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La incertidumbre y el desconocimiento rondaban ayer por los pasillos del hospital de Guayaquil Abel Gilbert Pontón, en el Suburbio de la ciudad.

De este centro, el de mayor demanda de la ciudad, son los médicos separados la semana pasada a través de la compra de renuncias con indemnización. Hasta ayer, los galenos que permanecían evidenciaban su desconocimiento sobre cuándo arribarán los reemplazos para el personal que fue destituido.

Las diferentes salas de espera de la planta baja, frente a cada especialización, lucían repletas ayer, con excepción de una, la de Psicología.

“La demanda de pacientes depende de las especialidades, aquí en esta área no hay mucha”, aseguró una de las tratantes, quien prefirió que se omita su nombre. Allí, a las 09:30 aguardaban únicamente dos pacientes.

“¿Cómo se sentiría usted si supiera que lo van a botar. No sabemos qué nos va a pasar, lo que hacemos ahora es cumplir con nuestro trabajo”, dijo recelosa.

Los médicos residentes corrían ayer presurosos entre un área y otra. En medio del trajín de pacientes que esperaban por un turno se encontraba Guillermina López, de 75 años. La septuagenaria llegó en silla de ruedas, ayudada por esposo, tres años mayor que ella.

En el área de Rehabilitación, donde la paciente esperaba para recibir su sesión semanal de terapia, la atención parecía no haber variado, pese a los despidos de más de 100 galenos.

“Aquí no hemos tenido dificultades, no hemos tenido problemas con los cambio de médicos que dicen en la televisión”, decía Guillermina, mientras aguardaba en el corredor para ingresar a su terapia.

Otros 24 pacientes esperaban su turno en el largo corredor, esperando su turno para su sesión de rehabilitación física. “En esta área no se registraron renuncias, estamos el mismo personal atendiendo como de costumbre a los pacientes”, manifestó Adriana Costa, auxiliar.

Guillermina tenía su sesión de rehabilitación a las 10:00. Antes, reservó una cita para su próxima sesión, para diciembre. Ella sufre de endurecimiento de los tendones, lo que la obliga a permanecer en la silla de ruedas la mayor parte del tiempo. “Si no reservo cita, me quedo sin mis horas de terapia y si no las hago, se me entumecen las piernas”, manifestó.

Otros pacientes también en silla de ruedas se retiraron poco después, a las 10:30, molestos porque les cancelaron la sesión de terapia indefinidamente.

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