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El racionamiento del agua, la reducción del consumo, apagar las luces, comer alimentos naturales y viajar en bicicleta son acciones que parecen simples, pero se practican muy poco en los hogares de los ecuatorianos.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) permite conocer algunos hábitos de la población, que pasó de 4,5 millones, en 1961, a 14,4 millones en noviembre del 2010.

Este crecimiento poblacional va de la mano de la demanda de recursos naturales. Esto se evidencia en que el área total de bosques decreció 22% desde 1990 y el consumo de electricidad crece 1,25% por año.

El costo de la canasta básica familiar, que actualmente está en USD 545,52, en promedio, es otro factor que da cuenta de los hábitos de consumo.

La población, en promedio, destina USD 194,03 mensuales a comprar alimentos y bebidas, la mayoría envasados o enlatados que terminan en basureros.

El gasto en vivienda, en cambio, es de USD 156,33. Eso incluye el pago por agua, luz y servicios básicos, como la recolección de basura. Después están los gastos en ropa USD 33,32 y los misceláneos (USD 161,84), en los que se incluyen los gastos por combustibles y transporte.

Gabriela Cornejo, de 28 años, quien trabaja en el Consejo Provincial de Pichincha, confiesa que desconocía estas cifras, pero reconoce que en su hogar, en el que viven siete personas, se paga más de USD 40 por luz y entre USD 20 y 30 por el servicio de agua potable.

Esta joven que vive en el sector de Turubamba, en el sur de Quito, reconoce que en su casa no usan focos ahorradores y tampoco separan la basura. Lo que sí hace es cerrar la llave del grifo para cepillarse los dientes.

Las costumbres ambientales de los ecuatorianos se evidenciarán más el miércoles 21 de este mes, cuando se conozcan los indicadores oficiales de la ‘Huella ecológica de Quito’.

Este sistema permite saber cuál es la demanda que una población tiene de los ecosistemas del planeta poniéndola en relación con la capacidad que tiene la Tierra de regenerarse.

Un dato que se desprende de esta investigación es que el habitante promedio de Quito demanda un promedio de 2,4 hectáreas (dos canchas y media de fútbol) de la biocapacidad de la tierra que es de 1,8 hectáreas.

El problema es que en ciudades como la capital, donde hay una alta concentración poblacional ya se ha sobrepasado la biocapacidad de su territorio.

María Sevilla, de 31 años, quien vive en el sector San Gabriel, en el norte, considera que ella y su familia están fuera de este promedio, pues en su casa se reciclan botellas pet, envases tetrapak, papel y vidrio.

Pero los tres miembros de su hogar pueden permanecer hasta 15 minutos en una ducha de agua caliente, lo que implica un alto consumo de agua y gas.

Ramiro Morejón, secretario de Ambiente del Municipio, asegura que el conocimiento de la ‘Huella Ecológica de Quito’ permitirá delinear políticas ambientales y también incidirá en las costumbres de la población.

“Si no hacemos nada hoy necesitaremos 3,2 hectáreas hasta el 2025”, dijo el experto, quien explicó que si la población mundial tendría esa demanda se necesitarían casi dos planetas.

Carolina Zambrano, directora de Política Ambiental de la Secretaría de Ambiente del Municipio, dice que la única alternativa es cambiar los patrones de consumo de recursos, manejo de desperdicios y movilidad. Así se reducirá el impacto.

Ambos coinciden en que para lograr esto hay que usar más los transportes colectivos y combustibles alternativos.

William Rees, uno de los autores de la teoría de la ‘Huella ecológica’, quien dictó una conferencia en la Universidad Andina, advierte que la humanidad está usando demasiados recursos y tarde o temprano tendrá que pagar las consecuencias.

Agrega que con cambios que se inicien ahora, se puede pensar en un mundo en el que la comida y otros recursos no falten.

Hábitos de los hogares

El 82% de los hogares bota los desperdicios en basureros públicos y el 12,6% arroja la basura en la calle, según el INEC.

El 25,9% de los hogares tiene capacitación sobre reciclaje y el 24,5% usa productos reciclados.

El 85,8% de los hogares realiza alguna práctica de ahorro de energía y el 83,9% usa focos ahorradores.

Solo el 38,5% de los hogares en Ecuador conoce sobre buenas prácticas ambientales.

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