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Las autoridades de Salud de Tungurahua aseguraron ayer que no hay más casos de sarampión africano y no se han registrado muertes.

Hasta las 14:00 de ayer había 10 enfermos confirmados y 48 están bajo sospecha, según el director provincial Enrique Lana.

La mayoría de los afectados provienen de la parroquia Quisapincha. Los niños infectados permanecen en aislamiento en el área de Pediatría del Hospital Regional Ambato, dijo Lana.

Las brigadas de vacunación mientras tanto siguen con sus recorridos en las zonas rurales.

Con un megáfono y toda la fuerza de su garganta, Vanessa Cepeda, una enfermera, se paró al filo de una carretera en la localidad de Calgua, al noroccidente de Ambato, para llamar a los niños a que salgan a vacunarse.

Entre pajonales y sembradíos se veían unas pocas casas de bareque y ladrillo, de donde una a una salían las madres de familia , para ver de qué se trataba.

Luego de varios llamados, las madres aparecían con sus niños en brazos. Cepeda, junto con sus compañeras de brigada, Bélgica Guerra, Gisela Chávez e Inés Toasa se desplazaron por un camino de herradura hasta la vivienda de Rosa Pantoja. Ella se apostó a un lado de la carretera para esperar a las enfermeras. En sus brazos sostuvo a su hija Alejandra, mientras le colocaban la vacuna en el brazo.

La brigadista le aplicó la vacuna SRP que significa sarampión rubéola y paperas. La niña solo lloró por breves minutos. Su hermana Évelin de tres años observaba preocupada y triste unos metros atrás. A la pequeña ya le vacunaron el día anterior. Su perro la acompañaba.

Al terminar, las enfermeras le explicaron que la vacuna no tendrá efectos secundarios como fiebre o dolor de cabeza.

En la misma zona está el caserío de Samanga, las enfermeras Silvia Santamaría y Gloria Montachana llegaron al hogar de María Tubón, una agricultora de la zona que vive en una modesta vivienda rodeada de cultivos.

Los pequeños hijos Luis Sebastián y Santiago Agualongo jugaban en el patio de la casa con su rostro y ropa manchados de tierra. Su madre les recogió e ingreso a su casa. Luego de pocos minutos los infantes salieron limpios y las enfermeras les inyectaron. Los niños no lloraron por el pinchazo.

Esta campaña de vacunación se efectúa desde la semana pasada en los pueblos vecinos a la parroquia Quisapincha. El objetivo es cerrar el cerco epidemiológico en los poblados del noroccidente de Ambato.

Pero, las autoridades están preocupadas debido a que los habitantes de esa localidad laboran como albañiles en el centro de Ambato. En cambio las mujeres con sus niños suelen vender productos en las plazas y mercados de la ciudad. Con ese propósito arriendan habitaciones en el casco urbano y no se beneficiaron de la campaña.

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