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El mayor debate acerca de la conservación del planeta se concentra hoy en Ecuador. En la última década no se ha planteado en ningún país desarrollado una propuesta como la de dejar el crudo bajo tierra con la colaboración de la comunidad internacional.

Durante seis años, con la Iniciativa Yasuní-ITT se ha tratado de bregar interna y externamente por apoyo económico con un enemigo a cuestas: la explotación del crudo contemplada por el mismo Gobierno del presidente Rafael Correa.

Esto en la práctica dio como resultado que la recaudación de aportes no supere las expectativas. Apenas USD 10 millones se registran en el fondo administrado por el Programa de las Naciones Unidas (PNUD), el resto son compromisos. Solo para este año estaba previsto alcanzar USD 244 millones.

Pero más allá de los números, hasta hoy el Gobierno ha responsabilizado a los países desarrollados de no apoyar la Iniciativa, sin embargo internamente se enfrenta a una camisa de fuerza: la legislación nacional.

Las metas del Plan Nacional del Buen Vivir, a cargo de la Senplades y cuyo último secretario, Fander Falconí, ha sido un defensor a rajatabla de la conservación del Yasuní, determina que se requiere una transición del proceso de extracción petrolera hacia una economía basada en la difusión del conocimiento, particularmente, el bioconocimiento.

La Carta Magna, aprobaba en este mismo Régimen y catalogada como la más verde del Planeta, también sigue esta misma línea y con la premisa de que las áreas protegidas no pueden ser intervenidas. Además, de garantizar la protección de los indígenas no contactados (Tagaeri y Taromenane).

En consecuencia, la sola posibilidad de ir al plan B de explotación iría en contra del tan publicitado a lo largo y ancho del país ‘Sumak Kawsay’.
Con esto, además, provocaría un revés en la esfera internacional. Ningún plan ecuatoriano ha tenido tanta acogida en su historia.

El apoyo ha sido a nivel de gobiernos, personalidades como de los ciudadanos de pie, que colaboraron desde USD 2 hasta USD 5000, tanto a través del mecanismo de deducción de impuestos en los EE.UU., como a través del mecanismo de pago con tarjetas de crédito en todo el mundo. Individuos procedentes de más de 30 países, como India, Barbados, Rumania y Malasia, entre otros, contribuyeron al Yasuní.

El acuerdo de canje de deuda con Italia supuso el año anterior un hito sin precedentes en los esfuerzos de movilización de recursos. Este país comprometió USD 44 millones.

El parlamento alemán, conformado por 700 personas de cinco partidos diversos, por unanimidad respaldó el proyecto y, antes de hacerlo con un aporte de USD 56 millones, recibió 120 000 cartas de ciudadanos pidiendo el apoyo. Se suma el respaldo de la Unión Europea, Organización de Estados Americanos (OEA), la Comunidad Andina de Naciones (CAN), premios noveles y mandatarios han enviado cartas de apoyo.

Este apoyo masivo tanto en el Ecuador (85% de respaldo, según encuestas nacionales) como el mundo entero tiene un solo objetivo bajar los niveles de efecto invernadero, cometido al que no se ha llegado en ninguna de las cumbres de medioambiente, en donde se sientan a negociar los representantes de las naciones desarrolladas.

Y preservar la reserva mundial de la biosfera con mayor megadiversidad de la Tierra, con records mundiales en variedad de anfibios, reptiles, murciélagos y árboles.

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