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Ambiente

En el rostro guarda la tradición de su etnia. Líneas delgadas de color negro atraviesan las mejillas, barbilla y frente de Blanca Tapuy.

Ella es una líder quichua y dice que si es necesario coger una lanza y defender su territorio, lo hará.

Vive en Sani, una comunidad quichua a orillas del río Napo, que se extiende desde Sucumbíos hasta Orellana. Ocupa unas 37 000 hectáreas del Parque Nacional Yasuní y está rodeada por al menos tres campos que extraen crudo.

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En la cultura quichua, los dibujos en la cara describen a quien los lleva. A base de huito, un tinte natural, Blanca pintó montañas en su rostro. Mientras camina por un sendero que une al centro de Sani con la finca Orlando Hualinga, también líder de la comunidad, cuenta que unos 50 habitantes (son 400) están de acuerdo con que ingrese la petrolera para realizar exploraciones.

Mientras toma chicha, recuerda que en 1999 fue él quien negoció con una compañía que intentaba realizar exploraciones sísmicas para ver cuánto petróleo había en el lugar. "Nosotros lo permitimos con una condición: que nos financien un hotel para practicar el turismo". El trato era que si en los estudios no encontraban crudo "del bueno" debían pagarles el lodge.

"En el 2000 no encontraron lo que buscaban y la comunidad se ganó el lugar de hospedaje. Desde ahí decidimos que no dejaríamos entrar a ninguna otra empresa".

Desde entonces, han pasado 13 años y ahora ese hotel se llama Sani Lodge, menajado por la comunidad. Es un medio alternativo para la subsistencia de la gente.

La travesía para llegar al lugar comienza en el río Napo. 10 minutos en bote y aparece el pequeño muelle en el que atracan las embarcaciones. Es una estructura de madera. 10 minutos más de caminata y aparece otro muelle en donde aguarda una canoa.

La embarcación avanza por un estrecho canal. Un guía se sienta adelante y la conduce con un remo. Tenues rayos de sol logran pasar por las copas de los robustos árboles. Mientras se avanza suenan trinos y zumbidos.

Un huatsín (ave) se posa en una rama mientras una tortuga charapa reposa en un pedazo de tronco que flota en el agua. Solo en este lugar se han identificado 2 274 especies de árboles y arbustos.

Además, hay 80 especies de murciélagos, 105 de anfibios y 83 de reptiles. Se calcula que en 1 hectárea se pueden encontrar hasta 100 000 diferentes tipos de insectos. 20 minutos en la canoa y el canal se termina y se transforma en una amplia laguna. Su nombre es Challwacocha. Es el acceso definitivo al complejo turístico.

Entre árboles, plantas y hojas secas en el suelo están las 14 cabañas de madera. Wilson Hualinga es el administrador del 'lodge' y mientras se agarra un moño en su negra y lacia cabellera, dice que en temporada alta llegan hasta 250 personas al mes, y en baja, 40.

Los ingresos del hotel sirven para pagar, por ejemplo, a los siete profesores de la escuela, se compran materiales didácticos y libros para los 132 alumnos. También se adquiere medicinas para el centro de salud. Los comuneros de la tercera edad reciben un bono de USD 100 al mes y cuando hay alguna emergencia médica. Todos esos fondos se obtienen de los ingresos que se generan en el lugar.

Además del hospedaje, Sani Lodge ofrece excursiones de avistamiento de aves o de caimanes.

El turismo no solo se practica ahí. En el poblado de Sani hay una casa de madera con techo de paja. 36 mujeres manejan su negocio: el Sani Warmi. Allí se agrupan jóvenes y adultas para fabricar y vender artesanías. Blanca Tapuy también coordina la asociación y mientras muestra carteras, vasijas, pulseras y collares, dice que son elaborados a base de semillas y cortezas de árboles nativos.

Junto a la exposición de artesanías, un horno de leña al aire libre calienta maito, chontacuro, yuca y maduro. Un turista de pelo rubio degusta esos platos. La entrada a ese espacio cuesta USD 5 e incluye un paseo por la piscina de crianza de tortugas charapas.

Cada ocho días las mujeres se reú­nen para repartir las ganancias.

Blanca sabe que el turismo los ayuda a sostenerse y que es la mejor alternativa para hacer frente al petróleo. Otro ingreso económico que tiene Sani es la conservación. La comunidad forma parte del programa Socio Bosque. Cuida 9 683 hectáreas de bosque tropical y recibe USD 31 000 semestralmente.

"Tenemos hotel, artesanías, educación, salud. A veces nos falta para cositas como el uniforme de mis hijos, pero si aceptásemos que entre la petrolera, perderíamos todo lo que hemos ganado", dice Mario Grefa. Él es dirigente de los padres de familia de la escuela de Sani.

El joven, que lleva una boina roja, dice que para "ganar ese dinero extra" cultiva café y lo vende a comunidades aledañas o en la feria de Pompeya, cada sábado.

Aunque viven alejados de Coca, la capital de Orellana (a cuatro horas en lancha, su aislamiento no les ha impedido "pararse firmes" ante los petroleros.

En febrero, un grupo de líderes de Sani viajó hasta Quito para solicitar que se impida el ingreso de una compañía que intentaba realizar prospección sísmica.

Sin embargo, en octubre del 2012, el presidente de la comunidad -Leonardo Tapuy- firmó un convenio y aceptó el ingreso de la compañía. La gente dice que no se consultó a la comunidad, pero Tapuy advierte que la decisión que se tome sobre esto "será voluntad de los habitantes".

Orlando Hualinga cree que si permiten la entrada de una compañía "se perderá todo el turismo" que han logrado en casi 15 años.

De hecho, al 'lodge' se lo considera como un importante paso de la comunidad para la preservación de la tierra, las plantas, los animales y para mejorar el sistema educativo que hay en este sector.

Ahora, en el pueblo hay división. "Es una lástima que estemos así. Eso porque las petroleras vienen constantemente y no solo ofrecen trabajo con buena paga sino educación y salud", dice Hualinga. Y "por experiencia" saben que no recibirán este tipo de ayuda.


En medio de crudo

  • Sani está rodeada por tres campos petroleros: Pañacocha, Edén Yuturi y Limoncocha. Por la comunidad, atraviesa un oleoducto.
  • Entre el 2000 y 2002, la petrolera Occidental llevó a cabo la prospección sísmica en este territorio.
  • Empleados de Petroamazonas visitan Sani cada semana para conversar con los comuneros. Impulsan un proyecto productivo de cría de pollos.
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