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Entre el sueño y la vigilia, Emiliano de la Cruz espera sentado en el área de Consulta Externa del Hospital Baca Ortiz. Desparramado en el asiento, revela que está preocupado porque a su hija, de 14 años, le están haciendo una endoscopia y teme por los resultados. De un momento a otro, Emiliano se yergue por unos ruidos que llaman su atención. Son pitos y maracas tocados por jóvenes vestidos de colores sin combinar. Cada uno tiene su estilo: una peluca grande, unos lentes redondos enormes... todos tienen algo en común: la nariz roja.

En medio de tanto color, resalta una cabeza más alta que lleva un gorro en forma de peluche de gallina. De bigote blanco y pelo -mitad blanco mitad azul- que le llega hasta la cintura, sonríe a quienes lo miran. Es Patch Adams, el doctor estadounidense que inventó la risoterapia con fines médicos y que se popularizó tras la película que lleva su nombre, protagonizada por Robin Williams.

Ayer, a las 08:53, llegó hasta este hospital de niños junto con 10 ‘clowns’ (payasos) de la agrupación Clowns Célula Roja.

Una nariz plástica roja, unos zapatos varias tallas más grandes, una pantaloneta al estilo hippie y una camisa colorida. Su atuendo atrae numerosas miradas. El ‘Doctor de la risa’, como también es conocido, se acerca a un pequeño de gorro azul que espera el turno para ser atendido junto a su madre. Se aproxima aún más y el niño ríe tímidamente. Patch aplasta la nariz del pequeño y luego la suya –grande, roja y plástica– haciéndola sonar. Un sonido circense despierta la risa del niño cuyo rostro revela cicatrices de quemaduras. Patch observa a su madre, se sienta al lado y la imita: cruza la pierna y alza la mirada meditabunda. Los tres ríen. Patch abraza al pequeño y sigue su recorrido.

Junto a ellos está Emiliano, cuyo semblante es ahora diferente. Sonríe y no despega su mirada de este médico de 68 años. Patch se le acerca y saca de su pantaloneta un pescado de hule que aplasta y emite otro sonido. Ambos sonríen. El doctor se va y este quiteño confiesa que le hizo bien el momento, que estaba bastante estresado, que a veces se olvida de la importancia de reír, que ese doctor lo ayudó a recordarlo.

Mientras Patch se acerca a una señora de unos 60 años, que luce muy seria, otro grupo de cinco ‘clowns’ baila y canta frente a las sillas de espera de esta sala. Detrás de ellos, a través de un vidrio, tres empleados con bata blanca interrumpen sus actividades para ver el show. Uno toca un charango, otro canta y el resto baila con gestos exagerados. Brincan, improvisan movimientos con las piernas y brazos. Las sonrisas son permanentes, la de Patch también.


Patch Adams visitó el Hospital Baca Ortiz


El médico se acerca a varias mujeres, hombres y niños que encuentra en su camino. Los abraza, los imita, los carga. Cualquier acción que realiza tiene una misión, y la cumple: hacerlos reír.

Poco a poco las personas se aglomeran alrededor de él. Algunos que esperan aún su turno, como Emiliano, se quedan en esa área del hospital. Otros avanzan junto al doctor. Lo interrumpen. Una señora le pide una fotografía y él, en inglés, le responde que está trabajando, que es un doctor que trabaja duro, que después.

Más adelante carga a un niño y le dice “lindo”. Patch casi no habla español. “Gracias”, “hola” y “te quiero mucho” son las palabras que se escuchan mientras grandes y chicos se le acercan.

Entre el alboroto, Magdalena Soto –coordinadora de Clowns Célula Roja– cuenta que el efecto de los ‘clowns’ en los pacientes niños es impresionante. “Hubo un caso en el que un niño para recuperarse debía volver a mover sus brazos. Con las enfermeras él se negaba, pero con un juego que inventamos en el que él era el percusionista de nuestra banda, hacía el esfuerzo por moverlos. Es una técnica que realmente funciona”.

Rodeado de madres que querían que él abrazara a sus hijos, Patch recorrió todo el primer piso de este centro de salud. “Yo no hago que ellos sean felices, ellos lo son solos, pero no lo saben… tienen que aprender a reconocer esa capacidad”, se sinceró momentos antes de que terminara su recorrido.

LA CIFRA

4 clowns visitan de lunes a viernes a los niños internados en el HBO.

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