, también atiende a asegurados de las provincias de Esmeraldas, Carchi y Sucumbíos.

Según Muñoz, la demanda de la región norte se debe a que en esas provincias no hay una infraestructura similar a la de Imbabura. Por ejemplo, en Tulcán el IESS tiene un hospital del día para atender casos emergentes y cirugías menores.

En el primer semestre de este año se atendieron en el hospital de Ibarra 647 afiliados del Seguro Campesino. Fueron remitidos de los 43 dispensarios médicos de Imbabura y de Carchi.

Las especialidad de gastroenterología, otorrinolaringología, traumatología y urología son las de mayor demanda.

El diseño original del edificio rectangular había proyectado seis pisos para hospitalización, uno para administración y el último para máquinas. Los tres pisos abiertos, con capacidad de 75 camas, ocupan el 80%, según informe de la Dirección Nacional del IESS. Hasta el 2009, operaba un solo piso de hospitalización.

En la segunda planta asilan a pacientes de siete especialidades, entre ellas, neurología, cardiología, medicina interna... La capilla, cuyos pisos son de mármol, está vacía.

El tercer piso ocupan pacientes de cirugía. Los de traumatología son hospitalizados en el cuarto piso, habilitado desde enero de este año. Dos ascensores, de los tres existentes, están habilitados, entre los dos tienen capacidad para 23 personas. Uno es para camillas. Rea ingresó por uno de los ascensores el 4 de agosto último, tras realizar varios trámites.

42 médicos tratantes y 18 internos trabajan aquí. En total son 380 personas, sumado el personal de enfermería y de apoyo.

Muñoz, quien dirigió ese hospital en varias ocasiones, la última vez en el 2008, señala que algunos tratamientos en especialidades, como endocrinología y dermatología, se vuelven difíciles de atender por la alta demanda.


El área hospitalaria

El IESS contrató  por USD 220 000  la reconstrucción del quinto al octavo pisos. También hay un proceso de adquisición por USD 2  millones de equipos para quirófanos y la implementación del área de cuidados intensivos.

Por sugerencia de la  Contraloría se trabaja en la implementación de una sala de neonatología, que tenga termocunas y ventiladores mecánicos. Hoy, hay una sala de corta estancia. En el segundo piso  ingresan pacientes de neurología, cardiología...

Cada día un paciente es enviado a Quito

Apenas un médico atiende en las especialidades de traumatología, gastroenterología, endocrinología,  dermatología... por el alto número de pacientes: cada médico, a cuatro por hora. De eso da fe Nelson Rea, quien acudió con insistencia al hospital a pesar de su dificultad para caminar.

En el caso de endocrinología, el médico trabaja seis horas y no alcanza a tratar a todos los pacientes. El año pasado, 7 748 pacientes se atendieron en esa especialidad. Sin embargo, el mayor número, es decir, 3 660 personas fueron examinadas en el servicio de Emergencia.

Es por ello que los casos más graves se remiten a Quito, porque las clínicas particulares que tienen convenio con el IESS no cuentan con esa especialidad.

Una fuente del hospital, que pidió no ser nombrada, precisó que diariamente un paciente es remitido al hospital Carlos Andrade Marín, en Quito. Hay días en que llegan a dos. En el mes son enviados entre 30 y 50 pacientes. Las personas enviadas tienen casos de diabetes, cáncer y cardiología. Ellas necesitan tratamiento y exámenes que en Imbabura no se ofrecen. Según Édison Cadena, director del hospital, la alta demanda por citas médicas también genera dificultades. Los turnos que se obtiene por línea telefónica pasaron de 250 a 550 turnos por día, desde que se estableció el sistema de citas.

El Director, quien despacha desde una pequeña oficina del primer piso,  comenta que hay pacientes  de  dermatología y endocrinología que tienen turnos para enero. Sin embargo, Liliana Suárez intentó obtener desde hace tres meses una cita para ginecología pero no ha tenido suerte.


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