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Parece que Patricia Sacancela quisiera contener su corazón con las manos. Hace poco, su hijo de 9 años entró al quirófano del Hospital Baca Ortiz y ella no deja de presionarse el pecho con las manos. El pequeño está en la lista de cirugías de este 14 de marzo. Hace una semana que lo atropellaron y tiene una pierna rota. Patricia solo relaja las manos cuando escucha que preguntan por los familiares del niño José López.

El estado de emergencia en la Salud no soluciona los problemas de los hospitales públicos

Doctores, enfermeras y familiares de los pacientes de la casa de salud, son obligados a subir por las escaleras debido a que el ascensor sigue sin ser reparado. Fotos: EL COMERCIO

Le dicen que el cirujano no encuentra las radiografías de su hijo y que no le puede operar. Ella se ofrece para buscar al médico tratante y va de la segunda planta, donde están los quirófanos, a la sexta, donde está Traumatología. Como no encuentra al médico, va a la planta baja, donde funciona consulta externa, y finalmente lo consigue. Hace los recorridos por las gradas del hospital porque ningún ascensor sirve. Por la mañana subió y bajó las gradas para conseguir una camilla para llevar a su hijo desde el piso de Traumatología al quirófano.

Los testimonios de los pacientes dan cuenta de la situación del pediátrico de Quito, que todavía no resuelve sus problemas latentes como la falta de ascensores y las carencias en servicios como imagenología, pese a todos los anuncios del Gobierno. La caída de Nayelli Naranjo por el ducto de un ascensor dañado selló la suerte del ex ministro de Salud, David Chiriboga, apartado de la gestión de Salud el pasado 12 de enero.

Las culpas recayeron principalmente sobre las autoridades del Baca Ortiz, que también fueron removidas en enero. Y una nueva administración, encabezada por la genetista Catalina Vásquez, llegó al hospital para sacarlo de la crisis. Pero este impulso por mejorar la gestión del hospital ya se había visto antes, en enero de 2011, cuando arrancó la emergencia y se anunció que había USD 406 millones para arreglar los hospitales emblemáticos.

La consultora Gens Sapiens fue parte de la fórmula para cambiar los hospitales durante la emergencia, pero los resultados de su trabajo no son palpables, al menos no en el corto plazo. Lo que sí se conoce es que los consultores cobraron casi USD 1,4 millones -según el único informe que dio a conocer Salud en julio de 2011- por los estudios para cambiar la infraestructura de los hospitales.

Fabián Proaño, gerente de la consultora, sostiene que fueron USD 900 000 y que su trabajo de 16 meses consistió en “asesorar sobre el sistema de gestión hospitalaria”. Además, que los resultados corresponden a lo que el Ministerio decidió o pudo hacer”.

Esta firma empezó a trabajar con la Cartera de Salud en septiembre de 2010. Se le encargó el diagnóstico de los hospitales que más tarde fueron declarados en emergencia. En el caso del Baca Ortiz, hay un informe de diciembre de 2010 que indica que detectaron una veintena de problemas, como el mal estado de los equipos de rayos X, las 1 800 cirugías represadas en Traumatología, el déficit de 100 enfermeras y 32 médicos residentes, el deterioro de las tuberías e instalaciones de purificación de aguas servidas, y que en el hospital solo funcionaban tres de los siete ascensores.

Este informe fue la base de los pedidos que el pediátrico hizo apenas se decretó la emergencia. Un listado con más de 200 ítems necesarios fue remitido al
Ministerio de Salud, el 26 de enero. Entre ellos constan los equipos fijos y móviles de rayos X y los ascensores. Para gestionar todas las compras nació el proyecto Mi Hospital, que desde el principio fue gerenciado por José Oviedo, un funcionario del SRI que fue en comisión de servicios a Salud.

Mi Hospital formó comités de compras para analizar los pedidos de los hospitales y empezaron a calificar a los proveedores. Entre las compras más grandes estuvieron los dos hospitales móviles, que costaron USD 35 millones, y las 90 ambulancias, que se compraron en México y Brasil, por casi USD 10 millones.

Al Hospital Baca Ortiz y las otras unidades intervenidas llegaron, sobre todo, insumos médicos como guantes quirúrgicos, sondas, catéteres y artículos por el estilo. Los grandes pedidos fueron postergados y se privilegiaron los cambios en la infraestructura.

