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Tanya Ramos llegó ayer, a las 09:00, al hospital San Luis de Otavalo, en la provincia de Imbabura, con su hijo de 2 años. Buscaba al pediatra José Terán para explicarle que el niño tenía vómito y fiebre.

La indígena otavaleña conocía al médico. Es por eso que se sentó en una de las bancas junto a 32 personas que esperaban turno en el área de Pediatría. Un letrero escrito con un marcador negro, ubicado en el dispensario 2, tenía el nombre de Terán, a pesar de que fue despedido hace 12 días.

En ocasiones anteriores Terán había ayudado al hijo de Tanya Ramos. Sin embargo, a las 10:45, la mujer vestida con anaco y blusa bordada, que tenía al niño en sus brazos, se enteró que su médico de confianza ya no laboraba en esta casa de salud.

Igual suerte corrieron el cirujano Gonzalo Jaramillo, tres enfermeras y una funcionaria administrativa de ese hospital. Así lo confirmó ayer Andrés Vinueza, director del hospital San Luis.

También dijo desconocer las causas por las que las seis personas fueron removidas. Pero argumentó que ayer, a las 11:00, ya fueron reemplazados con galenos contratados temporalmente.

Tanya Ramos lamenta que José Terán, el único médico indígena, ya no esté más. Ella sentía confianza porque podía explicarle los problemas de salud en quichua. “Era amable y trataba bien a las personas”, asegura, refiriéndose al único médico bilingüe que había en la institución.

Actualmente hay 52 doctores que, según Vinueza, deberían hablar quichua.

El doctor José Terán, nacido hace 39 años en la comunidad de Peguche, incluso dirigió este hospital. En su paso hizo énfasis en el modelo de atención intercultural. Hace tres años, por ejemplo, dispuso que todos los rótulos, como información, dirección, baños…, sean escritos no solo en español sino también en quichua. “Nuestra idea era darle calidez y visibilizar a la población indígena”, explica Terán.

La política de integración entre indígenas y mestizos se torna vital en el cantón Otavalo, en donde el 52% de los 104 874 habitantes es indígena. Otra de las huellas de la administración de Terán es la implementación del parto vertical, a cargo de 13 parteras indígenas.

En el primer semestre de este año, el hospital San Luis atendió 18 431 pacientes. De esa cifra el 40% corresponde a población indígena, asegura el Director. Pero, sumados los pacientes de los 14 centros y subcentros del cantón, la atención a indígenas sube al 51%.

Otra de las sorprendidas por los despidos de los médicos es Juana Velásquez. La indígena de 52 años llegó ayer desde la comunidad de Pucará con los exámenes solicitados, hace un mes, por el cirujano Gonzalo Jaramillo.

Juana Velásquez quería saber si necesitaba una cirugía. Pero se decepcionó al ser remitida a otro médico.

Para Andrés Vinueza, director, el despido de sus colegas va a incidir en los índices de atención del hospital. En el caso de Jaramillo asegura que realizaba entre 8 y 10 cirugías diarias.

“Hacía procedimientos quirúrgicos avanzados que están sobre nuestro nivel de atención (básica)”. José Terán dejó la renuncia obligatoria en manos de un abogado. Entre tanto, ahora prefiere ayudar al negocio familiar de elaboración de artesanía.

Testimonio  
Dr. José Terán /   Médico Pediatra
‘Con la renuncia nos estigmatiza’

A inicios de este Gobierno apoyé a la administración de Salud. Durante tres años estuve al frente del hospital San Luis de Otavalo. Más tarde, por un concurso de méritos y oposición ingresé al hospital como médico tratante de Pediatría. En esta área laboré 17 meses hasta que me despidieron.

El 28 de octubre, a las 15:30, al salir del consultorio para acudir a atender a un paciente en la Sala de Emergencia fui abordado por personal del Ministerio de Relaciones Laborales. Los funcionarios, acompañados por policías, me dijeron que en ese momento debía abandonar el hospital porque estaba cesado en mi función.

En la última evaluación que me hicieron las autoridades del hospital obtuve una calificación de 89,3 sobre 100 puntos.

Creo que el Gobierno tiene toda la intención de mejorar los servicios públicos, pero lastimosamente se equivocó.

Hasta ahora no me dicen cuál fue la causa para despedirme del trabajo. Es necesario que se me informe sobre el motivo de mi separación.

Yo tenía un contrato para trabajar ocho horas, pero había días que trabajaba más. Los fines de semana también estaba pendiente en casos de emergencia o de pasar visitas a pacientes asilados en el hospital. Por ello me sorprendió que me despidan.

Lamento que con esta renuncia obligada el Gobierno nos estigmatiza a todos. Las autoridades se refieren a los profesionales despedidos como gente vaga o corrupta. Eso es lo que más me preocupa  porque yo no soy así.

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