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Fabricio Morán Salvatierra llevó una vida tranquila hasta los 18 años (ahora tiene 23). Vivía con limitaciones y trabajó casi dos años en invernaderos, en La Dolorosa de Ricaurte, en el norte de Cuenca.

Cuando cumplió la mayoría de edad decidió donar su riñón a su tío Isaías Salvatierra, a quien consideraba como su hermano. Él padecía de Insuficiencia Renal Crónica (IRC), una afección caracterizada por una disminución súbita, progresiva e irreversible de la función de los riñones.

Con los resultados de los primeros exámenes de sangre realizados en el Hospital José Carrasco Arteaga (IESS) de Cuenca, Morán se llevó una gran sorpresa.

El nefrólogo Franklin Mora le dijo que sus riñones funcionaban en un 18% y que no podía donar. “Nunca me sentí enfermo, pero ese día sentí la muerte. Me aterraba la idea de empezar las diálisis porque veía cómo mi tío sufría”.

Según Mora, por la historia clínica y la vida que habían llevado Morán y Salvatierra en la agricultura, ambos padecían de nefritis tubulointersticial. Este tipo de insuficiencia ocupa el cuarto lugar entre las causas de los trastornos renales (5%).

Una característica es que la persona orina de forma normal hasta cuando el riñón deja totalmente de funcionar. Según Mora, en Azuay hay 22 pacientes con esta patología. La enfermedad es causada por el consumo excesivo de analgésicos, antibióticos o antiinflamatorios y la exposición a tóxicos como fertilizantes o químicos que se usan en el campo.

En los primeros lugares está la insuficiencia por hipertensión crónica (38%), por diabetes (32%) y por enfermedades autoinmunes (12%). En Ricaurte, Morán estaba a cargo del cuidado de tres naves del invernadero donde cultivaba frutilla. Llevaba una bomba de fumigar en su espalda casi todos los días, porque controlaba las plagas (mosca, montes…).

“A veces se derramaba el veneno y se regaba por mis manos”, contó. En ese mismo ambiente trabajó su tío, oriundo de Quevedo, algo más de un año.

La jornada de ambos empezaba a las 07:00 y concluía a las 17:00. En ocasiones, Morán fumigaba en la madrugada y pocas veces usaba mascarilla. “Por el ambiente cerrado se concentraban los tóxicos”. Sus manos y ropa se tornaban verdes y ásperas por la manipulación de los químicos.

Él se casó hace cuatro años y varios exámenes médicos le detectaron otro problema de salud: infertilidad. “Mis espermatozoides son débiles y de poca población”. Según él, ese es otro problema que afronta por estar en largo contacto con los tóxicos.

En Azuay hay más de 400 expedientes de pacientes con insuficiencia renal leve o crónica y otros 300 en diálisis, según datos del hospital del IESS. Allí, hay 12 pacientes en espera de un trasplante de riñón y otros 60 en proceso de preparación, dijo el nefrólogo.

En la Unidad Baxter

Los pacientes acuden de lunes a sábado a la Unidad Baxter en Cuenca, para dializarse. Todos dependen de una máquina y cada historia es distinta. Según Luis Pacheco, de 73 años, su riñón se afectó por no alimentarse bien durante largas jornadas como obrero en una constructora.

En cambio, Alegría Méndez, de 61, cree que se expuso mucho al uso de fertilizantes sin ninguna protección. A ella le detectaron insuficiencia renal crónica hace 11 años. Desde entonces se somete a las diálisis cuatro horas, los lunes, miércoles y viernes.

Con su voz aguda y alta, Méndez recordó: “Di los mejores años de mi vida en la agricultura. Trabajaba como hombre sembrando maíz para ganarme el pan diario. También cultivaba hortalizas, granos y flores”.

Nunca pensó en los riesgos para la salud y no se alimentaba bien. Casi todos los días comía papas con col y, casi siempre, frías. “Todo eso dañó mi riñón, que se fue encogiendo, perdiendo su función de eliminar desechos”.

Méndez es una de los 140 pacientes crónicos que reciben diálisis en la Unidad Baxter. Cada año la cifra aumenta, sostuvo Janeth Muñoz, de esa unidad. El año anterior tuvieron120 enfermos. La mayoría pertenece al Seguro Social Campesino.

Esta Unidad no maneja una cifra de pacientes con nefritis tubulointersticial porque a diálisis llegan con un diagnóstico previo del nefrólogo, aseguró el médico Jorge Herrera, de Baxter.

Mora, encargado del Programa de Trasplante Renal en el hospital del IESS en Cuenca, precisó que los expedientes de los pacientes con esa patología aumentan. Estos se presentan, principalmente, en las provincias de la Costa en los agricultores (bananeros, cacaoteros, palmicultores, etc).

Ellos están más expuestos por el uso de químicos en las plantaciones de banano, cacao, invernadero de flores y otros, de forma permanente. La mayoría trabaja casi sin protección. Según el especialista, hay una alta incidencia en Los Ríos, Manabí y El Oro.

De Quevedo, Los Ríos, son oriundos los Morán y Salvatierra, y dentro de su familia hay otras dos personas con la misma enfermedad. En el país no hay una tecnología en hospitales públicos para detectar esta patología, dijo el nefrólogo Franklin Mora.

Morán -cuando supo de su enfermedad- se anotó en la lista de espera por un riñón. Nueve meses se realizó diálisis hasta agosto pasado, cuando recibió el trasplante de un paciente cadavérico. Desde entonces su vida cambió: dejó las diálisis y su salud mejoró.

Mientras, su tío Isaías Salvatierra esperó años por un donante y fue uno de los primeros beneficiarios –hace cuatro años- con los que se inauguró el Programa de Trasplante en el hospital del IESS de Cuenca, con paciente cadavérico. Pero no todos los pacientes son candidatos a un trasplante. Está contraindicado para los de edad avanzada y que padecen de problemas del corazón.

Méndez sabe que para dejar las agobiantes y tediosas sesiones de hemodiálisis necesita un nuevo riñón. Pero no espera un donante compatible. Méndez tiene miedo de morir en esa cirugía, “como ocurrió con otras compañeras que se hacían diálisis”.

Un examen vital

En Ecuador se hacen biopsias de riñón, uno de los exámenes importantes para detectar la enfermedad tempranamente. Pero esta prueba es viable en pacientes con riñones grandes, es decir cuando la insuficiencia está en la etapa inicial.

Cuando el riñón está deteriorado se vuelve pequeño, con bastantes cicatrices y no se obtiene la información necesaria para detectar la afección, dijo el nefrólogo Franklin Mora. Para este tipo de patología los especialistas se apoyan en historias clínicas.

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