La emergencia sanitaria, mediante decretos ejecutivos, se postergó hasta julio de 2011. Para finales de agosto hubo un acuerdo ministerial que extendió indefinidamente la emergencia en 11 hospitales. Para entonces era conocido que solo se gastaron USD 103 millones de los 406 anunciados para la emergencia sanitaria.

En el Ministerio de Salud se empezó a estudiar la contratación de una nueva consultoría. La empresa española Globesalud recibió el visto bueno de Mi Hospital el 21 de septiembre de 2011 y un día después se discutía la oferta y se adjudicaba el contrato.

Globesalud firmó su contrato el 23 de septiembre por USD 1,2 millones. Doce expertos españoles se comprometieron a trabajar en la implementación del nuevo modelo de gestión en hospitales y brindar apoyo gerencial in situ para mejorar la atención.

Los directores de esta empresa se han negado a dar entrevistas, pero por su contrato se conoce que terminaron su labor el 15 de febrero y que dejaron varios manuales para mejorar la gestión.

El equipo de Globesalud, sin embargo, seguirá en los hospitales del país. La ministra de Salud, Carina Vance, confirmó que se ha firmado un contrato complementario con la consultora española por unos USD 800 000. Ella defiende el trabajo de esta empresa porque “está transmitiendo conocimientos a directores y gerentes de los hospitales” .

De la consultora Gens Sapiens la Ministra habla menos, pero asegura que el Ministerio contrata muchas consultorías, cuyos  logros dependen de las decisiones de  la institución.

 El Foro de la Salud Pública, integrado por  profesionales sanitarios, ha cuestionado el trabajo de Gens Sapiens porque desarmó equipos de trabajo dentro del Ministerio y los resultados de su gestión no son palpables.

De todos los  pedidos que hizo el Hospital Baca Ortiz apenas fue atendido un 11%. Ni siquiera se compró todo lo que se necesitaba para que empiecen a operar los nuevos quirófanos que abrieron en noviembre del 2011, tras once meses de construcción. Para el estreno se tuvieron que recuperar insumos  que estaban embodegados.
 
Catalina Vásquez, la nueva directora, prefiere no  hablar de la gestión anterior y tampoco conoce el trabajo de Gens Sapiens. Valora positivamente a Globesalud y asegura que para abril se colocarán los nuevos ascensores. En tanto, hace  todo lo posible por reparar el único ascensor,  que funciona de forma intermitente.

Destaca el cambio en consulta externa y asegura que se eliminaron las colas y que solo en Neurología, la especialidad con más demanda, se espera dos semanas por una cita.
 
Efectivamente, en consulta externa  ya no se ven filas en la calle porque el hospital  atiende desde las 06:00. Los padres  se acomodan con sus hijos y esperan cerca de una hora, para recibir un turno. No se escuchan quejas; hay empleados   que responden las preguntas con amabilidad.
 
Pero  la atención aún no es inmediata. La semana pasada, Maribel Tixilema recibió una  cita para finales de abril. Su hijo de 5 años tiene sinusitis y su madre buscaba que un médico le alivie.

Las deudas del Baca Ortiz

El servicio de Radiología del Hospital Baca Ortiz también ha servido para medir la gestión durante la emergencia. Los equipos, que tenían más de 25 años, colapsaron entre noviembre y diciembre de 2011 y las autoridades de ese tiempo optaron por hacer convenios con entidades privadas para seguir atendiendo a los pacientes.  

La Clínica San Francisco y el centro de imagenología del doctor Guillermo Montes prácticamente auxiliaron al hospital. La primera entidad recibía a los pacientes sin cobrarles nada, con el compromiso de cruzar cuentas más tarde. Y el doctor Montes dejó dos equipos de rayos X portátiles para que el hospital pueda satisfacer su demanda.

A fecha de hoy ninguno de estos servicios ha sido pagado. El monto de la deuda asciende a unos USD 20 000 y ninguno de los dos proveedores ha podido cobrar.
 
El  hospital ahora funciona con equipo de rayos X que no es suficiente para su demanda (unas 100 placas al día) y envía a sus pacientes al Hospital Eugenio
Espejo y a la Unidad Municipal del Sur. El tomógrafo, que sufrió tres bajas entre 2010 y 2011, por fallas en su instalación o desgaste de sus piezas, empezó a funcionar el 31 de enero de este año.  

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