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En la mitología griega, Morfeo se inmiscuía en la noche de los mortales. Los visitaba con una flor de adormidera para sedarlos e introducirse en sus sueños.

Cuando el cuerpo se niega a caer sus brazos, puede acarrear un deterioro en la salud. Aunque cuando dormimos aparentemente poco o nada hacemos, el sueño es esencial. El Diccionario de Medicina define al sueño como “el período de descanso del cuerpo y de la mente”.

En esta fase se fortalece el sistema inmunológico, se secretan hormonas, las células se regeneran, hasta se refresca la memoria. El psiquiatra Fabrizio Delgado, director del Instituto de Neurociencias de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, resume que el sueño tiene una “función reparadora” en la persona.

Es un proceso complejo. Al dormir atravesamos cuatro fases: somnolencia, sueño ligero, sueño profundo y la fase MOR o de movimientos oculares rápidos.

Estas fases del sueño se van alternando a lo largo de la noche. Delgado explica que al inicio predomina el sueño profundo, muy reparador. Y cuando avanza la noche se entra en una mezcla de sueño superficial con MOR, cuando soñamos.

El tiempo de descanso varía de persona a persona y según la edad: pueden ser siete, ocho, 10 horas y hasta 16 en los bebés.

Pero cuando no se completa ese tiempo surgen los trastornos de sueño. Según algunos estudios existen más de 70 males del sueño. Solo en Estados Unidos se calcula que 40 millones de personas padecen estas enfermedades del sueño y a causa de ello se suman casi USD 16 000 millones en gastos por tratamientos al año.

El doctor Delgado considera que un 5% de la población mundial lo padece. Los cuatro más comunes son insomnio, apnea de sueño, síndrome de piernas inquietas y narcolepsia.

Muchos se pueden curar con tratamientos y en otros casos con cirugías. La neuróloga Mirella Centanaro explica que primero hay que identificar el trastorno con un estudio.

La polisomnografía es una alternativa. Consiste en pasar una noche monitoreado por electrodos y bajo observación con cámaras de video en una habitación. Este tipo de examen, que en el Instituto de Neurociencias (se iniciará desde enero) incluye una videoencefalografía -para medir las ondas cerebrales que varían en las distintas fases de sueño-, electrocardiograma -mide la frecuencia cardíaca-, electrooculograma -registra el movimiento de los ojos- y electromiograma -mide la contracción o relajación muscular en la noche-. Así podrá comenzar a saldar la deuda con Morfeo.

Insomnio, noches en vela

Depresión, estrés, ansiedad, incluso algunas enfermedades pueden ser la causa del insomnio, el trastorno del sueño más frecuente. Son  interrupciones continuas, que pueden ser leves hasta crónicas. Según la Organización Mundial de la Salud,  40% de la población lo padece. 

Como consecuencia hay cansancio y somnolencia en el día, fuertes dolores de cabeza, bajo rendimiento y deterioro de la salud. Además puede ser el detonante de males crónicos cardíacos. Este trastorno se controla con medicación del especialista.

Los malos hábitos para dormir también son un detonante. Acostarse a una hora diferente cada noche, tener siestas diurnas, pasar mucho  en la cama mientras se está despierto o usar la computadora o ver laTV  acostado.

Pero dormir ocho horas no es una regla. Algunas personas solo necesitan seis y otras duermen hasta 11. Lo importante es tener una buena higiene de sueño, como acostarse a la misma hora cada noche y no más   de las 24:00.

El tratamiento  comienza con una revisión de los fármacos que puedan causar  dificultad. En casos relacionados con ansiedad es aconsejable visitar  al  psiquiatra.

¿Ronca?  Puede ser apnea

Ronquidos en toda la noche. A ratos silencio y de repente, otro estruendoso ronquido. Esa  es  la   característica de la apnea de sueño. Este trastorno,  usual en personas con obesidad, surge por la obstrucción de las vías aéreas a la hora de dormir.  Eso impide tener un   sueño profundo.  

Los episodios  de apnea se pueden repetir hasta 100 veces en una noche.  Son períodos de falta de oxígeno (de 30 a  50 segundos). El cierre de las vías aéreas  ocurre cuando el tono muscular baja. Es decir, en ciertas fases del sueño los músculos se relajan al máximo (flacidez), incluso los  que   rodean la tráquea. Al relajarse,   colapsa  el paso del  aire.   

Para los médicos,  esta podría ser una de las causas de los accidentes de tránsito de   buses.    Las largas rutas, más el     cansancio y la obesidad, conspiran. 

El alcohol y la automedicación con somníferos   pueden ser mortales, pues impiden que el cerebro reaccione a tiempo  y así  evitar un paro respiratorio.

Una polisomnografía es parte del diagnóstico. El  tratamiento puede ser con   fármacos, con máquinas de asistencia de aire en las noches (tipo máscaras de oxígeno)  hasta cirugías.

Las piernas no dejan dormir

Despertarse por una sensación de hormigueo, pinchazos y hasta cierto dolor en las piernas. Ese es el principal síntoma del síndrome de piernas inquietas.

Aunque es poco frecuente, en este trastorno las piernas no duermen. El movimiento es la única forma de alivio, pese a que continuamente se  interrumpa el sueño. Como consecuencia, en el día hay somnolencia y fatiga.

Según estudios, una de las causas  es la anemia  por falta de hierro. Pero también hay otros factores como  diabetes, embarazo,  exceso de cafeína y  por  herencia.

La mayoría de quienes presentan este trastorno tienen movimientos rítmicos de las piernas en las horas de sueño, conocido como trastorno de movimiento periódico de las extremidades.   

El tratamiento es con fármacos que se recetan para   enfermedades neurológicas. Y el electromiograma es la base del diagnóstico.  Por medio de  este examen se colocan electrodos en el músculo tibial  anterior de las piernas para registrar  movimientos.

Reducir el estrés y realizar ejercicios de relajación muscular es una   forma de prevenirlo. También se puede recurrir a ejercicios de estiramiento o masajes.

Dormirse de  risa o por susto 

Una emoción, por fuerte que sea,  termina en una siesta. Parece extraño, pero esa es una de las reacciones de la   narcolepsia.

En este trastorno el cerebro es incapaz de regular los ciclos de sueño y vigila. Como resultado, la persona experimenta una excesiva necesidad de dormir en el día (hipersomnia diurna), aunque su descanso haya sido   suficiente en la noche. Así,   puede tener hasta seis siestas diurnas, de 15 minutos   promedio.

El narcolépsico es víctima de una alteración de  fases del sueño. Al dormir pasa directo  a la fase de movimiento ocular rápido (MOR), que por lo general es la última, en la que se sueña. Al despertar abruptamente, puede experimentar alucinaciones.

La crisis de catalepsia es otro síntoma. Al estar en fase MOR los músculos son sumamente flácidos. Esto puede provocar caídas repentinas. O de lo contrario podría sentir una parálisis temporal. Como su cuerpo está totalmente flácido en la fase MOR, el cerebro lo logra responder rápidamente.

Aunque no hay una cura, sus síntomas se pueden controlar. Planificar una siesta breve luego de las comidas es una ayuda.  


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