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Las hojas de un cuaderno sirvieron para registrar a las 109 personas que hicieron fila por un turno en el Hospital Pablo Arturo Suárez, el martes pasado. La iniciativa la tomó Andrés Castillo, quien madrugó para pedir una cita para la rehabilitación de su pie derecho. Él no quería pelear por su puesto más tarde, a las 14:00, hora en la que se empieza a dar los turnos.

Castillo al igual que el resto de pacientes continúan madrugando para asegurar uno de los turnos que se reparten por la tarde. Mientras pasa la mañana, los que pueden se acomodan en las aceras del área de emergencia y el resto busca apoyo en alguna pared para soportar la espera.

“Deberían dar privilegios a las personas de la tercera edad y mujeres embarazadas”, dice la acompañante de Piedad Llivi, que está en octavo mes de embarazo y cada vez que tiene control prenatal debe madrugar para una cita.

Los turnos se dan para el siguiente día, por lo que las personas que trabajan deben ausentarse dos días del trabajo. “Falta organización en todos los hospitales, ese es el problema”, dice Andrés y huye de los recién llegados a la fila porque ya no tiene hojas ni paciencia para apuntarlos.

La doctora Rosario Albarracín inspecciona la fila a media mañana. A las personas de la tercera edad les dice que se vayan al Hospital del Adulto Mayor, que está cerca, y a quienes llegan de otras provincias les dice que se hagan atender en sus sitios de residencia. Mientras avanza explica que los turnos se reparten a partir de las 14:00 y en un mes funcionará el ‘call center’ al 100%.

La falta de medicamentos es otro problema que persiste en la farmacia del hospital. Mariana Fajardo, que acudió al médico por una gastritis, solo pudo retirar omeprazol, no había el jarabe de sucralfato que debe tomar para aliviar la irritación estomacal. “Iré a comprar en Carapungo, allí ya tengo una cuenta abierta en una farmacia porque siempre falta algo en esta”, explica.

A la conversación se une Hilda Chiliquinga, que viene de Salcedo y lleva dos días en Quito. “Ayer vinimos con mi esposo que padece trastornos en la cabeza y pedimos la cita para hoy”, dice mientras muestra la receta de haloperidol y gemfibrozilo que no le despacharon en la farmacia. “Lo único bueno de venir hasta aquí es la consulta, la medicina siempre nos toca comprar en la calle”.

Esta casa de salud recibió medicamentos a la par del resto de hospitales que fueron declarados en emergencia, pero debido a la creciente demanda aún hace falta más provisión de fármacos.

La entidad también recibió durante la emergencia la suma de USD 628 600 para mejorar su infraestructura, pero a excepción de la recuperación y saneamiento de los pisos de cirugía no ha habido otra obra significativa.

Los quirófanos estuvieron cerrados la mitad de agosto y la falta de instrumental médico obligó al cese de las cirugías. Actualmente se hacen entre una y dos cirugías por quirófano. La entidad tiene cinco, con lo cual se hacen entre 5 y 10 intervenciones diarias.

Para atender la demanda últimamente se están programando dos cirugías en la tarde, para lo cual se habilitan dos quirófanos. A más de la carencia de instrumental se requiere más personal. En la tarde apenas trabajan dos cirujanos, dos anestesiólogos y cuatro enfermeras.

Pese a que ya se compró el instrumental nuevo, a través del portal de compras públicas, la llegada del material está previsto que se concrete en unos 45 días más.

Los médicos del centro -quienes están prohibidos de hablar con la prensa- conocen que se construirá un nuevo hospital, pero no saben los detalles del proyecto.

El viceministro de Salud, Nicolás Jara, en una entrevista con este Diario, ratificó que se tomó la decisión de levantar otro Pablo Arturo Suárez, pero tampoco adelantó detalles de la obra.

El director, Andrés Corral, aplazó la entrevista con este medio por dos ocasiones, debido a un viaje a Guayaquil de urgencia, para unirse al equipo del Ministerio de Salud que está trabajando en el Hospital Abel Gilbert.


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