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Sus rostros reflejaban angustia. El pasado viernes 25 de noviembre, a las 11:30, tres estudiantes fueron detenidos por la Policía (dos mujeres y un varón entre 15 y 17 años) en la ciudadela México, en el sur de Quito. Con sus uniformes pedían perdón por consumir licor y rogaban que nos los lleve.

Escenas como esta se repiten de lunes a sábado en los parques cercanos a los colegios de la capital, según detalla la Policía, que a diario realiza el patrullaje. Son jóvenes entre 13 y 18 años, que se reúnen a beber. Incluso, “tienen sexo cuando están alcoholizados”, refirió Patricia García, madre de familia, docente y moradora del sector México.

Este Diario hizo un recorrido para constatar cómo los estudiantes se dan modos para salir de clases y consumir licor. En el parque de la ciudadela México, García contó que suelen juntarse desde las 10:00, como el pasado viernes. La Policía identificó a alumnos de los colegios Montúfar, Quito, María Angélica Idrobo, Espejo, Comil, 24 de Mayo, Simón Bolívar y otros, por sus uniformes.

El capitán Christian Gallardo, encargado del circuito 5 Chimbacalle, lamentó que de lunes a sábado, él y los efectivos bajo su cargo tengan que jugar al gato y al ratón. Aseguró que lo mismo ocurre en otros sectores de Quito.

“También vienen estudiantes del Dillon, del Benito Juárez, de la UNE. Los aprehendemos, los retiran sus padres ese día y a la semana, otra vez caen. Queremos el apoyo de los padres y de la ciudadanía”, expresó Gallardo.

Una de las alumnas detenidas justificó que sus padres estaban de viaje y que su hermano menor no podía cuidarla. Con este argumento, apeló a la sensibilidad del capitán para que la dejaran ir a su domicilio, asegurando que “nunca más se repetirá”.

Aquel día, ‘Raquel’, ‘Juan’ y ‘Miriam’ (nombres ficticios para proteger su identidad) estaban buscando un lugar donde ubicarse, pero la Policía los sorprendió. Registró la mochila de una de las chicas y de ahí sacó el licor. “Son amigas y solo vengo a visitarlas. Queríamos conversar”, se justificó‘Juan’ ya en el retén policial.

Luego de esperar dos horas en el retén, la madre de 'Juan' llegó al lugar. Aseguró sentirse sorprendida e indicó que su hijo no suele beber ni estar involucrado en esos problemas. Prefirió el anonimato al dar su versión visiblemente molesta. "Es verdad que los chicos toman y que hay que controlarlos más", admitió. Mientras que el joven dijo que beben para conversar y pasar el momento.

Los efectivos de seguridad constataron que en las tiendas se venden licores a menores de edad sin restricción, pese a la prohibición vigente del Ministerio del Interior. El propietario de la tienda en donde los menores señalaron que compraron el licor se defendió, asegurando que los chicos ingresaron a querer comprar tabacos, “pero no les vendimos. Solo se llevaron un vaso plástico pequeño”.

García, molesta, denunció que los estudiantes cometen excesos cuando ya están embriagados. Con molestia, contó que “las chicas tienen sexo con los chicos y se intercambian de pareja”. Corroboró la versión del capitán Gallardo, de que se reúnen a libar de lunes a sábado, con el pretexto de que van al colegio a entrenar o a cuestiones extracurriculares.

Al respecto, rectores de colegios del Juan Montalvo, Montúfar y Mejía sostienen que no pueden controlar a todos los estudiantes. Aseguraron que esa es una tarea compartida con los padres. Sin embargo, los alumnos que se fugan y son encontrados por docentes reciben sanciones.

Otro sector concurrido es el parque del sector Matovelle, cerca del Colegio Mejía, en el centro norte de Quito. Ahí, el viernes 25 se dieron cita estudiantes de los colegios Simón Bolívar y Espejo.

Además, suelen producirse peleas, hay chicos que están armados. “Es deplorable verlos así”, agregó García. Ella sostiene que esta problemática se debe a la ausencia de autoridad en las casas, en muchos hogares los padres están en el exterior y los jóvenes quedan a cargo de parientes.

Lady Morales, presidenta de la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE) admitió que es un problema latente, pero depende de "la formación que reciben los chicos en el hogar". No hay un plan estudiantil para evitar el alcoholismo.

