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Una mujer prepara plátanos verdes y yucas en una cocina de leña en la comunidad Awá de El Baboso, Carchi. Una vez preparados se reparten entre los niños y los adultos. “Esta es la dieta en el almuerzo y la merienda de todos los días”, dice Humberto Pascal, dirigente de Salud de Fecae.

Esta localidad es uno de 22 centros del territorio Awá, asentados en un área de 116 640 km², entre Imbabura, Carchi y Esmeraldas. En total son 4 000 personas.

Manuel Taicuz, presidente de la Federación Awá del Ecuador, cuenta que históricamente vivieron de la cacería, la pesca y la recolección de frutos. Pero la deforestación y la contaminación de los ríos les dejaron sin alimentos, coinciden Pascal y Taicuz.

Raúl Cantincuz, presidente de la Comunidad de Guadualito, en Esmeraldas, recuerda que cuando era niño había abundantes peces y camarones en el río Mataje, que atraviesa cerca de su comunidad. Ahora que tiene 38 años dice que “ no se puede atrapar un pez ni con atarraya”. Antes los awá se alimentaban con carne de guanta, guatusa, pava, armadillo y con peces de las variedades guaña, sabaleta, mojarra, etc.

Estos alimentos ricos en proteínas fueron cambiados por carbohidratos, como el plátano y yuca cocinada. Algunos cultivan también caña, cocos y naranjilla.

“El cambio de dieta ha repercutido en la salud de la población Awá”, asegura Mercedes Muenala, coordinadora de Salud Intercultural de la Dirección de Salud de Imbabura. Ella dice que esta población, que vive en zonas subtropicales y tropicales, sufre dolencias respiratorias, parasitosis, diarreas. La mayor preocupación, dice, es la desnutrición en niños y anemia en adultos. De acuerdo con un estudio del Ministerio de Salud Pública y la Federación Awá , realizado en las comunidades Palmira de Toctemí y Río Verde Bajo, en Imbabura, la desnutrición crónica afecta al 64,5% de los niños awá menores de 5 años. “Los valores, dice el estudio, son tres veces superiores a los promedios nacionales y más altos que los registrados en otras poblaciones indígenas y rurales”. El informe también señala que las cifras son un espejo de lo que pasa en las otras comunidades Awá.

En la localidad de Minas Viejas, en Esmeraldas, por ejemplo, el agua del río Tululví ya no es ni siquiera apta para el consumo. El agua es turbia. En este sector viven 150 personas awá.

“Hace 5 años el río era cristalino. Pero ahora pasa sucia por culpa de los mineros que revuelven la tierra de las orillas con las máquinas (retroexcavadoras), en busca de oro”, explica Antonia Cantincuz, vecina de Minas Viejas. “El agua es tan mala que hasta los niños se enferman cuando se bañan”. La mujer levanta a su hija Jenny, de 3 años, y muestra los granos que le han brotado en la espalda y las piernas. Son manchas blancas, en forma de círculos, que resaltan en la piel trigueña.

La Federación junto a instituciones estatales impulsa un proyecto de seguridad alimentaria, mediante el cultivo de huertos familiares integrales. Guillermo Taicuz, promotor de Salud de Imbabura, explica que están trabajando desde el 2011. “En Río Verde Bajo trabajamos con seis familias y en Río Verde Medio con siete. Se seleccionó a los que tiene hijos con desnutrición”, explica. Ellos cultivan maíz, yuca, plátano, soya, fréjol, cítricos.

Las familias awá también están interesadas proyectos de cría de pollos y cuyes. De esta forma se busca superar la desnutrición y variar la alimentación.

Falta atención médica

En ninguno de los 22 centros de la comunidad  Awá hay un dispensario médico. La mayoría acude al Hospital de San Juan de Lachas, Carchi, y Subcentro de Salud de Lita,   Imbabura.

En el 2005, la Federación Awá del Ecuador denunció ante el Ministerio del Ambiente que la contaminación de los ríos les estaba afectando. Este problema aún se mantiene latente. 

Los equipos médicos visitan entre una y tres veces al año las comunidades indígenas. Los problemas más comunes son las  afecciones respiratorias, parasitosis, diarreas, entre otras.

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