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La educación ecuatoriana tiene tareas pendientes y los avances son mínimos. Los resultados de las evaluaciones a maestros y estudiantes confirman que el modelo aplicado no funcionó.

La formación de profesores para la educación básica (primero a décimo años) está a cargo de los 353 institutos normalistas o superiores. De esos centros proviene la mayoría de docentes del magisterio, aunque hay un porcentaje alto de bachilleres.

La formación de docentes para el bachillerato (primero a tercero) la realizan las facultades de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación. Ellas forman maestros con licenciatura y magíster. Hay casos para la docencia de todo el sistema, desde la parvularia hasta bachillerato.

En Ecuador hay universidades como la Central que tienen un sistema de tres semestres de estudios adicionales para los profesores que salen de los institutos superiores. Con esa modalidad mixta el profesor obtiene el título de licenciado. Según Enrique Ayala Mora, rector de la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito, este último sistema fue detectado como de bajo nivel.

En el 2008, el Ministerio de Educación (ME) convocó a la evaluación obligatoria de docentes, luego de que el llamado voluntario no tuvo acogida. La idea fue medir la formación y promover acciones didácticas-pedagógicas. Pero eso generó protestas de la Unión Nacional de Educadores (UNE) contra el Gobierno, del cual era aliada.

En mayo del 2009 se inició la Evaluación Obligatoria a docentes en ejercicio como parte del Sistema Nacional de Evaluación y Rendición Social de Cuenta. Incluyó la evaluación de conocimientos específicos y pedagógicos y habilidades. Hubo pobres resultados.

En el régimen Costa solo dos profesores de 2 570 obtuvieron sobresaliente, y en la Sierra 53 de 14 000. En su blog, la pedagoga, Rosa María Torres, señala que la evaluación –convertida en una batalla política más que una técnica- se hizo a costa de un gran descrédito del magisterio y la educación pública.

Otra tarea pendiente es mejorar el nivel de aprendizaje. En el Ecuador está vigente el Sistema de Medición de Logros Académicos (Aprendo) impulsado desde 1996. Son pruebas de rendimiento académico y de factores asociados dirigidas a los alumnos de tercero, séptimo y décimo año de educación básica.

La última evaluación se realizó en el 2007 en 56 111 niños. Fueron notas bajas (entre 5 y 7 puntos sobre 20) en lenguaje. En el país, las calificaciones no superan el 50% de respuestas contestadas correctamente en lenguaje y matemáticas.

El informe del ME señala que no hay mejoras en la calidad de la educación entre 1996 y 2007 si se consideran las calificaciones en matemáticas.

A nivel general, el régimen Sierra tiene un nivel superior frente a la Costa y los planteles particulares tienen mejor nivel.

Un análisis de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador sobre las pruebas ‘Aprendo’ revela que hay un deterioro del logro académico en matemáticas. Ese documento fue entregado al ME para la toma de decisiones en torno a proyectos y acciones de mejoramiento, dice Martha Grijalva, ex directora del proyecto.

Para ella, es preocupante el deterioro en asignaturas como matemáticas. Grijalva encontró factores de peso como un docente maltratado y esclavo de los textos. En la familia no hay un entorno propicio para el aprendizaje y el alumno está desmotivado y mal alimentado. Finalmente, falta continuidad de políticas.

Otro problema es el rezago estudiantil en educación media (tres años de bachillerato). El Movimiento Contrato Social por la Educación (CSPE), en su papel de vigilancia ciudadana, realizó un estudio.

Determinó que en el 2001 había cuatro millones de personas mayores de 15 años con rezago educativo. El 42% estaba en un nivel extremo (ninguna educación). En los siguientes años, hasta el 2009, la cifra se incrementó, con un promedio anual de 80 000 personas.

Es decir, las personas con rezago educativo superaban los 4,5 millones. Esa condición incluye a analfabetos (puros y funcionales), personas con educación básica incompleta. En la última década los gobiernos solo se centraron en el analfabetismo.

Según Alfredo Astorga, del CSPE, el estudio sirvió para sacar a la luz un tema escondido y no hay políticas directas para enfrentarlo. La pobreza e inequidad social son los factores causantes del aumento de abandono educativo, dice el estudio. Los datos también son un llamado de atención a la baja calidad del sistema educativo, a la falta de preparación y pedagogía del docente.

Para varios alumnos no es valioso y atractivo seguir el colegio, entre otros factores, por la falta de carreras técnicas y oportunidades laborales. Ahora, el Estado elabora una propuesta para reformar el bachillerato, capacitar a los maestros y cambiar el currículo.

Se aplicará desde septiembre y plantea pasar la especialización del primero al tercero de bachillerato, disminuye el número de materias y aumenta la carga horaria. Otro problema que detecta el estudio es la falta de vinculación de la educación media con la universitaria. Por este rezago, el Estado desperdicia dinero y hay mano de obra no preparada, dice Jaime Astudillo, ex miembro del CSPE.

La profesora María Dolores Lasso escribió para la revista Educacción y señaló que “a diferencia de otras profesiones, para que un educador cumpla a cabalidad su labor, no es suficiente con hacer lo que se espera.

Para cumplir adecuadamente su labor, un maestro necesariamente debe tener la disposición de brindar aquellos componentes emotivos personales que incentiven el aprendizaje y brinden las condiciones necesarias para aprender. “Si el ambiente emocional no es el apropiado, el aprendizaje no ocurre”.

“En lugar de buscar culpables, los maestros podrían apoyarse unos a otros para encontrar soluciones. Esencialmente el maestro es el factor que más incide en la calidad educativa”, concluye.

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