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La producción de bioetanol con los desechos orgánicos agrícolas de la caña de azúcar, la palma africana y el plátano ya se experimenta en la Escuela de Ciencias Exactas de la Universidad Católica del Ecuador (PUCE), desde hace dos años y medio.

A través de un biorreactor millones de distintos tipos de levaduras fermentan las azúcares de los desechos orgánicos y producen bioetanol, mediante un proceso de destilación.

Esto, además, se complementa con la producción de biogás, biofertilizantes y complementos para alimentar al ganado.

Javier Carvajal, director del Laboratorio de Bioquímica, asegura que esta producción de biocarburantes de segunda generación no pone en riesgo la alimentación porque no requiere cultivos de cereales o caña de azúcar.

Más bien se busca aprovechar la celulosa que produce la naturaleza, que generalmente termina en el campo, en calderos o en basureros. En otras palabras, no se usan las partes de la planta rica en aceites o azúcares, sino que se aprovechan sus desechos.

La naturaleza produce tanto desecho orgánico, que podría abastecer de energía al planeta durante 100 años, pero solo el 15% de estos residuos se reciclan eficientemente, añade.

Michael Venegas, licenciado en Ciencias Biológicas y experto en estudios de biomasa, explica que para producir etanol con desechos se usan levaduras y encimas naturales que rompen la estructura de la planta (lignocelulosa) dentro del biorreactor. Así se obtienen los azúcares, que luego se transforman en etanol.

Esta técnica permite el uso de cualquier desecho vegetal.

Lo que no se puede aprovechar en el biorreactor pasa a un biodigestor, que funciona con bacterias como las que viven en el estiércol de las vacas y que producen CO2 y luego gas metano o biogás. También se puede usar para producir energías eléctricas o térmicas o combustible para mover motores de industrias y autos. Este gas es tan versátil, según Carvajal, que también se puede utilizar en el hogar.

Sebastián Calero, egresado de la Escuela de Bioquímica, cuenta que al final de este proceso todavía queda un residuo rico en nitrógeno, fósforo y potasio, que sirve para elaborar biofertilizantes. Estos podrían reemplazar a los agroquímicos que son hechos a base de petróleo.

Toda esta producción, que se está probando en el laboratorio de la PUCE, se replicará en una biorrefinería que operará en el nuevo campus, en San Pedro del Valle (por Nayón), en cuatro meses. El programa cuenta con USD 1,7 millones que aportó la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (Senescyt) para equipos, recursos humanos y programas. La contraparte de investigación e infraestructura es de la PUCE.

El principal objetivo de este proyecto -que apunta al cambio de la matriz energética del país- es la producción de bioetanol, pero la biorrefinería servirá para realizar más estudios. “Se pueden hacer químicos renovables, plásticos biodegradables, solventes y aditivos para alimento”.

Alfredo Mena, representante de la Corporación para la Investigación Energética, confirma que todos los productos de la naturaleza pueden ser utilizados para producir energías limpias.

Por ejemplo, con el bagazo de la caña se puede hacer gas sintético y generar vapor o electricidad y con el bambú, que se usa en construcciones, se puede generar energía. El potencial de microorganismos como las levaduras, hongos y bacterias para producir biocombustibles también se estudia en Galápagos.

Aunque considera que la matriz energética no se podrá cambiar en poco tiempo, Mena sostiene que estos aportes permitirán reducir el consumo de crudo y mejorar las tecnologías para aprovechar la celulosa.

Tipos de desechos

Bagazo de la caña de azúcar

Raquis o desecho de la palma africana

Desperdicios de las plantas de plátano

Desperdicios agrícolas

Desechos de hogares

Se recuperaron 1 800 levaduras de las plantas

Los principales países que están apostando por los biocombustibles de segunda generación son Alemania, EE.UU. y Suecia, con investigaciones para su implantación a gran escala.

En Suecia hay un plan gubernamental para sustituir completamente el petróleo en el transporte por combustibles de origen vegetal para el 2020.

Petroleras como Chevron y Shell también están invirtiendo en estudios para la generación de biocombustibles.

En la Universidad Católica hay 1 800 tipos de levaduras que se han recuperado de plantas, suelos, agua, entre otros. Incluso hay de chicha y cerveza.

Las levaduras están presentes en pan, vinos, cervezas y hasta en los medicamentos.

Existen algunas levaduras que tienen una genética que aún no ha sido estudiada y que pueden contener secretos para solucionar los problemas de salud, facilitar la producción de biocombustibles o alimentos.

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