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Ana Lema se encarga del cuidado de seis niños que nacieron con discapacidad intelectual y que tienen menos de 1 año. Lema trabaja en el Centro de Desarrollo Infantil para Niños con Discapacidad La Joya, en Otavalo, desde agosto último. Este sitio, que acoge a menores de 0 a 12 años, inició su atención desde julio pasado. La fundación del Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (Sepla Ayuda) decidió impulsar el proyecto 18 meses antes.

Otavalo, la segunda ciudad más poblada de Imbabura (104 874 habitantes), no contaba con un centro especializado para personas con discapacidad intelectual.

Lema llegó para pedir atención para su hija Marjorie, de 3 años. La menor nació con dos patologías: hidrocefalia y mielomeningocele, que ocasionaron el agrandamiento en su cabeza y la inmovilidad en su cuerpo.

Marjorie recibe terapia física, de lenguaje y de estimulación. Y realiza actividades de refuerzo.

El centro funciona en la edificación de la antigua fábrica textil La Joya. En el 2010, el Municipio cedió ese sitio en comodato por 20 años a la fundación Sepla Ayuda.

En la primera fase del proyecto se hizo la regeneración de la infraestructura, se ubicaron ocho aulas, una cocina, un patio, baños y un área para oficinas.

Hasta fines de año prevén invertir USD 523 261, de los cuales la fundación Sepla Ayuda, la asociación de Padres de niños minusválidos Iberia (Apmib) y Generalitad Valenciana financian el 90% y el resto es un aporte del Infa y el Municipio local.

La Apmib, un referente en España en trabajo con discapacidad, pidió a expertos en el tema definir el trabajo que se realiza.

Este sitio, primero de su género en el país, acoge a 50 niños con diferentes discapacidades y tiene cuatro profesoras, cinco promotoras, dos psicólogos, dos terapistas físicas y una de lenguaje.

Para Judith Pérez, directora, si bien cada niño tiene una problemática diferente, la política es trabajar en tareas comunes. Y así esperan tener resultados positivos.

“Un niño que pasa de vivir de una casa sin ningún aprendizaje especial y asiste a clases diarias, en un entorno pensado para personas con sus características, desarrolla sus capacidades y habilidades”, añadió Pérez.

La atención es gratuita y el cuidado diario apunta a dar un tratamiento específico para cada niño. Hasta 10 niños están en cada aula y son agrupados según la edad. Esto permite un trabajo en motricidades finas y gruesa, áreas cognitiva, lenguaje y pronunciación.

Para Eudoxia Villar, cooperante española, encargada de la sala de fisioterapia, lo más importante en esta área es dar la valoración correcta a cada niño porque ello define su tratamiento.

Dillan, de 2 años, fue sometido a su primera evaluación por parte de Villar. Sobre una colchoneta azul, en el piso, la profesional trataba de descubrir cuáles eran las zonas más afectadas. El menor nació con síndrome de Down.

En tanto, Miryan Gobeo, terapista de lenguaje, tiene la misión de aumentar las capacidades comunicativas. La mayoría tiene deficiencia en las cuatro áreas de lenguaje: semántico, morfológico, sintáctico y fonológico. Los niños con discapacidad más severa tienen tableros para comunicar sus necesidades. Marjorie se mantiene en mejores condiciones desde que llegó a La Joya. Cuando nació, los médicos le dijeron que viviría ocho días.

El apoyo

En La Joya,   la jornada se inicia a las 08:00   y dura hasta las 15:30.

En los tres meses  de funcionamiento   atiende a toda su capacidad. Pero   requiere de apoyo del Infa para contratar una maestra y cinco promotoras.

El proyecto se canalizó  por medio de la fundación Guaguacuna, con sede en Alicante, España, que desarrolla diversos proyectos de infancia en  Otavalo.

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