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El trabajo en equipo se conciencia entre los 1 100 estudiantes del Colegio Menor de la Universidad Central. Es una práctica diaria desde hace cinco años. Nada es fortuito, pues su modelo pedagógico (Histórico Cultural) se sustenta en esa herramienta.

Jueves, 08:00. Los 37 estudiantes del noveno D se alistan para la clase de matemáticas. El profesor Elvis Ochoa espera, junto al pizarrón, que muevan sus pupitres y armen equipos de cuatro personas.

La clase es sobre las divisiones de un polinomio por un monomio. Tras un breve concepto sobre el tema y varios ejercicios planteados por el maestro, los chicos pasan a la pizarra e intentan resolver algunos ejemplos; el profesor vuelve a explicar el procedimiento cuando nota alguna dificultad.

Veinte minutos después, Ochoa entrega una guía de trabajo (hoja de ejercicios) a cada grupo para que lo resuelvan, antes les pide que elijan a sus
coordinadores para que planifiquen cómo harán la tarea. Luego de eso se instala el trabajo en comunidad.

“Laborar en equipo y dentro del aula permite que los chicos intercambien los conocimientos, siempre con la ayuda del docente para aclarar algunos vacios que podría haber”, indica Ochoa.

Esta estrategia no ha sido una constante dentro de algunos planteles. “Casi nunca los integrantes del grupo hacen la tarea como si fueran uno. Cada quien va por su lado, no hay compañerismo. Uno da una idea o una opinión pero el resto no le hace caso”, dice Sofía A., alumna de octavo de educación básica de un plantel particular.

“Cuando nos reunimos fuera del aula pocas quieren colaborar para hacer la tarea, solo se pasan charlando y al final una o dos personas son las únicas que hacen el trabajo”, agrega Lucía C., estudiante de noveno de un plantel fiscal.

Por estas razones, algunos padres de familia son renuentes a ese tipo de trabajo que ahora es inevitable, pues dentro de cada una de las evaluaciones parciales que tienen los estudiantes (seis durante todo el año lectivo) hay varios casilleros que el maestro debe llenar con una calificación. Allí están, por ejemplo, trabajo en grupo, lección oral, prueba escrita…

Estas actividades educativas se deben realizar en todos los planteles públicos, fiscomisionales, municipales y particulares. Amelia Espinoza, madre de un estudiante de octavo de básica de un colegio, indica que no apoya las tareas en grupo fuera del aula porque “son una pasadera de tiempo”.

Sus razones: “Hace unos tres meses llegaron a casa cuatro compañeros de mi hijo para hacer un trabajo en grupo, pero toda la tarde se pasaron chateando y conversando. Debo reconocer que eso fue preferible a que se vayan a la calle”.

Para evitar esa desazón de los padres, es recomendable que el trabajo en equipo se realice dentro del aula, menciona Ivonne Bayas, docente y ganadora del Premio Nous a la excelencia académica.

Agrega que “el maestro debe ofrecer una orientación clara a sus alumnos para laborar en comunidad, caso contrario, será un trabajo inútil y una pérdida de tiempo, ya que solo uno o dos alumnos trabajarán sobre el tema y el resto se dedicará a distraer o a molestar”.

Pero poco o nada se hace por potenciar ese tipo de trabajo dentro o fuera del aula. Por eso, según José Guerra, docente y psicólogo educativo, es urgente que esa herramienta sea rescatada del marasmo en el cual se encuentra.

Porque, como lo reitera, el trabajo en equipo tiene como objetivo que los estudiantes aprendan a disentir, cuestionar, interrelacionarse entre ellos, ceder, proponer, estar abiertos a nuevas opiniones.

Todas esas ventajas no son reconocidas porque, según Guerra, los educadores no tienen muchas ganas de trabajar en equipo, pues no lo asumen como una norma de vivir más el espíritu comunitario.

Las bondades de aplicar esta herramienta no acaban. Guerra agrega que trabajar con espíritu comunitario hará recuperar un valor que está “muerto” en el país: el bien común.

Entonces, indica que “hay que entender que somos una sociedad y que cada uno de sus mosaicos son vitales, por eso no podemos seguir educando en individualismo y creado un montón de islas”.

Se necesita poner freno a esas malas prácticas, dice Guerra, y ofrece consejos (ver puntuales).

Juan Carlos Cevallos, docente y coordinador de extensión de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica, va más allá cuando asegura que quien se niegue a trabajar en equipo será inevitablemente relegado o apartado de esta sociedad competitiva.

Un trabajo en equipo reforzado por tres frentes: Maestros, Estudiantes, Padres de familia

El trabajo en equipo no es un apéndice del proceso educativo, debe ser parte de las horas de clase que se dan dentro de la institución.
Jamás formar equipos entre el joven inteligente y el conflictivo o siguiendo la lista de alumnos del aula. Hay que reunirles según afinidades.  

Los equipos deben ser  los mismos durante el año lectivo y para todas las materias. No se debe calificar el resultado del trabajo final sino el proceso que realizó todo el equipo.

Los alumnos deben manejar un plan estratégico para elaborar sus actividades: dónde se van a reunir, cómo encontrar la información, aprender a manejar la Internet…

El grupo es muy dinámico y va descubriendo quién tiene más talento para investigar, redactar, hablar, dibujar… Hay que explotar los talentos de todos y ponerlos al servicio del grupo.

No es recomendable rotar los papeles, pues hay chicos con talentos para hablar y no se le va a poner a escribir. Hay que participar activamente en las actividades que organizan los colegios o escuelas de los hijos.

Abrir espacios para que madres y padres de familia se integren entre todos y den el ejemplo a sus hijos.

Los padres de familia deben apartar un tiempo y sentarse para conversar sobre los procesos que están llevando en la educación de sus hijos. Aquello, de alguna manera, servirá para ir ayudándoles a trabajar en equipo.

En el aula se trabaja mejor

¿Dentro o fuera del aula? ¿Dónde hay que realizar el trabajo en equipo o comunitario?

Elithsine Espinel, rectora del Colegio Menor de la Universidad Central,  dice que los procedimientos didácticos (cómo se organiza la actividad del docente) pueden ser a través de estrategias magistrales individuales o grupales.

Agrega que “el trabajo en grupo es una de las tres estrategias dentro de los seis procedimientos didácticos que los docentes tienen, lo conocen y deberían aplicar”.

Quizá la práctica, indica Espinel, “no ha permitido que sea una constante dentro de los planteles, pero ahora -con la opción de establecer una nota del trabajo en equipo- nos obliga a retomar lo que nosotros (los docentes) ya conocemos desde hace años”.

Por otro lado, enfatiza que dentro de su plantel se ha minimizado el trabajo en equipo fuera del establecimiento, simplemente por las consecuencias negativas que aquello podría traer.

Es que “muchas veces los estudiantes no acuden al lugar de la  cita acordado por todos los alumnos que forman el equipo y, al final de la tarea, solo se anexan los nombres de aquellos que no colaboraron, para que eso no afecte a todo el  equipo”, reitera Espinel.

El trabajo  en equipo no se puede limitar a una sola materia o área de conocimiento, pues en todas las asignaturas del Coelgio Menor se trabaja en equipo, dice.

“Claro que -apunta- por las temáticas de pronto se desarrolla más en lenguaje, matemáticas, biología y estudios sociales.


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