Tiempo de lectura: 8' 14'' No. de palabras: 1389

Por ningún lado de los envases y envolturas aparece alguna advertencia para el consumidor. Pero la huella de los transgénicos está en cereales que se sirven en el desayuno, en aceites de soya, salsa de tomate y más alimentos importados, en cuya elaboración los utilizaron como materia prima.

También se deduce que las papas fritas que acompañan al pollo en las cadenas internacionales serían de tubérculo transgénico. En Ecuador no se cultivan tubérculos con el tamaño y la consistencia para esa presentación.

Así, la afirmación de María José Troya, directora ejecutiva de la Tribuna del Consumidor, es categórica: “todo producto, como el aceite que provengan del maíz o la soya que venga de Estados Unidos, es un transgénico”.

El rastro transgénico también está en el balanceado como alimento de pollos y cerdos para el consumo humano. Para eso, la soya llega en pasta y el maíz como broceado (quebrado).

Pero en el país el debate se radicaliza. Ambientalistas, campesinos, agricultores, defensores del consumidor y otros los consideran un “veneno” y sus defensores lo ven como la oportunidad de mejorar la producción agrícola.

Al maíz, por ejemplo, se le introduce una proteína insecticida obtenida de la subespecie Bacillus thuringiensis, que repele a los insectos. Además, a la soya para que resista a las fumigaciones con el herbicida glifosato.

Eduardo Uzcátegui, coordinador de la Ingeniería en Agroempresa de la Universidad San Francisco de Quito, asegura que “ahora mientras Ecuador con el maíz original cosecha dos toneladas por hectárea, Brasil y Argentina alcanzan las 8 toneladas”.

La polémica se avivó con las recientes declaraciones del presidente Rafael Correa, quien dijo que no descarta una reforma al artículo 401 de la Constitución. En este se declara al país libre de semillas y cultivos transgénicos.

Pero los opositores insisten en que causan daños graves a la salud humana. Se respaldan en estudios de expertos internacionales. El más reciente es el de investigadores de la Universidad de Caen, Francia, que denunció el hallazgo de tumores en ratas alimentadas con maíz transgénico.

Durante dos años, los científicos franceses investigaron a 200 ratas de laboratorio. Pasados 17 meses, habían muerto cinco veces más animales masculinos.

José Antonio López, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador y director de Cultura Científica del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, tuvo dudas sobre la idoneidad del estudio y sugirió que se repitieran con controles mejores y en un mayor número.

Pero la Comisión Europea pidió a la agencia de seguridad alimentaria que analizara los resultados del estudio. Monsanto, fabricante del transgénico y del herbicida cuestionados, se defendió y negó la toxicidad de esos productos.

Roberto Gortaire, de la Conferencia Plurinacional e Intercultural de Soberanía Alimentaria, abona a la discusión. Recuerda que en el 2002, transgénicos como el maíz Starling fueron obligados a retirarse del consumo por causar alergias en, al menos, 1 000 consumidores en EE.UU.

Imelda Villota, directora de la maestría en alimentación y nutrición de la Universidad Central del Ecuador, considera de que si ocurriría alguna alteración en el organismo humano sería después de varias generaciones. “Al volver a un producto resistente a las plagas, también pudiera estar afectándose al consumidor con el transcurso del tiempo”.

Pero una de las mayores preocupaciones ambientalistas –en la que también coincide Uzcátegui- es el riesgo de un desplazamiento y hasta la potencial desaparición de semillas originales o nativas.

Gortaire explica que transnacionales como Monsanto, la mayor productora de transgénicos, inundan el mercado con una sola variedad y buscan erradicar las semillas nativas. “Campesinos de Brasil quisieron volver a la soya original y ya no la encontraron. Así entraron en un circuito de deudas. Pues por tratarse de semillas transgénicas patentadas, no pueden guardar parte de la cosecha para volver a sembrar”.

