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Sobre su espalda, amarrada con una tela azul oscura, lleva a su hija menor de 1 año y medio. Con la mano derecha sostiene al de 2 y junto a ella caminan la de 8 y el de 10. El pasado septiembre, Margarita Chávez, de 33 años, llegó desde Chillogallo -en el sur- hasta el Banco Nacional de Fomento (BNF), en el centro-norte de Quito, con los cuatro hijos.

Cada mes, desde hace 10 años, ella se acerca a cobrar el Bono de Desarrollo Humano (BDH). Con rostro cansado, la indígena aguardaba junto a la puerta del BNF. Dijo que al comienzo, en 2001, cuando aún se llamaba Bono Solidario, recibía USD 15 y que ahora son 35. Margarita forma parte del 1 227 659 de mujeres que cobran cada mes el BDH.

En 2007, cuando aumentó de USD 15 a 30 eran 979 246 madres. Durante los últimos cuatro años y medio, el sistema del bono ha sufrido una serie de cambios, uno de ellos es el incremento de las beneficiarias.

Ximena Ponce, ministra de Inclusión Económica y Social (MIES), explica que este aumento no solo ha sido cuantitativo sino cualitativo, es decir, que las mujeres que ahora lo reciben, realmente lo necesitan. En su despacho, frente a una mesa redonda, de traje casual y con las muñecas decoradas con pulseras de colores, Ponce dice que la implementación de la corresponsabilidad fue otra de las modificaciones muy importantes.

A pesar de que en el 2003 se condicionó que las madres que recibían el bono debían llevar a sus hijos a la escuela y al médico, recién a partir del 2007 se empezó a verificar el cumplimiento de esta norma.

Hace tres meses, Margarita se acercó al BNF para cobrar los USD 35, pero un empleado de la ventanilla le comunicó que su transferencia había sido bloqueada por no haber respondido a la notificación. Un mes antes, cuando ella fue a cobrar el BDH, le entregaron un papel que le informaba que debía acercarse a las oficinas del Programa de Protección Social (PPS), en Mariscal Foch y av. Colón, en el norte de Quito, y presentar la copia de la libreta escolar de sus hijos. Como Margarita no sabe leer, no supo del aviso, no presentó lo que le solicitaron y la transferencia del BDH fue suspendida durante 60 días, hasta que cumplió el pedido.

Cada mes, el MIES envía aleatoriamente notificaciones de corresponsabilidad a las beneficiarias. La muestra -para este año- fue de 109 759, de estos 11 810 no presentaron la documentación que justifica el cumplimiento. Al no presentar las libretas escolares o certificados médicos en la primera notificación, se suspende la transferencia del BDH durante dos meses y automáticamente son seleccionadas como parte de la siguiente muestra para el próximo año. Si en esa ocasión, también incumplen, la beneficiaria deja de percibir el bono.

Ponce señala que se les da ese plazo para determinar si se suspende definitivamente la entrega del bono. “El BDH es un programa de transferencia monetaria, no solo de transferencia de ida, también de regreso de la ciudadanía, es una responsabilidad de las madres”, enfatiza.

El impacto de la corresponsabilidad, sin embargo, ha sido estudiado y cuenta también con resultados positivos. Desde su puesta en marcha, la tasa de anemia en zonas rurales bajó un 9% y la probabilidad de que un niño esté por debajo de su desarrollo cognitivo bajó a un 8%. El mismo estudio del MIES que midió el impacto del BDH en la corresponsabilidad, determinó que el consumo de alimentos de las beneficiarias había aumentado en un 25%, lo que demuestra que el uso de los USD 35 no se desperdicia.

Margarita es madre soltera y utiliza el bono para comprar los útiles escolares de sus hijos, uniformes y cualquier pedido que les hagan en la escuela. Es una pequeña comerciante y acude al mercado de Chillogallo tres veces por semana. No puede hacerlo a diario, porque está pendiente de sus hijos. Entre lo que gana con la venta de tomates –USD 50 semanales- y el bono, la madre soltera mantiene a la familia.

Pero no todas las beneficiarias cubren sus necesidades básicas con el BDH. María Mejía, de 30 años, utiliza el dinero para comprar ropa y “lo que necesiten” sus tres hijos de 13, 10 y 2 años. Al inicio de clases, lo gasta en útiles y uniformes. “El resto del año me sirve para una emergencia, cualquier cosita”.

Su esposo trabaja en la Junta Parroquial de Gualea, en el noroccidente de Quito, y gana USD 236. Con su sueldo cubren los gastos de servicios básicos y comida, con el bono gastan en lo que no les alcanzó con el salario. Ella no ha buscado empleo ni tampoco planea hacerlo pues en su barrio –Gualea- no hay oportunidades de trabajo.

Tampoco se plantea la posibilidad de instalar un negocio porque cree que necesitaría mucha ayuda para hacerlo y le parece muy complicado.

Mayra Borja, de 23 años, también es desempleada y destina el valor del BDH para gastos del hogar. Sentada en el borde de un ventanal del BNF, con su hija de 4 años en sus piernas, cuenta que poco a poco ha ido equipando su casa con pequeños muebles y la cocina con ollas, platos y demás utensilios.

Su esposo gana alrededor de USD 60 semanales y con eso mantiene a la familia. Mayra no ha recibido nunca una notificación de corresponsabilidad, sin embargo, cada mes lleva a su hija a un chequeo médico porque le interesa que esté sana. María tampoco ha sido notificada y ella, en cambio, solo acude al doctor cuando sus hijos se enferman.

Margarita, Mayra y María aseguran que el BDH es una gran ayuda para su economía y aunque dejar de recibirlo signifique que han trascendido la línea de pobreza, las tres afirman que jamás quisieran dejar de percibirlo porque es un ingreso fijo que les brinda seguridad.


Punto de vista 

Roberto Salazar/ Primer  coordinador del PPS
‘Que haya menos beneficiarias’

Hay que buscar que el programa del Bono de Desarrollo Humano (BDH) construya oportunidades para acelerar ese proceso de salida de la pobreza, el éxito del programa de protección social no es que tenga más beneficiarios sino menos. Creo que está funcionando bastante bien en la parte técnica, pero puede ser mejor; pueden hacer esfuerzos no solo enfocados a la solidaridad, también a la generación de crecimiento.

Sería bueno que se volviera a retomar el elemento que tuvo en su momento: un complemento para que no sea solo un programa de asistencia.
Debiera generar resultados en conjunto con otras políticas públicas que conduzcan a que la pobreza esté por debajo del 10%. Es necesario que se promueva la generación de oportunidades productivas y eso se logra creando una línea de créditos.

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