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Sus movimientos son ágiles. Estira los brazos para agarrar las botellas de plástico que están mezcladas y amontonadas con cartón, papel y latas.

Los envases de esos materiales se mueven sobre una banda rotativa y Fanny Arias procura que ninguna botella se le pase por alto. Coge una de un litro y la deposita de inmediato en un contenedor metálico que está a su lado.

Junto a ella, nueve personas más realizan la misma acción. Todos visten un mameluco azul oscuro y una gorra del mismo color. Cada uno selecciona un material distinto y lo coloca en los cuatro tachos, ubicados alrededor de la máquina.

La mujer, de nariz aguileña y cejas delgadas, dice que hace un mes comenzaron con esta labor en la planta de reciclaje del cantón Salcedo. Dentro de un amplio galpón gris y limpio, trabajan clasificando, empaquetando y vendiendo los desechos.

La máquina que los ayuda a separarlos fue donada por el Ministerio del Ambiente (MAE) y es parte del sistema de manejo de desechos en este cantón de Cotopaxi. En Salcedo son 58000 habitantes que diariamente producen 32 toneladas de basura.

El proceso para cambiar el tratamiento de los residuos comenzó hace tres años y medio.

La primera decisión del Municipio fue cerrar el botadero de basura que se encontraba junto al río Cutuchi, porque los desechos llegaban hasta su cuenca.

Luego construyeron el relleno sanitario, la planta de reciclaje, el depósito para los desechos hospitalarios y un terreno para los residuos orgánicos y elaboración de compost. Para esto se invirtió cerca de USD 1 000 000.

La planta se encuentra a 4,5 km de la ciudad, a cinco minutos en carro. Antes de llegar, desde una colina se observa cómo la pala de un camión cubre la basura en el relleno sanitario. Ahí se depositan los desechos inorgánicos. Mientras camina sobre una superficie terrosa, Diana Cañar, directora de Gestión Ambiental del Municipio, cuenta que hasta fines de febrero el relleno recibirá también residuos que se pueden reciclar, porque las capacitaciones para que la ciudadanía separe en casa iniciaron recién hace dos semanas.

El cartón, papel y plástico que llega actualmente a la planta de reciclaje es de dos barrios, Eloy Alfaro y La Florida, que participan en el programa piloto.

Desde marzo, señala Cañar, los ciudadanos estarán obligados a separar su basura, sacarla en los días indicados, de lo contrario serán sancionados. Para establecer estas reglas, hay una ordenanza que detalla las obligaciones de los habitantes.

La gente se prepara

El 1 de febrero comenzó la capacitación puerta a puerta.

Un grupo de 43 universitarios –de la ESPE y Universidad Técnica de Ambato- son los voluntarios. La mañana del miércoles 1, Sandy Heredia, de 18 años, y Diana Jami, de 19, recorrieron dos manzanas de la ciudad.

Tras ingresar a una carnicería y presentarse, Sandy comentó: “Venimos a explicarle el nuevo sistema de recolección de desechos. Son nuevos horarios, el domingo y jueves el camión recogerá los orgánicos, que son los residuos de su cocina. Los martes y viernes se recogerán los inorgánicos. Pasará entre cinco de la tarde y 11 de la noche”.

Luego le entregó un imán, que fijó en el refrigerador, donde se detallan los nuevos horarios.

Para garantizar el cumplimiento, Cañar dice que desde abril se aplicarán las sanciones. La Policía ambiental y el comisario harán el monitoreo. La ordenanza clasifica las contravenciones en tres niveles dependiendo de la gravedad.

Hasta marzo los ciudadanos conocerán la separación y horarios de recolección de los tres camiones que hay para el cantón.

Junto con la ordenanza, el Municipio también elaboró un plan de manejo que contempló la inclusión social de los minadores del ex botadero. Por eso, las 10 personas que trabajan en la planta de reciclaje son las que durante casi 15 años trabajaron recolectando y vendiendo la basura. Fanny y sus nueve compañeros forman la Asociación de Recicladores Príncipe San Miguel; separan, almacenan y venden los desechos a un intermediario.

Fanny, con una mascarilla que cubre su nariz y boca, y unos guantes naranjas que protegen sus manos, sostiene que las condiciones de trabajo mejoraron mucho, pues ya no deben caminar sobre montañas de basura de malos olores y hurgando con un palo entre las fundas.

Rodrigo Mata, alcalde de Salcedo, afirma que también está el programa de los residuos hospitalarios. Desde hace casi un año arrancó la campaña.

Los martes y viernes, un furgón técnicamente diseñado para esta recolección, recorre desde las 10:00 el hospital, clínicas, diferentes centros de salud, centros veterinarios, odontológicos y de medicina alternativa. En la nueva planta de tratamiento de desechos, hay un terreno para depositar esta clase de residuos.

Hasta fines de este mes, los desechos orgánicos se destinan a un vivero temporal para elaborar abono. Desde marzo se depositarán en el nuevo terreno en el que hay una máquina trituradora y un ambiente adecuado –cubierto por un techo de plástico- donde se elaborará compost y humus, que se usará para los parques y jardines de la ciudad.

El Alcalde reconoce que no ha sido un proceso sencillo y que falta que todos los ciudadanos se involucren. También espera que el MAE done la máquina compactadora, para elaborar paquetes con los materiales reciclados.

Fabián Espinoza, gerente del Programa de Manejo de Desechos Sólidos del MAE, confiesa que este es uno de los cantones con mejor gestión de sus desechos sólidos ya que ha logrado involucrar a los habitantes.

Fanny está contenta. Sabe que cuando los ciudadanos se acostumbren a la separación de desechos, su trabajo le dará más ingresos y, además, Salcedo tendrá menos contaminación.

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