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Cada jueves las rejas del Palacio de Justicia en Guayaquil dan lugar a una galería de recuerdos, dolor e impunidad. Sobre los barrotes de la acera de la avenida 9 de Octubre, en medio del paso acelerado e indiferente de los transeúntes, resaltaban los rostros de Roy Loor, Andrés Benítez, Haroldo Saltos, Héctor Alvarado, Carlos Mora…

En 1995 ellos contrajeron el virus del VIH en la clínica de Galo Garcés, donde se reutilizaban los equipos para el tratamiento de hemodiálisis que recibían. En total fueron 21 y desde entonces iniciaron una lucha por justicia. Pero poco a poco fallecieron.

“Estar aquí es vivir todo de nuevo, el tiempo no los borra de nuestra mente”, comentóÁngeles Villegas mientras buscaba en un cartel el nombre de su hermano Francisco. “Aquí está. Él fue el primero que murió de los 21”, dijo con voz entrecortada.

16 años han pasado de este caso y como cada jueves, madres, hijos, hermanos y esposas, revivieron las voces de quienes ya no están. Lo hicieron frente a la Corte de Justicia, donde quedaron archivados sus testimonios.

Por este caso se abrieron dos juicios penales, fueron presentadas más de 15 demanda y más de ocho jueces conocieron el proceso. Pero en el 2001 el juicio por delito contra la salud prescribió.

Ayer, algunos familiares de los 21 llegaron con camisetas blancas, marcadas con frases como “Los crímenes de lesa humanidad no prescriben”. Y sobre ellas un listón rojo. “Hoy no solo gritamos por justicia, también recordamos el Día Internacional de VIH/sida, el mal que nos arrebató a nuestros familiares por culpa de la negligencia médica”, dijo Betty Valdivieso. Ella tomó la posta de su padre, Luis, otro afectado.

El último guerrero fue Carlos Mora Peñafiel, quien contrajo el virus a los 8 años y falleció el pasado 10 de julio. Cuatro meses después de su muerte se retomaron los plantones para que se reabra el caso contra Garcés, quien permanece en los Estados Unidos.

Liduvina Peñafiel, madre de Carlitos, es el rostro más visible de esta lucha. Lo ha sido siempre, pero hoy dice sentir más fuerzas para conseguir el sueño de su hijo. “El amor de una madre llega hasta lo último. Hoy mi hijo ya no está, pero la esperanza no ha decaído”.

El tráfico de la mañana fue intenso. Pero eso no les impidió realizar una marcha. Los carteles fueron bajados del cerramiento de la Corte y poco a poco familiares y amigos se tomaron las calles céntricas para llegar hasta la Gobernación del Guayas.

Doña Liduvina encabezó la manifestación. En medio del bullicio y el calor sofocante de los tubos de escape de los carros caminó con un cartel en sus brazos.

A ellos se sumó el caso del pequeño Luis (nombre protegido), de 3 años, quien según sus padres adquirió el virus del VIH tras recibir varias transfusiones de sangre en un hospital de la ciudad.

Ariel E. estiró su camiseta para dejar ver las fotos grabadas de su hijo. “Mi niño era travieso, juguetón, inquieto. Ahora está delgado, al borde de la muerte”.

En julio, el pequeño fue operado por un reflujo gástrico. El padre dice que en el hospital le colocaron cuatro pintas de sangre y luego comenzaron las complicaciones, a tal punto que luego presentó tuberculosis y hace pocos días le detectaron un tumor cerebral que le impide moverse.

El rostro demacrado de Viviana S., madre del niño, aparecía ayer entre los carteles que llevaron varias madres de familia. Con sus niños en brazos se unieron a la marcha para que pedir que la sonrisa de Luis no se apague. “Yo solo pido justicia. Mi niño era normal, como cualquiera de los que están aquí... ahora es un vegetal”.

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