Tiempo de lectura: 7' 54'' No. de palabras: 1155

A la 01:33, Ana Luisa Pabón, de 48 años, entra sollozando por la puerta de aluminio del área de Urgencias del Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM).

La mujer trigueña y de cabello rizado padece un cólico renal.

Allí, en el pasillo, hay cuatro pacientes acostados en camillas arrumadas a la derecha y a la izquierda. Estas reducen el espacio para avanzar por la sala de color beige. Ana se mantiene en pie con dificultad y se apoya en el hombro de su hijo, Alejandro, de 18 años.

Al frente, dentro de una repisa, ubicada en el centro del salón, están seis de las 100 enfermeras que hacen turnos en estáárea.

Alejandro acude a la estación de enfermería. Saluda y mientras solicita la ayuda de una enfermera entrega un papel. Él no recibe respuesta. Entonces endurece su tono de voz. Al segundo llamado la directora de enfermería estira la mano sin alzar la mirada para tomar el papel. Ana Luisa se acomoda sobre una silla plástica y llora. No hay camillas.

La enfermera Carmita, así la llaman sus colegas, frunce el ceño antes de poner el suero en el brazo derecho de Ana Luisa.

Según información del Departamento de Relaciones Públicas del HCAM, en Urgencias se atiende a un promedio de 442 pacientes por día y 13 244 al mes. Pero el personal de esta área aclara que solo 40% llega con urgencias reales. Alrededor de Ana Luisa, en unas sillas negras de plástico, se quejan del dolor seis convalecientes. Uno de ellos se apoya en una columna en la que se ha fijado un cuadro de la Virgen Dolorosa. Los pacientes dejan las sillas y se mueven de un lado a otro sin conseguir la ansiada camilla.

Cuatro llevan un suero en el brazo derecho, otros esperan por una de las enfermeras que pueda colocarles uno.

Ana Luisa sigue llorando; se queja del dolor de la cintura, y también desde la espalda hasta el vientre. Se oyen alaridos, llantos, lamentos y también risas de cinco médicos que esta noche están de guardia, de los 38 especialistas que trabajan en Urgencias.

El lugar huele a una mezcla de medicamentos y secreciones.

Ana Luisa se levanta de la silla donde fue atendida y con ayuda de su hijo va al baño. Caminando despacio por un pasillo.

En el camino que conduce al baño otra de las 54 camillas de Urgencias obstruye el paso.

Allí una mujer respira con dificultad y jadea. Sus arrugas se acentúan más por el dolor; es delgada y descansa temblorosa sobre las cobijas de color verde.

Al frente , un hombre de cabello cenizo está acostado, tiene la mandíbula caída.

Frente a la puerta del inodoro unas dos camas están ocupadas con otros enfermos.

Ana Luisa entra apoyada en el hombro de su hijo. Unos tanques de oxígeno de más de un metro y recubiertos por metal pintado de blanco, junto a cajas y otros objetos usados, impiden el uso del lavamanos. Hay tres baños para pacientes y familiares.

La última puerta tiene un trapeador que la cruza e impide entrar. Un olor nauseabundo inunda el lugar que, sin embargo, luce limpio.Al salir del baño se oyen gritos, los guardias le piden a una mujer que salga de la sala de Urgencias. Es Haydeé Ortiz que se rehúsa y toma fotos del lugar.

“Mi padre tiene 88 años y está retorciéndose del dolor en una silla, si fuera su padre no reclamaría”, cuestiona la mujer al vigilante. Este asiente con la cabeza y le dice: “por favor no tome fotos es prohibido”. Ortiz solloza, tiene la espalda doblada sobre la silla.

Ana Luisa regresa y se sienta al lado de un joven, que está dormido sobre dos sillas.

Por el suero deja de gotear el tramal, un poderoso analgésico, que le colocaron para el dolor.

Alejandro trata de abrirlo, pero no logra y pide ayuda a una enfermera. Nadie le asiste, luego de ocho minutos una profesional se acerca y abre la vía. “Es porque no está quieta, se mueve mucho”, explica. Son las 03:40, Alejandro se acuesta en dos sillas frente a la que está su madre .

Él duerme. Media hora después el guardia le obliga a salir. Alza la mirada y ve a su madre al fin en una camilla. El muchacho sale somnoliento y siente el frío en la sala de espera.Amanece, la entrada a la sala de Urgencias está abarrotada, los parientes que entraron una noche antes ya no pueden ingresar. Recibirán informes en la sala 1, a las 08:00, a las 10:00 y a las 12:00.

Es mediodía del día siguiente y el hijo de Ana Luisa dice que en todos los horarios le informan que su madre espera al urólogo. “Llevamos más de seis horas aguardando que el médico baje de Urología y no lo hace, no dan ningún informe”.

Mientras tanto, Haydeé Ortiz también espera información de su padre, Manuel Ortiz.

María Sol Larrea, directora del HCAM, no quiso hablar con este Diario. Sin embargo en una entrevista hecha en junio a Guillermo Barragán, jefe encargado del servicio de emergencias, se señaló que es necesario un cambio cultural de los afiliados, quienes buscan atención en emergencia hasta por una gripe.

Manuel Ortiz permaneció tres días en Urgencias con una obstrucción intestinal y no fue internado. Ana Pabón salió un día después. Barragán también enfatizó que los servicios de Emergencia que ofrecen hospitales de tercer nivel -como el HCAM- son para personas que ingresan con casos como infarto de miocardio, insuficiencia respiratoria, heridas o dolores que impliquen un riesgo para la vida. Claro que hay urgencias como la que tuvo Pedro Zambrano, de 83 años, quien viajó 5 horas desde Esmeraldas.

El afiliado sufre dolores severos en la vesícula. “En el hospital de allá nos dijeron que viniéramos a Quito”, menciona su hija.

Ana Luisa Pabón tomó Ketorolaco, medicamento que tuvo que adquirir en una farmacia privada. “En el IESS no había”.Actualmente busca obtener una consulta externa pero en el 140 le piden una referencia de Urgencias .Ahí se niegan a darle algún documento. Manuel Ortiz se recupera bajo el cuidado de su hija Haydeé.

Más  detalles

Hasta septiembre  del 2011 se atendió a 124 869 pacientes.A ellos  les brindaron 199  043 atenciones; servicio médico, laboratorio y enfermería.De ellos 15940 ingresaron a Urgencias y 8 929 fueron atendidos en consulta.

Antes de  ingresar  a Urgencias los pacientes son revisados en un triage.Una revisión para  clasificar a los que requieren atención inmediata y los que no.  
El HCAM tiene   triage general, pediátrico y de adulto mayor.

Califique
2
( votos)