Tiempo de lectura: 4' 14'' No. de palabras: 553

Desaparecer las arrugas no es la única cualidad de la toxina botulíni-ca (bótox). De hecho, las primeras aplicaciones -en 1974- se hicieron para corregir el estrabismo. 13 años después se usó en un paciente con blefaroespasmo, defecto caracterizado por movimientos involuntarios de los párpados. El tratamiento dio, por casualidad, la pauta para combatir el envejecimiento facial. Pero en los últimos años el bótox se usa para dibujar sonrisas en niños con parálisis cerebral infantil (PCI).

De cada 1 000 nacidos en el mundo, entre dos y tres sufren de PCI, lesión cerebral que causa trastornos del movimiento y de postura. Suele aparecer en los primeros años de vida y se manifiesta con rigidez muscular.

Ariel tiene 4 años, pero no puede caminar y se sienta con dificultad. La falta de oxígeno durante el parto afectó al área motora de su cerebro.

Como solución, el neuro-ortopedista Jefferson Quiñónez le aplicó la toxina botulínica. “El bótox relaja los músculos y hace que la terapia sea más efectiva. Así podemos regalar a niños con PCI sus primeros pasos”.

El pasado miércoles, a las 16:00, Ariel entró al quirófano del Hospital Francisco de Ycaza, en Guayaquil. Pasó por una quimiodenervación o aplicación de bótox. El procedimiento es de mínima invasión. Sobre la camilla solo había cinco jeringuillas que sirvieron para dar 15 pinchadas a músculos estratégicos.

Gustavo Bocca, médico fisiatra, especializado en el uso de la toxina por cinco años, asegura que los primeros efectos se ven a los tres días. Y a las dos semanas la rigidez desaparece, la postura del niño mejora y hay más flexibilidad de las articulaciones.

La toxina se puede aplicar desde los 6 meses de edad y se puede reutilizar luego de seis meses de la primera aplicación.

Pero por sí sola no es 100% efectiva. La fisiatra Gladys Barros insiste en que el bótox y la fisioterapia van de la mano, como mínimo tres sesiones por semana.

Las paredes de la sala de fisiatría del Francisco de Ycaza son coloridas. Sentadas en colchonetas, las terapeutas frotan suavemente los brazos o piernas de los niños con PCI. Son ejercicios de pies a cabeza.

La terapia ayuda a fortalecer la espina dorsal, permite que el niño controle el movimiento de su cabeza y corrige defectos como el pie equinovaro o en punta.

El bótox también se combina con cirugía, en casos complejos. El neurofisiatra Johnny Melgar detalla que en la intervención se alargan músculos y se reemplazan tendones afectados por otros en buen estado. A las 16:10 del miércoles, Ariel salió del quirófano. Estaba algo adormecido por la anestesia. “Ahora solo queda ver los cambios”, dice el neuro-ortopedista Quiñónez.

Los síntomas

La parálisis cerebral por lo regular se observa antes de que un niño cumpla 2 años de edad y, algunas veces, empiezan incluso a los 3 meses.

Los padres pueden notar que su hijo está retrasado en su capacidad para alcanzar algo y en las fases de desarrollo como sentarse, girar, gatear .

Un niño con parálisis cerebral puede presentar movimientos anormales (contorsiones) de las extremidades cuando está despierto.

Califique
2
( votos)