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Un televisor Samsung negro de 21 pulgadas concentró todas las miradas en la Universidad Tecnológica Empresarial de Guayaquil (UTEG). La imagen que proyectaba era borrosa; el audio, nítido.

A las 10:30, Gisella Sánchez y sus 24 compañeros del tercer semestre de Ingeniería Portuaria y Aduanera abandonaron el salón 303 de la extensión en Urdesa Central, norte de la ciudad.

Xavier Cornejo, maestro de Ingeniería Económica, les dio permiso para ver en ‘directo’ la lectura del informe del Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (Ceaaces), desde Quito. Y de inmediato coparon un angosto pasillo junto a los baños. Ahí también se aglomeraron profesores, trabajadores y directivos. Algunos lucían nerviosos, como Gisella. “De esto depende el futuro de nuestra profesión”, dijo la joven de 19 años.

La UTEG abrió sus puertas en 1996 como instituto y desde el 2000 funciona como universidad. En el 2009, tras la evaluación del ex Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Conea) recibió la categoría E, la más baja y que agrupó a centros con problemas académicos y de infraestructura. Por ese resultado tuvo que pasar por una nueva evaluación, la del Ceaaces. Y ayer, tras dos años de ajustes y modificaciones, todos estaban ansiosos por conocer el resultado final.

En la UTEG estudian 1 000 alumnos. Christian Mendoza es uno de los graduados y desde hace nueve años es docente. Él incluso trabajó en la comisión que ejecutó la reestructuración de la universidad. “Tomamos el modelo de evaluación del Ceaaces para tenerlo como modelo de gestión interna. Queremos seguir impartiendo una buena educación”.

17 minutos después los aplausos y gritos resonaron en el pasillo. “¡Pasamos!”, “estamos en el grupo uno”, “somos los mejores”, gritaron cuando escucharon a Guillaume Long, presidente del Ceaaces, explicar que dentro de las universidades ‘aceptables’ estaban la Politécnica Estatal del Carchi, la UTEG y la de Especialidades Turísticas. Estas pasarán, transitoriamente, a la categoría D.

Hubo abrazos, sonrisas y los celulares no paraban de sonar. Los chicos llamaron a sus padres para decirles que la angustia había pasado. Gisella no desaprovechó el tiempo y puso un mensaje en su BalckBerry: ‘Pasamos, y en el primer grupo, ¡carajo!’. “Es un alivio saber que me voy a graduar aquí. Ahora tengo más fe que antes”.

Los mensajes se multiplicaron en Twitter y Facebook. “Pasamos! Totalmente aceptados, estamos en los primeros puestos. Felicitaciones a todos por el trabajo realizado”, era el tuit de la cuenta @uteg_ec. Con menos caracteres @oskrpozo, @mao_7777, @malagayu y otros más respondieron con mensajes de felicitación.

En una corta rueda de prensa en el auditorio, frente a las 31 placas de reconocimiento a los graduados en maestrías en la UTEG, el rector Galo Cabanilla indicó que dentro de pocos días retomarán la matriculación y pidió que se levantaran las medidas cauteleras. Por ahora, dijo, el reto es trabajar por la recategorización y la revisión por carreras del Consejo de Educación Superior (CES).

Las clases se suspendieron tras el anuncio. En el auditorio se improvisó una sala de festejos para el brindis de celebración.

Presuroso, Miguel Fernández cargó una caja con seis botellas de vino tinto. Hace siete años colabora en el área de mantenimiento de la universidad. “Es bueno saber que no me quedaré sin trabajo”. Atrás se oía el tintineo de las copas. Y el viejo televisor quedó encendido en el pasillo.



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