El consumo de alcohol en los jóvenes tiene su explicación, según Programas Educativos, Psicología y Salud (Proeps). Un estudio realizado por este organismo el año pasado determinó que los adolescentes beben por tres factores básicamente: tradición en los hogares, problemas sentimentales y por bajas calificaciones. La encuesta se realizó a 1 200 estudiantes de 42 colegios de la capital (ver infografía).

Napoleón Vásquez, director de Proeps, indicó que el consumo suele ser regular en la semana.

Norma Alvear, directora de Educación de Pichincha, indicó que realizan charlas con padres, docentes y jóvenes para evitar el consumo de licor. Admite que es un problema social que se debe erradicar o, al menos, "controlar”.

“Los alumnos se dan modos de ‘camuflar’ el licor. Lo ponen en botellas de gaseosas o bebidas energizantes para despistar”, contó un dueño de una tienda cercana al parque El Arbolito, en donde también suelen concentrarse. Pero no supo justificarse ante la pregunta de por qué vendía licores a menores de edad.

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El consumo habitual en jóvenes es alto

El 56% de los ecuatorianos ingiere alcohol, es la sustancia  de mayor consumo en el país.  Así lo demuestra el estudio Percepciones sociales sobre drogas en Quito, elaborado por la fundación Ayuda contra la drogadicción.

Una de cada cinco personas entre 18 y 24 años consume alcohol habitualmente.
 Tomando en cuenta la frecuencia de consumo, el estudio reveló que un 51,5% ingiere bebidas alcohólicas entre una y tres veces al año,  19% entre cuatro y 10 veces; 13,6% entre 11 y 20 veces; 14,6% afirmó que casi todos los fines de semana toma y solo un 0,5% bebe todos los días.

El estudio también arrojó resultados sobre el género de los consumidores. Uno de cada cinco hombres declaró un consumo habitual, mientras que el 40% de las mujeres consultadas confiesa tomar frecuentemente.

El estado civil también influye en la frecuencia. El 21,5% de los solteros bebe, el 22,2% de los divorciados y el 25% de los viudos. Datos que vinculan a la ingesta de licor con  estados anímicos.

A nivel educativo, quienes no estudian toman menos (13,4%) que los que acuden a alguna institución educativa (19,7%).

El procedimiento cuando son aprehendidos

La Policía  se comunica  primeramente con los padres de familia o con un representante mayor de edad. Mientras tanto, los chicos son retenidos en las unidades de vigilancia.

Los alumnos  con los que conversó este Diario indicaron que el dinero con el compran el alcohol sale de sus padres.  Por lo general, ponen entre todos para reunir lo necesario.
Según el reporte  de la Policía, los licores que confiscan con frecuencia son vinos y cervezas. Generalmente están en los bolsos de las mujeres.

Catalina Sangucho,   de la Dirección Nacional de Policía Especializada en Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen), detalló que solo actúan cuando existen problemas en las calles, no exclusivamente por consumo de licor.

Testimonios

Wilson Gavilanes /   Orientador
‘La ausencia de padres en el hogar es clave’

En los hombres el consumo de licor se da porque quieren demostrar valentía, virilidad, masculinidad. De alguna manera pretenden demostrar que son personas libres e independientes.  En las mujeres la condición es similar.  Procuran estar a la par de los varones, pero sin medir las consecuencias  que produce el alcohol. Pero en ambos casos, esto se debe a la ausencia de los padres, que pasan mucho tiempo fuera de casa por sus labores. Así, los chicos procuran ocupar su tiempo entreteniéndose con sus amigos.

‘María’ /  Estudiante de 17 años
‘Nos reunimos cerca del colegio y nos vamos’

Estudio en un colegio del valle de Los Chillos y con mis amigas siempre nos encontramos en la Plaza del Valle.  De ahí vamos a dar vueltas en el carro de un amigo,  porque los policías rondan siempre en los parques que están cerca.  Compramos por lo general vino, pero siempre nos cuidamos entre todas, cuando estamos en un grupo grande.  Conseguir licor es fácil, vamos a las tiendas sin el uniforme, ya cambiadas de ropa. No piden documentos  y por eso compramos. Por suerte, hasta ahora no nos ha pasado nada.

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