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El viento se cuela en el interior de una lancha de fibra y el agua salpica en sus bordes. Son las 07:40. El jueves pasado, la Iniciativa Yasuní ITT realizó un recorrido por el río Napo, desde el Coca, con un grupo de 17 periodistas.

En dos horas de trayecto, a más del verde amazónico es posible divisar a los niños de la comunidad de Pompeya jugando a las orillas y a un campo de Petroecuador, que opera en la Primavera, otro poblado de Orellana.

La lancha disminuye la velocidad y se adentra en un estrecho canal. Esta zona, que se la conoce como Añangu, es la entrada al Parque Nacional Yasuní, declarado por la Unesco como Reserva Mundial de la Biósfera en 1989.

Los viajeros pasan de la lancha a una canoa de fibra, en donde dos guías comunitarios, uno en cada extremo, reman por la estrecha quebrada Añangu. Atrás queda la amplitud del río Napo.

La intensidad del sol mengua con la sombra de las copas de los árboles, que forman un techo natural. Caña agria, palma real, ceibos de algodón, manzano colorado, palma chambira son algunas de las 2 274 especies de árboles, que hacen del parque el territorio con mayor biodiversidad del mundo. Jorge Rivadeneira, guía de la comunidad Kichwa Añangu, explica que el árbol de caoba, por ser maderable, su corteza se usa para las construcciones de las casas. El choque de los remos con el agua se silencia con el trinar de unas aves. Por su canto, Jorge con 20 años de experiencia como guía, sabe que son las oropéndolas de espalda amarilla.

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Yasuní, el rincón de mayor biodiversidad del mundo

El Parque Nacional está ubicado en la provincia de Orellana.



Pero no son las únicas, también identifica el canto de Martín pescador. Lleva este nombre porque obtiene sus alimentos del agua del río. Otra ave llamativa que se posa en las ramas es Hoatzin, cuyo plumaje es café y su cabeza azul. También se la conoce como ave prehistórica. En este parque habitan 593 especies de aves, identificadas por su nombre científico, en quechua y en inglés.

El cantar de las aves se acompaña con los ruidos de cerca de las 100 000 especies de insectos, que hay en cada hectárea del Yasuní. Se acerca el mediodía y junto a la canoa vuelan delgadas líneas rojas con largas alas, conocidas como libélulas hembras.

Las mariposas también están presentes, pero entre ellas destaca una de color azul, mientras que en las copas de los árboles se divierten los monos ardilla.

La sombra de los árboles desaparece y la quebrada se abre a una brillante laguna oscura, bajo el mismo nombre de Añangu.

De la superficie asoman tres cabezas. Son nutrias gigantes de piel café brillante, que con su respiración agitada se sumergen y vuelven a emerger como si jugaran a las escondidas. Estas son parte de las 200 especies de mamíferos que viven en este lugar.

El paseo en canoa se interrumpe y empieza la caminata, por un sendero. Ahí Jorge se encuentra con una Chuchuhuasi, planta medicinal, que combate los dolores estomacales. Cuando las mujeres dan a luz y pierden mucha sangre se cocinan tres libras de la corteza de esta planta en tres litros de agua y toman el concentrado.

Ya en la noche, cuando la luna llena es lo único que alumbra la laguna Añangu, se retoma el recorrido en canoa, por otros canales, en donde se pueden ver especies que huyen de la luz.

Con una linterna, Jorge identifica un brilla amarillo y se aproxima a la misteriosa mirada de un caimán negro. Este es parte de las 121 especies de reptiles. En la rama de un árbol asoman otras dos especies: el mono nocturno y los murciélagos de nariz larga.

La canoa avanza lento, la oscuridad atenuó el calor del día y los insectos no paran de emitir sonidos. El recorrido termina en un muelle, que da al lodge de la comunidad Kichwa Añangu, destino demandado por turistas foráneos.

Lodge Napo Wildlife Center en el Yasuní



16 cabañas para el turismo

A orillas de la laguna Añangu se encuentran 16 cabañas, que conforman Napo Wildlife Center, el lodge administrado por la comunidad Kichwa Añangu, desde el 2001.

Allí los 'bungalows', como se llama a las cabañas, conservan un estilo de vivienda ancestral, la electricidad la obtienen de generadores en el día y baterías solares en la noche, el agua es tratada con un sistema de humedales, que evita la contaminación del agua. El respeto por el medioambiente es la regla principal en este lugar.

Severino Yambo, guía comunitario, cuenta que cerca de 35 hombres de la comunidad trabajan ahí. En promedio se recibe a unos 2 000 turistas al ño, sobre todo, extranjeros.

Las ganancias se destinan a servicios de salud y educación. Se donan los recursos a la única escuela que hay: Vicente Mamallacta. Y los ancianos reciben un bono. El remanente se reinvierte.

Esta iniciativa surgió en 1997, pero recién en el 2000 consiguieron que Tropical Natura, ONG alemana, proporcionara un préstamo para construir el lodge.

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