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Haciendo mímicas con sus manos, el médico español Juan Pedro Barret explicó el procedimiento del primer trasplante muscular realizado en Ecuador. El galeno se convirtió en una eminencia al liderar al grupo de especialistas que ejecutó el primer trasplante de rostro del mundo en el 2010.

El especialista llegó a Guayaquil como invitado al primer Curso internacional en Actualización de Cirugía Estética, Reconstructiva y Antienvejecimiento, organizado por la Sociedad Ecuatoriana de Cirugía Estética. En su parada, que duró una semana, hizo un trasplante muscular junto al cirujano Pablo Cáceres, otro de los expositores de la cita.

El quirófano del Hospital Naval, ubicado en el sur, fue el escenario donde ambos especialistas trabajaron. Barret se encargó de sacar el músculo de la pierna del paciente y trasplantarlo en el brazo. Hubo que “ajustar bien esos vasos pequeñitos”. Luego Cáceres, especialista en microcirugía, empalmó los nervios. “Los dos juntos conseguimos que el paciente pueda volver a flexionar el codo y está bien”, dijo Barret.

Luego de conversar sobre la operación que realizó el miércoles pasado en Guayaquil, habló de su paciente estrella. Óscar, el hombre al que le realizó el primer trasplante de rostro en el mundo, el 20 de marzo del 2010, en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona (España). “Hace unas semanas me dijo que luego de la cirugía lo está haciendo todo en la vida”, dijo Barret. No tiene ningún tipo de restricción. Puede ir a un bar, salir con sus amigos, sentarse a la mesa con su familia, incluso practica alpinismo, caza, pesca, entre otras actividades.

“En diciembre del año pasado dijo, que si por cualquier motivo moría no le importaría porque los meses que vivió luego de la cirugía habían valido la pena”, contó Barret, jefe cirujano del equipo.

La intervención de Óscar fue mucho más compleja que la del miércoles pasado. La operación de rostro duró 22 horas y contó con 30 médicos de distintas especialidades. En el trasplante incluyó toda la piel y músculos de la cara. Hubo que intervenir nariz, maxilar superior, labios, dientes, paladar, huesos de los pómulos y la mandíbula. También hicieron cirugía plástica y microcirugía para reparar los vasos sanguíneos. “Se realizaron varias operaciones en una”, concluyó Barret.

Por su complejidad, incluso se puso en riesgo la vida del paciente, el médico no la recomienda para uso estético. En el caso de Óscar tenía dificultades para respirar y alimentarse. Barret explicó que alguna de las contraindicaciones son: la muerte durante la cirugía o luego padecer cáncer, presión alta, diabetes, insuficiencia renal. “Óscar llegó en un momento en el que ya teníamos años trabajando en la investigación. Yo comencé a investigar sobre el trasplante de cara cuando estaba en Londres”, explicó Barret.

El tema estético sale a flote en mesas redondas. Pero para Barret aún falta investigar más. Entre sus planes está conseguir modular el rechazo en los trasplantes y aprender cómo manipular las células madre para lograr que hagan crecer los tejidos. “Quisiera poder colocarlas para que fabriquen el cartílago, cabellos o ese hueso que le falta al paciente”.

También espera conseguir que vuelva a funcionar la médula espinal, que imposibilita a las personas a caminar, logrando que se regenere el sistema nervioso.

Sobre este tipo de cirugías en el Ecuador se mostró muy optimista. “Tan solo se necesita el entusiasmo de cirujanos jóvenes que quieran aprender a hacer los trasplantes. La tecnología no es muy alta, es más la capacidad técnica de cada persona”. Descartó los saltos cualitativos que ha hecho la cirugía plástica mundial.

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