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La rabia es una enfermedad viral poco común en el país, pero potencialmente mortal. Se transmite a través del contacto con la saliva de los mamíferos que tienen el virus como perros, gatos, murciélagos, zorros y roedores, principalmente.

En la actualidad hay un brote de rabia por mordedura de murciélagos en Tarimiat y Zuarit Nuevo, dos poblados del cantón Taisha, en Morona Santiago.

Según Mario Wisum, dirigente de Salud de la Nacionalidad Achuar del Ecuador, en los últimos 20 días murieron cuatro niños por el virus, aunque el Ministerio de Salud solo registra a dos.

Y hay otros dos pequeños con síntomas, que aseguraron ser mordidos por murciélagos que viven en cuevas y que asedian a 48 comunidades de la zona, en la cordillera Transcutucú.

El murciélago es el principal portador de la enfermedad en el área rural y es más difícil controlarlo porque hay que capturarlo. Pero no es el de más alta incidencia, señala Carlos Flores, presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Infectología.

Según dice, el mayor riesgo de contagio está en la ciudad por la cantidad de perros, gatos y ratas enfermos. Los menores de 15 años son los más vulnerables.

Cada cierto tiempo, el Ministerio de Salud desarrolla brigadas de vacunación para inmunizar a perros y gatos. Por eso hay una continua reducción del número de casos, dice Flores.

El virus conocido como Rhabdoviridae está en el sistema nervioso del animal. La persona lo recibe por el contacto con la saliva por mordida, rasguño, herida o quemadura en la piel. No importa la forma de penetración, al igual que en los animales el virus se dirige siempre al sistema nervioso central.

El período de incubación es variable. Dura de cinco días a un año, pero por lo general es de 20 días. Este se relaciona con la naturaleza del virus, el lugar y cantidad del contagio y las defensas de la persona.

Por ejemplo, si la mordida es en la cabeza, cuello o extremidades superiores la expansión es más breve (cinco días), dice el infectólogo Pablo Hurtado.

Por esas partes del cuerpo humano, el virus llega más rápido al sistema central y troncos nerviosos hasta propagarse a lo largo de los nervios sensoriales.

Las células que lo acogen se destruyen y aparecen los síntomas más comunes: rabia furiosa, fiebre, dolor de cabeza, babeo, convulsiones, entre otros.

Desde entonces, el virus emigra a los tejidos y glándulas salivales donde es excretado con la saliva. En cambio, si el mordisco fue a través de la ropa de la víctima solo una cantidad de saliva contaminada llegará a la herida y se retardará la incubación.

Cuando los síntomas afloran es porque se infectó el cerebro. No hay cura y la muerte es inevitable, dice el médico Fernando Figueroa. Según él, cualquier tratamiento es efectivo en el proceso de incubación.

En el último caso, la única prescripción médica es la vacuna antirrábica que neutraliza y elimina con rapidez el virus. Figueroa recomienda a cualquier persona mordida por un animal desconocido y potencialmente rabioso, optar por la vacunación como medida de prevención.

La Organización Mundial de la Salud recomienda desarrollar brigadas de vacunación canina cada año. En Tarimiat y Zuarit Nuevo se emprendió una campaña de captura de los murciélagos. Se atraparon 1 600.

Según el infectólogo Carlos Flores, la vacuna más efectiva que recomienda la OMS es la elaborada en células diploides humanas porque tienen menos reacción a la persona.

A las personas mordidas se les coloca siete dosis seguidas en el ombligo y, posteriormente, tres pasando un día.

Hasta hace una década se usaban las vacunas elaboradas del cultivo del virus de animales y se recomendaba dosis por 14 días. Había reacciones como fiebre, alergia en la piel, náuseas.

Más consejos

Si es mordido lave su herida con agua y jabón. Y emplee solución yodada o alcohol. No tape la herida.


Si no ha recibido una vacuna contra el tétano en los últimos cinco años busque atención médica inmediata . La inmunización evita que el virus se disemine.

Advierta a los niños de los peligros de acercarse a animales desconocidos.


Si es mordido consulte un médico para que evalúe si necesita la vacuna.

Testimonio
Alexandra Coronel/ azuaya

'Tres veces me han mordido'


Cuando tenía 10 años (en la actualidad 22) en tres ocasiones sufrí de mordeduras de perros desconocidos, mientras caminaba con mi padre por la calle.

En una ocasión me metió los colmillos en el muslo y otra en el tobillo. Me lastimó y me produjo un fuerte dolor. Mi padre me llevó al médico y me pusieron las vacunas antirrábicas.

En ese tiempo se hablaba de que la gente moría por el contagio de la rabia del perro y que desarrollaba la misma sintomatología. Por precaución me hicieron vacunar como lo recomendaban los médicos.

De esa forma pude estar más tranquila. Hay personas que tienen perros grandes, que no los mantienen resguardados. Las personas cruzan y son fácil presa de sus ataques y no se sabe si es portador de enfermedades.

Tampoco mantienen un control de su salud de sus mascotas y menos de la vacunación antirrábica obligatoria que se debe realizar cada año. Es prioritario.

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