Por ahora, los opositores a los transgénicos aseguran que el territorio ecuatoriano está libre de cultivos de maíz modificado. Lo confirmaron por iniciativa propia al investigar cultivos en cinco provincias, durante los últimos tres meses. Tras colectar muestras, aplicaron el test Elisa (prueba básica con tiras similares a las de pruebas de embarazo) para analizar las enzimas, que fue negativo.

En las próximas semanas se harán ensayos similares con la soya. Sospechan que se estaría cultivando esta semilla transgénica en Los Ríos. La red de guardianes del territorio libre de transgénicos alertó sobre posibles cultivos de soya que estarían resistiendo a las fumigaciones con glifosato.

Aparte, en la Espol se hacen ensayos con el banano para identificar genes que lo vuelvan resistente a la plaga de la sigatoka.

Otra afectación ocurre, según Gortaire, cuando el maíz se vuelve repelente a los insectos. “Al incluírsele una toxina mata a ciertas plagas”. Afecta a insectos como abejas y mariposa monarca, polinizadores naturales. Sin estos habría que recurrir a la polinización artificial. Aparte de que las plagas se vuelven resistentes y se necesitaría una nueva transgénesis.

Y las afectaciones se extienden hacia la cadena nutritiva. Al perder la variedad de productos nativos, se perjudica a la dieta alimenticia que requiere el ser humano como proteínas, carbohidratos y más de 40 nutrientes, entre vitaminas y minerales.

Así, la incertidumbre y los temores ante potenciales daños rodean a los transgénicos en el país.

La cronología de los experimentos y de la difusión de las modificaciones genéticas

1978

En EE.UU. se crea el primer organismo transgénico: la insulina. En la bacteria Escherichia coli se introduce un gen extraído del páncreas humano.  

1995

Empieza el desarrollo de las plantas transgénicas. Primero fue con el tabaco, para que se vuelva resistente a algunas enfermedades en el cultivo.   

1995

A la soya  se le introdujo una bacteria resistente al herbicida glifosato, con que se fumiga la maleza que rodea a esta planta. Esta fue más difundida.

2000

Comienza la comercialización de las últimas semillas de maíz transgénico. Produce una toxina contra los insectos y resiste a la fumigación.

2000

Al tomate de mesa se le introdujo un gen que le permite mejorar su durabilidad: cosecharlomaduro y mantener su dureza por, al menos, 15 días.

No hay etiquetas ni controles   

Los consumidores deben ser informados sobre los contenidos de cada producto y con base en eso decidir si los adquieren. En eso coinciden los expertos y los defensores del consumidor.

En el país hay leyes que obligan a exhibir en su etiqueta si son productos transgénicos. Así lo establece, desde el 2000, el literal L, del artículo 14, de la Ley Orgánica del Consumidor.

La Ley Orgánica de la Salud menciona este tema en los ar-
tículos 46 y 49. Además, el Instituto Ecuatoriano de Normalización establece, a través de la norma  1134, el etiquetado de los alimentos  transgénicos.

Se suma la Ley Orgánica de Soberanía Alimentaria, en el artículo 26,  que coincide en que “se declara a Ecuador libre de cultivos y semillas transgénicas”. Pero no se cumple.

Según Roberto Gortaire, de la Conferencia Plurinacional e Intercultural de Soberanía Alimentaria, las industrias alimenticias se oponen, porque temen reducir sus ventas.

Varios intentos se han hecho en el país para establecer un sistema de regulación. Incluso el tema es tratado en cinco artículos del Proyecto de Ley de Agrobiodiversidad, Semillas y Fomento Agroecológico, que la Asamblea Nacional trató en primer debate la semana pasada.

Para Eduardo  Uzcátegui, de la Universidad San Francisco, lo conveniente es crear leyes que regulen  y estimulen investigaciones en este campo en   laboratorios de las universidades, pero que  no se  impida el consumo de los transgénicos.

La Tribuna del Consumidor recomienda el principio de precaución: no consumir un alimento mientras no se demuestre que es inocuo (no causará daño al consumidor).

Haga click aquí para ver la infografía.

imagen

Califique
2
( votos)