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Rosa Chacón tiene pudor para revelar su edad, los casi 50 años que ajustará pronto, pero no pone reparo para mostrar la cicatriz que le quedó tras la mastectomía radical de su mama izquierda. Vive con ella desde abril de 2007 y todavía no ha decidido si va a someterse a una cirugía reconstructiva.

El pequeño bulto apareció en el examen de rutina que cada año le hacen en su trabajo, una dependencia militar. Al examen físico le siguieron otros exámenes y finalmente la biopsia para determinar si era o no un tumor maligno. Tres meses después le hicieron la mastectomía radical de su mama izquierda.

Como el cáncer de mama no produce dolor ni molestias en la mayoría de los casos, su detección se hace de manera tardía, señala Glenn Mena, radio-oncólogo de la Clínica de Mama del Hospital Eugenio Espejo.

La Sociedad de Lucha Contra El Cáncer (Solca), que ha trabajado desde la década del 50, es la única entidad que tiene una estadística fiable del cáncer. Cada año en Quito se diagnostican 500 casos nuevos de cáncer de mama, de los cuales 300 son mujeres que residen en la ciudad y 200 vienen de otros lugares del país, según el Registro Nacional de Tumores de la entidad. En solo tres décadas el número de personas fallecidas por esta dolencia específica ha aumentado en un 400%, al pasar de 105 decesos registrados en 1980 a 470 en 2010.

Muchas veces el diagnóstico tardío también se debe a que profesionales de la salud que laboran en las unidades de atención primaria o médicos generales que ofrecen sus servicios de manera particular no dan la alerta oportuna.

Carmen Achig, de 48 años y paciente de la Clínica de Mama del Hospital, fue al subcentro de salud de El Tingo por un dolor en sus senos, pero la ginecóloga atribuyó la molestia a la ovulación normal. Igual vivencia tuvo Luz Haro, de 61 años, en su natal Santo Domingo. Una doctora particular le dijo que los cuatro bultos que tenía en su mama derecha eran bolas de grasa.

Como el sistema de salud en el país es tan fragmentado, el diagnóstico y tratamiento de cáncer de mama es disperso. Aunque la mayoría de pacientes ha pasado por Solca. Las personas afiliadas a la Seguridad Social tienen la posibilidad de tener un diagnóstico certero en el Hospital de Especialidades Carlos Andrade Marín, que cuenta incluso con un escáner nuclear para llegar un mejor diagnóstico. El problema en este caso es el acceso para las personas de provincia y el tiempo que pierden para lograr una transferencia.

Si en diagnóstico no se ha avanzado mucho, en prevención tampoco hay grandes avances. Iniciativas como ‘Tócate’ han nacido de fundaciones que luchan contra el cáncer y que generalmente trabajan en las unidades de Solca.

La concienciación que actualmente hace el Estado se limita a difundir mensajes a través de redes sociales que indican cuándo una mujer se debe hacer una mamografía, que es sobre los 40 años, aunque si hubiese antecedentes familiares de cáncer hay que empezar los controles al menos desde los 35 años.

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