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Más de un mes transcurrió desde el inicio del año lectivo en la Sierra y varios alumnos y maestros tienen dificultades para asimilar la reforma en el Bachillerato General Unificado (BGU).

La baja carga horaria en las materias de especialidad y la falta de libros son los principales problemas en Azuay.

Javier Narváez, de 16 años, de la Unidad Educativa La Salle de Cuenca, percibe más los cambios. Repite el primero de bachillerato y ahora tiene menos horas de clases de las materias de la especialidad que ofrece el colegio: físico matemático y químico biólogo. Su aspiración es seguir Medicina. Pero le preocupa no alcanzar una buena formación en el bachillerato para aprobar el ingreso a la universidad.

En el año lectivo anterior tenían ocho horas semanales de matemáticas, física y química. El nuevo sistema fija solo cuatro horas.

El BGU eliminó las especializaciones. En los dos primeros años, los estudiantes tienen conocimiento de todas las especializaciones en un tronco común de materias. Recién en el tercero de bachillerato optarán por un bachillerato técnico o en ciencias.

Según el vicerrector de La Salle, Abdilón Arciniegas, para dar énfasis a la especialidad aumentaron una hora más en matemáticas (tienen cinco) de las cinco horas para materias opcionales que establece el nuevo sistema. Las otras cuatro están entre Formación Religiosa y Anatomía y Biología.

Para Arciniegas, con ese panorama a partir de este año los alumnos verán solo el 50% de temas de la especialidad, con relación al año anterior. A él le preocupa que esto incida en la preparación de los bachilleres. Según estudios realizados en este plantel, el 95% de sus 180 bachilleres aprueba el ingreso a la universidad en las carreras más demandadas (medicina, arquitectura e ingenierías).

Para Paulina Campoverde, de 15 años, alumna de La Salle, otro problema es la mayor carga de materias (antes 10 y ahora 12) y eso implica más tareas. “Nos dan un poco de todo y de nada, que no me servirá de mucho en pregrado”. En sus planes está seguir Administración de Empresas.

Su compañero Adrián Salamea contó que, por ejemplo, casi nadie entiende Desarrollo del Pensamiento Filosófico, una materia nueva. “Es una mezcla de cosas”.

Para Arciniegas, eso se debe a que más de dos veces, en la página web del Ministerio de Educación, se cambió la malla curricular y les obligó a mover el instructivo de materias. Él también cuestionó que en la web del Ministerio no hay la bibliografía necesaria ni los temas específicos a verse en las distintas materias.

Su colega, Santiago Castillo, del colegio Benigno Malo, contó que les tocó estructurar los módulos sin material auxiliar.

Él es profesor de Lengua y Literatura y un mes después del inicio de clases sigue haciendo un repaso de todo lo visto el año anterior en décimo de básica.

Para su alumno, Darwin Urgilés, de 16 años, lo positivo del BGU es que la pedagogía es diferente. “El estudiante interactúa”.

Urgilés cree que hizo falta que los alumnos y maestros en conjunto estén en capacitación para enfrentar este nuevo reto.

Castillo coincide y sostiene que para la planificación didáctica y la programación de las materias solo les dieron lineamientos generales. Otra preocupación que tienen los alumnos de los dos colegios es que antes veían dibujo técnico, pero el BGU contempla la materia de expresión artística, una mezcla de todas las artes.

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