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Una larga fila se extiende en forma de culebra en el ingreso del Hospital Eugenio Espejo. Frente a la farmacia unas 60 personas esperan por la entrega de sus medicamentos.

Son las 10:40 y Janneth Pincay aguarda con una receta amarilla en su mano. Ella viajó desde Calderón, norte de Quito, para atenderse en Medicina Interna. “Llevo esperando una hora”, expresa. Tres pasos más adelante Rosa Vera, de 47 años, quiere que le informen si hay anapril de 20 mg para seguir esperando. “Voy aquí una hora y a veces no hay las pastillas”, señala.

Alma Jarrín, otra paciente añade: “debería haber una ventanilla de información”.

Más adelante en la fila hay una gresca. Blanca Maldonado, de 59 años, padece artritis y exige que haya una fila diferenciada para el adulto mayor. Mientras que a un costado de la entrada de la farmacia doña María Ureña opina lo contrario.

La mujer de pelo cano viajó desde Santo Domingo y asegura que la fila “sí se mueve”. Cuenta que antes retiraba sus medicinas para la diabetes en el Hospital Augusto Domínguez de su ciudad. Pero por su enfermedad no le pudieron operar allá. Y fue transferida a Quito. Estuvo una semana hospitalizada y ahora requiere de warfarina de 850 mg. Lleva esperando una hora. Según el Departamento de Comunicación Social de esta casa de salud esto se debe al número de pacientes que se atienden en el hospital. “El promedio de hospitalización es de 450 pacientes a diario y 1200 en consulta externa; para todos ellos se debe despachar una receta”.

A esto se añade las recetas que se despachan para emergencia y quirófano. Por ejemplo, Lucía Aguas se atendió en neurología. La mujer de 29 años se queja con el guardia. “¿Por qué solo hay una ventanilla, deben ampliar las atención?”. La versión oficial del Hospital es que hay fila porque sí hay medicamentos. “Estamos mejorando la atención, esperar una hora por una receta que le costaría USD 60 afuera vale la pena”.

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