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El 5 de marzo, Ángela Carrera llegó al hospital Abel Gilbert Pontón, en Guayaquil. Un intenso dolor en el abdomen la obligó a salir desde Santo Domingo de los Tsáchilas.

Hace cinco años, le detectaron cáncer al hígado y por falta de tratamiento su estado se agravó. Su rostro se perdía entre los casi 800 pacientes que llegan a diario al área de Emergencia.

Afuera de esa sala, un letrero anuncia la reestructuración del lugar. ‘Hospital en recuperación’.

14 meses después de la emergencia decretada por el Gobierno, en el Abel Gilbert se invirtieron USD 8 478 890. Remodelaron consultorios, cambiaron pisos, instalaron televisores plasma en las áreas de espera, pero cuando doña Ángela llegó recibió la misma noticia que todos: “No hay camas, eso dicen los médicos”, contó Jaqueline Gaibor, su hija.

El hospital solo tiene 254 camas. Y quienes llegan a Emergencia deben pasar días en sillas de ruedas, soportando su dolor.

Doña Ángela fue atendida en el área de Medicina Interna por cinco días. El hedor a sangre es fuerte en el angosto cubículo. En el piso hay gasas sucias y restos de sueros. Ahí están amontonadas 15 personas. Sus gemidos de dolor se mezclan las súplicas de los familiares.

Por la falta de espacio no hay camillas. Ruth, hermana de Ángela, intentó conseguir una. Recorrió la dirección del hospital, trabajo social, la sala de triaje, hasta necropsia. “Aquí tampoco hay. Cuando llega un cadáver enseguida hay hasta seis personas esperando por la camilla”, dijo el encargado de las autopsias.

El Abel Gilbert tiene más de 30 años de construcción. En los últimos años la demanda de usuarios aumentó. Entre enero y febrero del 2011 registró 38 263 atenciones en consulta externa y 31 441 en emergencia. En este año, en igual lapso, suma a 55 581 consultas y 47 546 urgencias.

Para el director de Salud del Guayas, Carlos Paz, las cifras evidencian la fuerte estación invernal. “Hay más males respiratorios y diarreicos”. Pero en Emergencia hay diabéticos, hipertensos, personas con males renales, cáncer...

Feliciano Tumbaco cumplió seis días en esa sala. El hombre de 59 años padece insuficiencia renal y pasa día y noche en una silla de ruedas. El sábado, cuando salió para una diálisis, su hijo Francisco decidió acostarlo en una butaca, en un pasillo. “Es para que descanse, aunque sea una hora”.

Para él no hay espacio en hospitalización, otra área crítica. Ahí, los pisos funcionen a medias: de un lado, camas amontonadas; del otro, obreros trabajando.

En el segundo piso, Pastor Zambrano intentaba dormir. Tiene 71 años y sufrió un derrame cerebral. Sobre su cama hay un aviso: ‘reposo absoluto’. “Pero toda la madrugada se oyen martillazos”.

Paz reconoce que los trabajos causan molestias y pide paciencia. “Las construcciones siempre se alargan. Es como cuando se hace una casa, se aspira terminar en un mes, y aparece otra molestia”.

Según el Ministerio de Salud, en el Abel Gilbert se invirtió USD 5,9 millones en arreglar áreas, USD 2,5 millones en obra civil, USD 2,4 millones en equipos y USD 4,8 millones en medicinas.

Pero hay quejas de proveedores. Uno de ellos suspendió la entrega de fármacos para usuarios oncológicos y renales. Hace seis meses le deben USD 1,8 millones.

La familia de Ángela Carrera compró varios remedios fuera. Hace una semana pasó al tercer piso, pero para su hija Jaqueline todo el esfuerzo fue en vano. Las tomografías revelan el daño del tumor. Los exámenes se los hicieron fuera, pese a que en el sitio hay un tomógrafo continuamente promocionado por el presidente Rafael Correa. “Ya no se puede hacer nada” dice su hija, llorando.

Doña Ángela está inconsciente. A ratos abre los ojos, pero no reconoce. Está rodeada por sondas que se entrelazan con un rosario atado a su brazo. El sábado, su sobrino Ilbe le susurró al oído. “Repite conmigo: Dios, perdona mis pecados…”. Ella no respondió.

Síntomas de malestar

110 médicos  laboran en el área de     Emergencia del   Abel Gilbert.   Pese a ello, los usuarios se quejan por la falta de especialistas en ciertas áreas.

Cuatro directores   han pasado por el hospital desde  el 2011 hasta ahora. La inestabilidad de autoridades  y gerentes  es otro problema del lugar.

Los nuevos ascensores llegarán en septiembre.  En febrero,  una   joven  de 16 años sufrió un accidente debido a una falla mecánica  en uno de los elevadores.

El estado de emergencia en la Salud no soluciona los problemas de los hospitales públicos

Doctores, enfermeras y familiares de los pacientes de la casa de salud, son obligados a subir por las escaleras debido a que el ascensor sigue sin ser reparado. Fotos: EL COMERCIO

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