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La estructura del hospital de Daule simula un antiguo mercado. Techo de zinc, angostos corredores, ductos con rejillas al ras del piso.

Comenzó como un centro de salud en 1971. Hoy, bajo la administración del Ministerio de Salud, ocupa una esquina en la calle 9 de Octubre, junto a la vía Daule-Santa Lucía (Guayas).

Por su ubicación no solo presta atención a los 83 844 habitantes del cantón Daule, sino también a poblados aledaños de Nobol, Salitre, Santa Lucía y Pedro.

A diario registra unas 200 consultas, en medio de limitaciones: faltan médicos, fármacos, solo hay dos quirófanos básicos, 10 camas para hospitalización y en Emergencia no hay equipos.

Marina Morales madrugó para su terapia respiratoria. A las 09:00, el cubículo donde apenas hay dos tanques con oxígeno, un chailón y un afiche del presidente Correa con una máscara antigás, el 30-S, estaba cerrado.

Y aunque las estanterías de la farmacia del hospital lucen repletas, hay un desfile de usuarios con recetas por las boticas cercanas. A María López solo le dieron 10 tabletas de paracetamol, afuera tuvo que comprar diclofenaco, amoxicilina y ampicilina.

Pero no solo los pacientes hablan de las falencias. También lo reconocen sus autoridades, aunque el director Franklin Medina las justifica en parte. “Este hospital es básico, atiende emergencias con limitaciones… Cabe anotar que yo apenas tengo 15 días en este hospital, soy nuevo”.

Rosa Magallanes vivió de cerca las limitaciones. Adolorida, con rasguños en su rostro y brazos, esperó junto a la puerta de Emergencia por más de una hora.

El fin de semana un motociclista la embistió. Después de la larga espera, una enfermera le dio una explicación: “No hay guantes ni gasas; tiene que esperar”.

Enojada, su prima María Torres criticó la lentitud del servicio. “Hay que venir con las tripas afuera para que lo atiendan rápido”. Al instante llegó un hombre con una puñalada en el vientre, pero también tuvo que aguardar.

Adentro, una secuencia de biombos descoloridos marca varias divisiones. Hay cuatro camas, dos tanques oxidados con oxígeno, un charol de parto y un polvoriento equipo de reanimación cardiopulmonar (RCP).

Esa sala fue la primera parada del doloroso recorrido de Roberto Quimís, quien sufrió un accidente en moto. Ahora la Fiscalía investiga su muerte y por qué no fue atendido en los nueve centros médicos por donde pasó.

Medina recalca que el hospital no cumple las condiciones para atender a un paciente grave, por ejemplo, con un traumatismo craneoencefálico. En la sala de Urgencias hay un cartel con la escala de Glasgow. Es la guía que tienen los jóvenes médicos del lugar para detectar la gravedad de pacientes con problemas neurológicos.

Entre sus primeras gestiones, el director hizo un informe de necesidades, como un centro de trauma con cirugía las 24 horas. “Aquí hay muchos accidentes de tránsito”. Hasta marzo Daule registra 79 heridos y 11 muertos en accidentes, según la Comisión de Tránsito del Ecuador.

Para esos cambios el hospital requiere USD 2,5 millones, casi todo su presupuesto anual (USD 2,6 millones). Ese informe reposa en el computador de Medina. En la pantalla resalta la foto de Rafael Correa, sonriente en su sillón en Carondelet.

El pasado sábado, el Mandatario no lucía sonriente cuando habló de este hospital. Enérgico, pidió sanciones y que se investigue lo que sucedió con Quimís.

El cuestionamiento del Presidente fue la falta de un sistema informático para derivar pacientes. El lunes, en Emergencia, Carlos Franco observó sus dos radiografías. En una pelea le fracturaron la nariz y requiere una cirugía. “Me mandaron al hospital Guayaquil, pero sin una orden”.

Algo similar vivió Narcisa Alvarado. Su madre sufrió una trombosis y la enviaron a Guayaquil. “Fue un calvario, no hubo cama. Pedí que la traigan a Daule aunque sea a morir, pero en paz”.

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