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En un viaje de investigación a la comunidad de Chachis, en el noroeste de Esmeraldas, Manuel Calvopiña, especialista en parasitología y medicina tropical, encontró un huevo de un parásito no común en heces fecales de habitantes. Esto ocurrió hace dos años.

Junto con William Cevallos, especialista en medicina tropical, con quien desarrolla un proyecto sobre el impacto de la apertura de carreteras en la salud cerca del río Cayapas, comenzaron a investigar lo que se conoce como Amphimeriasis, un parásito que ataca el funcionamiento del hígado.

Ambos son investigadores del Centro de Biomedicina de la Universidad Central del Ecuador.

Cuando Calvopiña encontró el huevo se lo comentó a Cevallos y se empezaron a realizar coloraciones (proceso de análisis en laboratorio). Fue entonces que se descubrió que el parásito tenía una morfología distinta a las que hasta ahora se han descubierto, a escala mundial. Era un trematodo hermafrodita con par de ventosas y glándulas vitelinas.

A través de estudios como la microscopia eléctrica, se determinó que personas de la comunidad presentaban este parásito adulto.

De los 279 habitantes de Chachis que fueron estudiados, 71 confirmaron infecciones, es decir, un 24% de incidencia.

El proceso contagioso comienza porque, según los investigadores, la metarcercacia (forma de infección) se encuentra en los músculos de peces de agua dulce y cuando no se realiza una ebullición adecuada de la especie, la forma de infección no muere.

Calvopiña comenta que la comunidad de Chachis acostumbra ingerir los alimentos ahumados, lo cual impide que la cocción se realice correctamente.

El parásito migra a las vías biliares de la persona; en dos semanas este se desarrolla hasta alcanzar su adultez (mide de 12 a 20 milímetros) y coloca huevos en el hígado, los cuales se expulsan con la bilis y se eliminan con las heces fecales. Los huevos caen en agua dulce (si caerían en agua salada o en tierra morirían) e inmediatamente buscan un huésped y en este caso se van a los moluscos que hay en la comunidad de Esmeraldas, los cuales desarrollan cuatro especies parasitarias para expulsar la cercaria (forma de infección) y llegar al segundo huésped (los peces) y contagiar.

El impacto en la salud de las personas se da porque el parásito obstruye la vía biliar, por la cual corre la bilis que produce el hígado. Según los investigadores, esta obstrucción produce inflamación, reacciones inmunológicas, daño celular y hasta colagiocarcinoma (cáncer a las vías billares).

Los síntomas se presentan dependiendo de la carga parasitaria y su reacción frente al parásito.

“Los cuatro pacientes que trajimos al Hospital Eugenio Espejo presentaban carga elevada de eosinófilos (glóbulos blancos en la sangre), ojos amarillos, dolor abdominal y diarrea”, dice Calvopiña. Por tres días se les dio ‘praziquantel’, una medicina importada de Inglaterra.

¿Cómo prevenir la infección? Hasta el momento la única solución es cocinar adecuadamente para matar la forma infecciosa que está en el pescado.

Posteriormente, con mayores estudios se podría eliminar los moluscos que son parte del ciclo vital del parásito y lograr un saneamiento ambiental para que las heces no caigan al río.

Desde abril próximo, los dos médicos comenzarán nuevas investigaciones, con el fin de determinar si hay otras provincias del país, con este problema.

Hasta el momento se conoce que el parásito se desarrolla en zonas tropicales.

Este estudio ha sido publicado pro la revista internacional Emerging Infectious Diseases.

Alto consumo de pescado

En las 18 comunidades Chachis,  ubicadas en Cayapas, Esmeraldas, habitan 6 000 personas, que tienen un alto consumo de pescado de río.  

En la comunidad de Zapallo Grandes, por ejemplo, lo  envuelven en  hojas de plátano y lo  asan.  

Sábalo, Mojarras, Cubo, Cagua, Ciego, Macho y Guañas son parte de las variedades que pescan  en  el río. La costumbre es solo ponerlo a tostar,  sin aliños, por unos minutos y luego servirlo. De esta forma no se logra eliminar los parásitos que terminan en el organismo de quienes consumen los peces.     

Orlado Torres, de la comunidad de Zapallo Grande, dice que la ingesta de pescado es parte de la alimentación diaria de la población Chachi. “Los hemos heredado de nuestros ancestros”, dice.

Los investigadores  no revelaron los nombres de tres de las 18  comunidades,  en donde se realizó  la investigación por ética profesional al manejar este tipo de estudios. Enfatizaron    que tampoco  es correcto identificar  a quienes están  infectados con el parásito.   

Torres se asombró  cuando se enteró de que en sus comunidades estaría  presente este parásito. “Llevo un poco más de 40 años comiendo pescado del río y no he sentido nada”, comenta.  

Habitantes de Corriente Larga y Pichiyacu, ubicadas en río Cayapas, dijeron también desconocer del tema. “No conocemos esa investigación”, dijo Alfredo Chapiro, de la comunidad Loma Linda.

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