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Un profesor escolar de Vinicio Molina le decía que era un desaseado porque las hojas de sus cuadernos siempre tenían manchas de sudor. No era su culpa, el exceso de sudoración de sus manos se debía a la enfermedad conocida como hiperhidrosis.

Nunca recibió un tratamiento adecuado, alguna vez un dermatólogo le recetó hidrofrugal, una especie de desodorante que contiene el sudor por corto tiempo. Vinicio esperó 32 años para eliminar esta molestia para siempre. Llegó a la consulta de Sergio Poveda, cirujano torácico que durante 15 años se ha concentrado en tratar la hiperhidrosis. “Ya no soporté más, soy profesor de cultura física y era muy vergonzoso ver cómo me caía agua de las manos”, cuenta.

En Ecuador, este desorden afecta al 1% de la población, según Poveda. Él asegura que el problema se debe a factores hereditarios y afecta a la población joven y adulta joven. A su consulta llegan personas que antes han sido tratadas por dermatólogos, endocrinólogos, homeópatas y hasta psiquiatras que han intentado reducir el grado de ansiedad de los pacientes.

“Hay tratamientos tópicos que ayudan con problemas leves, pero lo ideal es acudir al cirujano adecuado”, dice el especialista y alerta sobre la importancia de buscar un cirujano cardiotorácico que al intervenir no dañe las glándulas sudoríparas.

La intervención quirúrgica es ambulatoria, se hacen dos pequeñas incisiones en los pliegues de las axilas para no dejar cicatriz y se intervine en la cadena simpática (conjunto de ganglios). “Se debe intervenir de forma selectiva, tocando solamente los ganglios en los que queremos intervenir”, explica el cirujano.

Para eliminar la sudoración facial se coloca clips de titanio para hacer un bloqueo de la sudoración. Para incidir en el sudor de manos y axilas hay que cauterizar los ganglios.

La operación dura alrededor de una hora y no requiere de hospitalización. El profesor de cultura física da cuenta de los resultados inmediatos. Luego de salir del quirófano dejó de sudar. Sin embargo, la recuperación fue larga y dolorosa. “Fueron 15 días de dolor, no podía respirar, me dolía la espalda”, cuenta.

En algunos casos se presenta sudoración compensatoria, luego de la intervención, es decir, el paciente empieza a sudar en zonas como el estómago y los muslos, pero nada comparado a la situación anterior.

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